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SIN CONTEXTO

Por Alicia Álvarez (28 de diciembre, 2013)

Sin contexto la foto se vuelve confusa. Más si son muchas. Y con el móvil, lo son. Así que tras meses prometiendo hacerlo, por fin llega el domingo -porque siempre es un domingo- en el que una se remanga y armándose de paciencia, comienza a volcar en el disco duro del ordenador las dos mil y picos fotos que tenía guardadas en el teléfono desde hacía casi un año. Lo malo es que la mitad son imágenes en movimiento. Imágenes medio borrosas, medio tontas, medio enfocadas, medio sacadas de chiripa, medio sacadas sin pretenderlo? Un ojo, un papo, media sonrisa interrumpida por la estela el movimiento de una mano. Media docena para buscar el encuadre, otra media para tratar de que sea simétrico y la otra media más, por si acaso, porque mira qué guapa queda y así luego elijo y al final, claro, nunca lo hago. Bueno, lo haces ese domingo quejándote por perderlo en cosas tan tediosas como esa. Así es la tecnología, dominadora y perversa, pero volvamos al encuadre. Ahí está perenne el primer plano. Si es de uno mismo, casi seguro será un “selfie”, como el que se hizo Obama pero sin la primera ministra de Dinamarca; es decir, un retrato hecho a uno mismo en el que es ese mismo quien se retrata mientras sujeta la cámara. El resultado, un plano cerrado y picado en el que eres todo nariz o frente, o ambas cosas a la vez. Eso si no tienes prole. Si la tienes entonces la foto será la cara regordeta de tu vástago. Primero con un diente, luego con dos, después con la bufanda “llegó el invierno”, más tarde en primavera, “por fin le ha crecido el pelo para hacer coletas”? pero ¿dónde era eso? ¿Era en Begoña? ¿Eso era en casa? Cuesta saberlo, porque el encuadre lo único que enmarca es la cara. El gesto, divertido, sonriente, quedón, inesperado, raro. “No parece ella en esa foto”. “Esta es la pera, hay que sacarla en papel y enmarcarla”.Y así sigue todo el carrete. Aquí los ojos se ven más verdes, aquí casi azul grisáceo. “Así es como se le ponen cuando está nublado”. Quizás era un día de lluvia, pero no sé ve el paraguas. Imposible saberlo. No hay fondo en esa imagen. Solo son caras, porque ahora, en la era digital, con el móvil inmortalizando nuestra vida casi a diario, la mayoría de nuestros recuerdos gráficos son casi siempre descontextualizados.Y es tal la inercia, que no había caído en la cuenta hasta que hace un tiempo, mientras nos enseñábamos las últimas fotos que habíamos hecho con el móvil, lo comentó mi hermana. Dijo, y dijo con gran acierto, que ahora las fotografías son casi siempre primeros planos. Y es verdad, porque antes, la estampa, que no sería revelada hasta que se agotara el carrete, que no se descubriría hasta abrir el paquete de la tienda de fotos que ya no existe o ha cerrado, era casi preparada. “Arrímate a ella, que se vea la playa”. “Ponte para acá, que salga la casa y así luego nos acordamos”.Y es curioso, porque creo que ese síndrome del primer plano, esa plasmación del ego humano, es un poco el sino de nuestro tiempo. Más que nada, porque ahora que la tecnología nos permite inmortalizar más recuerdos, vamos nosotros y preferimos dejar constancia de como éramos antes que de saber dónde o con quien estábamos.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | diciembre 2013 |

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