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MENÚ ESPECIAL BAJO EL MAR

Por Alicia Álvarez (5 de septiembre, 2015)

Pues no. No se les veía muy animados, la verdad, aunque nunca se sabe, puede que me equivoque y solo fuera un instante fugaz. Puede que la cámara solo recogiera por puro azar ese momento de la cena en que uno se evade y se olvida totalmente de que hay alguien enfrente compartiendo menú y mantel. Puede que el resto de la velada de esa pareja de mueca abstraída fuera la repanocha, ¡el no va más!

Sí, puede que se pasaran la cena departiendo y partiéndose de risa y complicidad. Que se besarán a cada momento, entre bocado y bocado, entre sorbo y sorbo de vino. Que brindaran cada poco y acabaran pillándose una buena torrija; un moco descomunal resuelto al final de la velada con los ojos vidriosos y un “te quiero” pastoso: ” cari ¿vamoshhh pa casha ya?”

Puede que durante toda la cena sus pies -juguetones- se enredaran bajo la mesa, y las manos -traviesas- se entrelazaran sobre el mantel. Y puede que llegaran a casa e hicieran el amor como locos durante horas, pero oyes, justo en ese momento, justo cuando la cámara hizo clic, nada de eso estaba pasando, la verdad.

Y lo que más me llama la atención es que quien eligió la foto -porque alguien tuvo que ser- decidiera que esa imagen, esa imagen de esa pareja un poco seria y abstraída, ilustraba a la perfección una de esas cenas especiales “bajo el mar” que desde hace días ofrece en carteles promocionales de mupis y marquesinas el Acuario de Gijón.

“En pareja, en familia, con amigos. Sorprende con una cena en un entorno único y muy especial, rodeado de tiburones y animales marinos” dice la oferta del equipamiento municipal que amplía así sus servicios. A la divulgación y conservación marina se une ahora esta nueva actividad (también celebrar cumpleaños, mercadillos, congresos y hasta comuniones) en la que uno puede cenar dentro de sus instalaciones.

Lo más alucinante es que la pareja que ilustra el cartel de la oferta en cuestión, rodeada efectivamente de tiburones y otros animalillos marinos, se está zampando lo que parece una enorme parrillada de marisco. Andaricas, patinas de centollo y langostinos que digo yo, no pertenecerán al acuario gijonés, sino que vendrán del verdadero fondo del mar. Ese que no está acotado por ningún cristal y solo se deja ver hasta cierta profundidad.

En todo caso, que quieren que les diga, a mí, que ni soy animalista, ni vegetariana ni tengo más simpatía por la flora y la fauna marina que la de una persona con bastante empatía que vive cerca del mar, me pareció una absoluta barbaridad. Vamos, que la propuesta me pareció algo así como si me propusieran comer ternera viendo detrás a las xatinas. Yo, desde luego, no podría, la verdad.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | septiembre 2015 |

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