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AUNQUE NO LO PAREZCA, ACABARÁ LLOVIENDO

Por Alicia Álvarez (1 de octubre, 2013)

Me pareció casi un sacrilegio. Supongo que era por el momento que estaba viviendo: recién salida del horno universitario, todavía con los apuntes frescos de periodismo en la mesa y, sobre todo, con la convicción de que la información era una misión a cumplir y mi vocación, algo imposible de evitar. Así pensaba yo en mis veinte, que no en mis trece; pensaba que los medios de comunicación eran un servicio al ciudadano y pensaba, además, que esa relación entre emisor y receptor era, no solo la base de la comunicación, sino un principio de honestidad en toda empresa informativa. Que eso, contar lo que pasa y hacerlo bien, era la meta y que solo detrás de esa máxima estaba todo lo demás. Ya saben, eso de vender y vender aún más y concentrar medios de comunicación para concentrar poder.
Y entonces llegó aquel chaval que llevaba en el oficio bastante más tiempo de lo que llevo yo a día de hoy y me espetó «Alicia, lo que de verdad, de verdad, le interesa a la gente es el tráfico y el tiempo». Y sí, en aquel momento me pareció un sacrilegio, una ofensa al ciudadano, a ese que quiere estar informado, a ese que quiere saber para poder tener más libertad de decisión. Pero lo que decía aquel periodista era verdad. No toda ni la única, pero es cierto que muchas de las personas que se informan no quieren estar al día de la actualidad. Algunos quieren pasar el rato, sentirse acompañados, leer los titulares, enterarse más o menos de lo que está pasando y sobre todo, saber si hoy va a llover.
Y es que a la mayoría de la gente le interesa, y mucho, conocer el estado del tráfico y saber qué tiempo va hacer. Claro que no es lo único que quieren saber, pero sí es de lo que quieren saber con mayor periodicidad; una información fundamental para nuestro día a día porque es la que nos ayudará a preparar o no la bolsa de la playa, decidir si mejor nos quedamos en casa, si hay que ponerse playeros o si casi mejor las botas porque aunque no lo parezca acabará lloviendo. En el fondo, pequeños adelantos del futuro incierto pronosticados por institutos nacionales de meteorología y otros oráculos de la era moderna.
Sin embargo, incluso eso, incluso algo tan sencillo como dar la información meteorológica puede sofisticarse hasta el extremo. Al menos esa es la apuesta de la televisión pública española que ya hace meses amplió su espacio del tiempo a media hora y en el que ahora, los meteorólogos, que son jóvenes y guapos, aprovechan para darnos unas soberanas turras sobre la definición técnica de fenómenos atmosféricos como borrascas, bolsas de aire frío, cambios bruscos de temperatura o vientos huracanados. Cómo se forman, cuáles son sus características, cuál es su origen? Todo explicado con enorme énfasis didáctico, como si de una clase de colegio se tratara. Y en parte funciona, porque yo ya hace días que me quedo ahí sentada, con el cacho de tortilla enfriando en el tenedor, mirando atónita la televisión y pensando si tendré que coger apuntes no vaya a ser que luego, entre Isabel y Comando actualidad, me vayan a examinar.
Y es que, aparte de ser unas palizas insoportables, que lo son, con tanta especificidad meteorológica lo que han acabado por conseguir es quitarle al tiempo lo que de verdad lo hace especial, que es su carácter popular; eso de poder hablar de él sin propiedad, en cualquier momento y en cualquier lugar.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | octubre 2013 |

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