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CASI

Por Alicia Álvarez (22 de noviembre, 2013)

Casi. Casi como ese cuadro que retrata una escena donde aparece la misma escena donde aparece la misma escena y así hasta el infinito y más allá. Casi, pero no exactamente igual es como mostraba esta semana LA NUEVA ESPAÑA a algunos comerciantes del centro de la ciudad: sosteniendo entre sus manos y a las puertas de sus comercios las fotografías de esas mismas tiendas cuando arrancaban, en el caso de algunas, hace incluso setenta años. Los retratos, que desde hace días pueden verse en los 110 escaparates participantes, se enmarcan dentro de la iniciativa de la Unión de Comerciantes de Gijón y Carreño que pretenden animar la campaña navideña y poner en valor el pequeño comercio.
Son Instantáneas en sepia o blanco y negro que hay que mirar y remirar para adivinar que, efectivamente, se trata de los mismos establecimientos o, al menos, del mismo local. Y es que no resulta fácil la tarea del reconocimiento. A la mayoría de ellas les faltan los acabados en madera, los elegantes carteles o las cristaleras. Eran, en algunos casos, bajos de hermosos edificios de los que tampoco hoy queda rastro. Se los llevó el viento, o más bien, las constructoras que, con el beneplácito político, los echaron abajo. Leer el resto de la entrada »

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | noviembre 2013 |

SOBERBIA

Por Alicia Álvarez (15 de noviembre, 2013)

Se alzaban así, sobre el mar bravo, terriblemente hermosos, rebeldes e imponentes… un poco con esa actitud que solo tienen las cosas honestas, ese “aquí estoy yo” incontestable que, de franco, resulta amable. No. No hay agresividad ni pavoneo en la afirmación de su grandeza porque esa, sencillamente, es su naturaleza. No busca compararse. Recordé que eso fue lo que leí -a veces es así, se lee en la tierra- en los riscos de Famara la primera vez que fui a Lanzarote. Y aunque su foto sigue a día de hoy en la puerta de mi nevera -allí asoman entre imanes los riscos inalterables con su color ocre bañado en rosa por el sol de la tarde- es cierto que hacía mucho tiempo que no pensaba detenidamente en ellos. Leer el resto de la entrada »

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | noviembre 2013 |

SE NOTA

Por Alicia Álvarez (8 de noviembre, 2013)

Se nota. En los tacones. De esos que son tan largos -larguísimos- largos que una se olvida de lo que hay debajo. Y a veces, según la zona de Gijón, es suelo empedrado y entonces el tacón, delgado-delgadísimo- delgado, se las tiene que ver para esquivar el espacio entre el adoquinado y para conseguirlo, claro, ellas se balancean, cadera aquí, pierna allá… y entre equilibrios, vistas de lejos pareciera que a) les entró el baile de San Vito, b) están jugando al Enredos (pie derecho en azul, mano izquierda en verde…) o c) se hacen pis, muchísimo pis. Ni se molesten. Ninguna de las opciones es válida. Ellas hacen equilibrios sobre tacones imposibles y de paso, se hacen también alguna llaga porque, simplemente, creen que así están más guapas.
Sí, se nota. En esas caras cansadas. En las ojeras tridimensionales, en el pelo atado mal y pronto, en el vaquero con algo pegado a la altura de la rodilla – un objeto no identificado- ¿quizás restos de comida? ¿papilla?¿un aspito triturado? Y corriendo, siempre corriendo de uno a otro lado. Llegando tarde al trabajo, al súper, a recogerlos al cole, a llevarlos a Inglés… y sí, vistas desde lejos pareciera que a) participan en una yincana, b) se preparan para un triatlón casero, c) cumplen una promesa. No, no se molesten, ninguna de las tres es correcta. Ellas, sencillamente, tratan de conciliar la vida laboral y la familiar sin que al Estado o la empresa privada les importe un pepino que se estén dejando la vida y la salud en el intento.
Sí, se nota en ellas y en esas otras; las que sacan la calculadora y como no salen las cuentas del hogar, pues reducen su jornada laboral (quien la va a reducir sino son ellas) y si ni con esas salen los números, pues la extinguen y vuelven a casa. Y para estas no hay tres opciones, sino muchas explicaciones para argumentar una decisión tan trascendental, algunas mundanas, como la de que no da la pasta para pagar guarderías o niñeras, y otras más elaboradas, en plan místicas, new age y mega modernas: que si en el fondo no son amas de casa, que sí que somos mamíferos y tenemos que criar a la crías, que sí que es algo intrínseco a nuestra biología…
Sí, se nota. En las tramas de las series españolas en prime time. Hombre despechado, mujer entregada. Y de repente, celos y tiras y afloja y yo te pertenezco y tú me abrazas y un zarandeo y no sé cuántas pautas más de comportamiento anómalo que poco tienen que ver con las relaciones reales de amor entre iguales y mucho con los estereotipos de amores pasionales que establecen que para que haya amor tiene que haber sufrimiento. Ni se molesten en pensarlo. Es una pérdida de tiempo.
Sí, se nota en los discursos de algunos que se dicen “intelectuales” y hablan de propiedad para hablar de mujeres y hablan de prostitución para hablar de libertad e incluso van y se organizan y hasta redactan un manifiesto que tiene nada de subversivo y todo de fascistoide. Se nota también, por cierto, en la segregación por sexos de esos colegios concertados que finalmente subvencionará el Estado.
Y como yo soy mujer y llevo peleando toda la vida para conseguir la igualdad y tengo una hija que me gustaría que no tuviera que pelear mucho más, pues cuando leo, escucho o veo cosas como las que he relatado en este artículo, que quieren que les diga, solo puedo pensar que:

a) La sociedad cada vez es más conservadora, en especial los jóvenes.

b) La igualdad siempre fue una gran mentira.

c) Efectivamente se nota, y mucho, que vamos para atrás. Y sí, no es una tendencia exclusiva en la mujer pero a nosotras, como a otros grupos discriminados de la sociedad, nos afecta mucho más.

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