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CASI

Por Alicia Álvarez (22 de noviembre, 2013)

Casi. Casi como ese cuadro que retrata una escena donde aparece la misma escena donde aparece la misma escena y así hasta el infinito y más allá. Casi, pero no exactamente igual es como mostraba esta semana LA NUEVA ESPAÑA a algunos comerciantes del centro de la ciudad: sosteniendo entre sus manos y a las puertas de sus comercios las fotografías de esas mismas tiendas cuando arrancaban, en el caso de algunas, hace incluso setenta años. Los retratos, que desde hace días pueden verse en los 110 escaparates participantes, se enmarcan dentro de la iniciativa de la Unión de Comerciantes de Gijón y Carreño que pretenden animar la campaña navideña y poner en valor el pequeño comercio.
Son Instantáneas en sepia o blanco y negro que hay que mirar y remirar para adivinar que, efectivamente, se trata de los mismos establecimientos o, al menos, del mismo local. Y es que no resulta fácil la tarea del reconocimiento. A la mayoría de ellas les faltan los acabados en madera, los elegantes carteles o las cristaleras. Eran, en algunos casos, bajos de hermosos edificios de los que tampoco hoy queda rastro. Se los llevó el viento, o más bien, las constructoras que, con el beneplácito político, los echaron abajo.
Formica, granito, plástico, hormigón, contrachapado…locales míticos convertidos en locales asépticos donde es imposible adivinar el paso del tiempo. Podrían estar hechos de anteayer, podrían llevar veinte años en pie. Es imposible saberlo. El pladur o el aglomerado no deja la huella de los materiales nobles como la madera. Y es que, si bien la iniciativa de la Unión de comerciantes atestigua la longevidad del pequeño comercio gijonés, también viene a constatar las aberraciones estilísticas que ha sufrido el urbanismo de la ciudad por culpa de algunos aldeanos que fulminaron espacios y edificios antiguos en pro del supuesto progreso.
El caso es que, ironía o capricho, el destino ha querido que la muestra coincida en fecha con la última moda que arrasa en el centro de Gijón: los cafés de estilo retro. Y es que, tras las yogurterías y las perfumerías de marca blanca, ha llegado el turno del vintage, eso sí, del vintage de tienda: suelos que no son madera (son tarima) y fingen ser viejos. Paredes descoloridas, sillones de falso sky gastado sin haber sido ni si quiera estrenados, ladrillos de cartón piedra en la pared, sillas de metal con la pintura desconchada?todo nacido así de viejo; todo salido así de fábrica.
En fin, es la moda que llega, como siempre, con retraso a la villa de Jovellanos. No obstante, hay una gran diferencia con los lugares donde nació esta tendencia. En ciudades como Londres, Nueva York u otros grandes núcleos urbanos, lo que se ha hecho es una recuperación real de espacios. Es decir, han utilizado conscientemente el pasado de esos locales comerciales: sus vigas, sus columnas, sus techos altos e, incluso, han reconvertido recintos antes solo dedicados a actividades industriales (de ahí las lámparas de acero inoxidable, el ladrillo visto o los conductos de ventilación gigantes…) y sí, los han reaprovechado, actualizándolos sin renunciar a su esencia.
Aquí, como otros lo destruyeron, no podemos recuperarlo así que lo que hacemos es comprarlo como si ya estuviera gastado. Vamos, casi casi como sería de verdad si fuera viejo, pero no exactamente igual. Hasta ahí llega la absurdidad.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | noviembre 2013 |

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