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SE NOTA

Por Alicia Álvarez (8 de noviembre, 2013)

Se nota. En los tacones. De esos que son tan largos -larguísimos- largos que una se olvida de lo que hay debajo. Y a veces, según la zona de Gijón, es suelo empedrado y entonces el tacón, delgado-delgadísimo- delgado, se las tiene que ver para esquivar el espacio entre el adoquinado y para conseguirlo, claro, ellas se balancean, cadera aquí, pierna allá… y entre equilibrios, vistas de lejos pareciera que a) les entró el baile de San Vito, b) están jugando al Enredos (pie derecho en azul, mano izquierda en verde…) o c) se hacen pis, muchísimo pis. Ni se molesten. Ninguna de las opciones es válida. Ellas hacen equilibrios sobre tacones imposibles y de paso, se hacen también alguna llaga porque, simplemente, creen que así están más guapas.
Sí, se nota. En esas caras cansadas. En las ojeras tridimensionales, en el pelo atado mal y pronto, en el vaquero con algo pegado a la altura de la rodilla – un objeto no identificado- ¿quizás restos de comida? ¿papilla?¿un aspito triturado? Y corriendo, siempre corriendo de uno a otro lado. Llegando tarde al trabajo, al súper, a recogerlos al cole, a llevarlos a Inglés… y sí, vistas desde lejos pareciera que a) participan en una yincana, b) se preparan para un triatlón casero, c) cumplen una promesa. No, no se molesten, ninguna de las tres es correcta. Ellas, sencillamente, tratan de conciliar la vida laboral y la familiar sin que al Estado o la empresa privada les importe un pepino que se estén dejando la vida y la salud en el intento.
Sí, se nota en ellas y en esas otras; las que sacan la calculadora y como no salen las cuentas del hogar, pues reducen su jornada laboral (quien la va a reducir sino son ellas) y si ni con esas salen los números, pues la extinguen y vuelven a casa. Y para estas no hay tres opciones, sino muchas explicaciones para argumentar una decisión tan trascendental, algunas mundanas, como la de que no da la pasta para pagar guarderías o niñeras, y otras más elaboradas, en plan místicas, new age y mega modernas: que si en el fondo no son amas de casa, que sí que somos mamíferos y tenemos que criar a la crías, que sí que es algo intrínseco a nuestra biología…
Sí, se nota. En las tramas de las series españolas en prime time. Hombre despechado, mujer entregada. Y de repente, celos y tiras y afloja y yo te pertenezco y tú me abrazas y un zarandeo y no sé cuántas pautas más de comportamiento anómalo que poco tienen que ver con las relaciones reales de amor entre iguales y mucho con los estereotipos de amores pasionales que establecen que para que haya amor tiene que haber sufrimiento. Ni se molesten en pensarlo. Es una pérdida de tiempo.
Sí, se nota en los discursos de algunos que se dicen “intelectuales” y hablan de propiedad para hablar de mujeres y hablan de prostitución para hablar de libertad e incluso van y se organizan y hasta redactan un manifiesto que tiene nada de subversivo y todo de fascistoide. Se nota también, por cierto, en la segregación por sexos de esos colegios concertados que finalmente subvencionará el Estado.
Y como yo soy mujer y llevo peleando toda la vida para conseguir la igualdad y tengo una hija que me gustaría que no tuviera que pelear mucho más, pues cuando leo, escucho o veo cosas como las que he relatado en este artículo, que quieren que les diga, solo puedo pensar que:

a) La sociedad cada vez es más conservadora, en especial los jóvenes.

b) La igualdad siempre fue una gran mentira.

c) Efectivamente se nota, y mucho, que vamos para atrás. Y sí, no es una tendencia exclusiva en la mujer pero a nosotras, como a otros grupos discriminados de la sociedad, nos afecta mucho más.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | noviembre 2013 |

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