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EL FANTASMA DE LA SERIE

Por Alicia Álvarez (29 de marzo, 2013)

¿Se dan cuenta de esas series de muertos? No de esas de zombis medio descompuestos. Me refiero a esas otras, esas más de sesión de tarde en la que los muertos todavía siguen enteros pero no han cruzado al otro lado porque hay algo que les retiene. Son fantasmas a los que nadie puede oír, nadie puede ver, excepto la protagonista de la serie. Protagonista en femenino, sí, porque casi siempre es una chica la que tiene estos superpoderes. Una capacidad extrasensorial telepática y no sé cuántas cosas más, heredada (también siempre) de la rama materna. Y bueno, ella, que normalmente tiene una profesión más bien intrascendente, se dedica en sus horas libres y capítulo a capítulo a arreglar conflictos personales de señores y señoras muertos a los que se les quedaron por resolver cuentas pendientes. Y las resuelve.
El caso es que a mí, Leer el resto de la entrada »

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | marzo 2013 |

LA CEBOLLA Y LA MUERTE

Por Alicia Álvarez (18 de marzo, 2013)

Perdonen si hoy estoy un poco pejigueras, pero es que entre tanta sotana y fumata estos últimos días, que quieren que les diga, ni me hallo ni me encuentro. Y bueno, supongo que eso, lo de no hallarse o, al menos, lo de temer no hallarse todo el tiempo, es lo que hace que miles de fieles hayan abarrotado estos días la plaza del Vaticano. También es cierto que la fe no era lo único que movía a todos los allí presentes. Haber, había curiosos, turistas, supongo que algún carterista, emprendedores en busca del negocio con el recuerdo del pañuelo, llavero o chubasquero, transeúntes de «yosolopasabaporaquí» y sí, feligreses a mansalva, esperando a que la chimenea montada para la ocasión desprendiese la famosa fumata blanca. Leer el resto de la entrada »

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | marzo 2013 |

THE BOSS

Por Alicia Álvarez (8 de marzo, 2013)

No era tampoco un chaval. Los treinta los había pasado, pero bueno, ahora como los treinta son los nuevos veinte y los cuarenta los nuevos treinta, vayan ustedes a saber, igual estaba entrevistando a un yogurín y no me había dado cuenta. El caso es que aquel chico/adultoconedadsinespecificar, llevaba allí desde las ocho de la mañana. Aunque no era suyo todo el mérito. Su amigo, que supongo fue ése que gritó «Espaaaañaaa» con los brazos en alto y agitando entre sus manos las entradas del concierto, había llegado antes: a las cinco de la mañana. «Ese sí que es un fan acérrimo», me decía el chaval de edad incierta que se moría de frío a la puerta del Jovellanos. Ese lo había visto siete veces. «Y con este frío, ¿cómo os las vais a apañar?», pregunté. Y él, con una mueca divertida, se puso a especificarme el corcho aislante, el colchón de cinco centímetros de grosor, la tienda de campaña y los sacos de dormir que les servirían de abrigo durante toda la noche. Pretendían -y la pretensión se terminó por hacer hecho- ser los primeros en comprar las entradas del concierto que Bruce Springsteen dará en Gijón el próximo 26 de junio (la única parada que hará el Boss en España con su Gira Wrecking Bal Tour) Y lo consiguieron. Al día siguiente, al llegar al trabajo, la fotografía de ese chaval estaba ya en la portada de todos los medios digitales asturianos.
Y bueno, así en la lejanía, que es como mejor respira la sana envidia, sentí, efectivamente, algo de celos. Pensé, ¿pero qué sentimiento tan intenso hace que uno duerma a la intemperie para ir a un concierto? ¿Qué ilusión, que devoción, que amor inmenso mueve a estos hombres a ir a su trabajo de doblete tras haber estado 24 horas haciendo guardia ante una taquilla cerrada? Y entonces, vuelvo a la edad, porque la respuesta a estas preguntas suelen pasar por la explicación de que «son unos chavales». Sí, el fenómeno fan suele justificarse con la ilusión adolescente, con la energía juvenil, con ese sentimiento que solo viven los púberes de morirte de ganas de ir a un concierto y de sentir insoportable el hecho de no haberlo hecho. Es, por un lado, el ego que te hace no querer quedarte al margen de un gran evento, y a la vez, el sentido comunitario adolescente de querer participar en algo inmenso. De querer estar a toda costa donde se supone que hay que estar en ese momento.
Sin embargo, eso, estar allí, aquí en Gijón ya lo hemos hecho. Y fue precisamente eso lo que llamó mi atención al saber que las 30.000 entradas se habían agotado en solo cuatro horas. Ese es el tirón que tiene un hombre de sesenta y cuatro en una población de doscientos setenta y pico mil habitantes que con ésta ya lo habrá visto tres veces.
Entonces, si no es la novedad ni tampoco el impulso adolescente ¿qué ha movido a toda esa gente a hacer grandes colas? ¿A gastarse hasta 75 euros? Pues supongo que aparte de la atracción que ya de por sí tiene el Boss para el público general, porque la crisis puede resultar un buen momento para los macroconciertos; un momento idóneo para compartir que algo bueno está pasando. Para sentir de refilón que los americanos vienen a salvarnos o que durante las dos horas que dure el concierto el mundo puede quedar en suspenso. Para notar la excitación por el cuerpo aunque Bruce Springsteen no te de más o ni siquiera sepas cómo suena el disco que está defendiendo en directo. Para sentir, en definitiva, que somos poderosos durante unas horas, como si fuéramos jefes o, al menos, como si no los tuviéramos.

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INDEFENSION

Por Alicia Álvarez (1 de marzo, 2013)

Ocho. Sólo pasaron ocho horas desde que mi dedo confirmara con un clic la compra del vuelo hasta que leyera en LNE.es que Ryanair iba a dejar de operar en Asturias a finales de marzo. Un drama, pues el vuelo recién comprado era para el 7 de abril. «Si hubiera esperado, si lo hubiera dejado para otro momento?» porque sólo había sido cuestión de tiempo, aunque nada comparado con las doce horas que vendrían después. Ese día llegaría a Leer el resto de la entrada »

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | marzo 2013 |