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SOLO ESO

Por Alicia Álvarez (12 de julio, 2015)

Alargaba el pescuezo, así en plan pato, porque no me quería perder nada. ¡Que le den morcilla a las pantallas grandes! La tengo ahí delante, así que quiero verla a ella, no a su imagen aumentada. Entonces me ponía de puntillas y estiraba hacia arriba el cuello en plan inspector Gadget. Lo recuerdo perfectamente. Estaba en una de las gradas laterales. “Por si nos cansamos”, dijo mi madre.

Claro, yo sólo tenía 10 años. Pero no lo hicimos. No nos cansamos. Bailamos y cantamos- por supuesto, en inglés inventado- las casi dos horas de concierto. Y el concierto era ella. Y sus coristas. ¡Y sus músicos, por supuesto! Pero esencialmente, el espectáculo era esa imponente mujer de 52 años agitando su melena.

La de los videos. La que salía en la tele. La de Mad Max. La que, precisamente, imitaba mi madre de coña bailando en el salón de casa. Y yo aun lo recuerdo. Nítido. Claro. Sus piernas, que a mí se me antojaron eternas, y El Molinón rugiendo ante esa sencilla imagen. La de sólo ella, en plan vedet, bajando por unas largas, larguísimas escaleras que se descolgaron sobre el escenario nada más abrir el concierto.

Y eso, sólo eso, era ya un espectáculo. Que Tina Turner no se cayera. Que desafiara a la física con esos taconazos y mandara los nervios al cuerno y bajara así de campante, sin aparente esfuerzo y ante un público boquiabierto. ¡Qué cosas! Sólo eso. La simple imagen de una mujer bajando una escalera convertida en foto fija de nuestra memoria colectiva. Porque ese concierto, que reunió a casi 42.000 espectadores el 8 de julio de 1990 y del que esta semana se cumplieron 25 años, supuso un antes y un después en la programación veraniega.

No era el primer intento. Ya antes las actuaciones de Joe Coker y BB King habían servido al consistorio de primer acercamiento a la idea de macroconcierto como reclamo turístico estival, pero nunca hasta esa fecha la apuesta se había hecho con un nombre que moviera tal cantidad de seguidores. Según las noticias publicadas esos días en la prensa local, el evento había logrado atraer a la ciudad a unas 20.000 personas de fuera de Asturias. Las cifras, pues, compensaban el esfuerzo.

Y menos mal, porque el concierto había costado casi 70 millones de las antiguas pesetas. Durante semanas, así lo recordaba esta semana en la SER el que fue concejal de festejos en aquella época, Daniel Gutiérrez Granda, en el Ayuntamiento cruzaron los dedos, pero Tina Turner salió rentable; no sólo cubrieron, sino que además ganaron dinero. Ahí es nada.

Sí, 70 millones, 42.000 personas y sólo eso. Ella bajando por unas larguísimas escaleras. ¿se lo imaginan ahora? A Miley Cyrus a Beyoncé o cualquiera de las estrellas que copan las listas de éxitos sólo cantando, sin apenas más artificios, sin casi más puesta en escena que su voz, su energía y sus larguísimas piernas? ¿se lo imaginan?

Imposible hacerlo. No. No hay hueco para la sencillez en la sociedad del espectáculo en la que estamos inmersos. No hay suficientes bailarines, ni decorados, ni juegos de luces, ni efectos audiovisuales, ni fuegos artificiales que nos dejen ya boquiabiertos.

Sólo muy de vez en cuando sucede eso; que lo más sencillo es lo que nos hace alargar el cuello.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | julio 2015 |

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