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COSAS DE MARCIANOS

Por Alicia Álvarez (22 de marzo, 2014)

Ni uno solo. Ni un solo trasero al descubierto. Ni un solo pandero asomando en las vallas publicitarias. Ni una sola posadera alegre, que digo alegre, simpática, risueña, sonrosada y elevada casi hasta la chepa, saludando sonriente -si tuviera boca que no tiene- al viandante. Da igual, el alma no solo se refleja en la cara. Pero eso no importa en este marzo casi finiquitado, porque no hay ni uno de esos traseros que anuncian cremas anticelulíticas que nos sitúe en el calendario. Ni uno solo. Ni rastro de coxis, lugares donde la espalda pierde su nombre o pieles de naranja. Este año en Gijón la primavera apuesta por la carne, es más, apuesta por la carne braseada. Jugosa, grasienta… hecha o casi hecha, al punto… como sea pero bien acompañada por queso, pepinillos, cebolla, lechuga y beicon bien crujiente.

Al menos ese es el mensaje de marquesinas y mupis municipales. Espacio, por estas fechas, tradicionalmente reservado a esos anuncios de estética de los que, eso sí, no se han librado los escaparates de perfumerías y farmacias. Esos traseros prietos y casi almidonados que increpan con su insultante perfección a las humanas, sí, digo a las humanas porque claramente se trata de traseros marcianos. Son ellos demasiado elevados, demasiado tersos, demasiado redondeados para mantenerse así, en alto, sujetos por si solos, sin ayuda ni suplemento, a cuerpos tan delgados.

Lo dicho, traseros marcianos. Esos que cada primavera asoman coquetos en la publicidad. Sin embargo, este año se han quedado relegados a un segundo plano. Por delante y ocupando su lugar, desde hace días yo solo veo hamburguesas. Y bueno, bien podría ser una percepción selectiva, quizás animada por el hambre, quizás como reacción a la próxima operación bikini, pero no, es un hecho contrastado. Otros ojos las han avistado. Son hamburguesas simples por un euro, dobles por dos y triples por tres. Es la imagen de la campaña publicitaria de Mcdonals que acapara desde hace días casi todo el espacio publicitario, al menos, del centro urbano.

Y bueno, el hecho no tendría mayor trascendencia si no fuera porque de alguna manera la coincidencia de estas campañas en fechas viene a despertar sentimientos encontrados. Vamos, que una pasa por la farmacia pensando que sí, que ya va tocando, que se acerca el verano así que habrá que comprar el pack anual de anticelulítico, reafirmante y reestructurante bautizado- con bastante mala leche- entrenador personal, para apenas veinte metros más allá toparte con una hamburguesa de tres pisos y queso fundido humeante que te mira directamente a los ojos diciéndote “¿de verdad no me vas a probar?”. Y lo cierto es que no, muchas mujeres no lo harán. No probarán ni las hamburguesas, ni las patatas, ni el pan, ni el pincho de media mañana, ni si quiera los oricios de temporada o las croquetas de fin de semana. Es más, no probarán de aquí al verano ningún hidrato de carbono que supere los 30 gramos en la báscula, porque como todos los años, en este 2014 de nuevo solo será primavera en los centros comerciales. En la calle, las mujeres reales seguirán luchando entre traseros perfectos y hamburguesas que no se comerán por miedo a no entrar en el traje de baño. Pues eso, cosas de marcianos.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | marzo 2014 |

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