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LÍMITES

Por Alicia Álvarez (28 de septiembre, 2012)

No, aquí no se estila eso. Aquí la intimidad no pasa por las curvas. No hay insinuación cazada, ni fotos picaronas o vídeos picantones que circulen sin consentimiento por Internet. Aquí no tenemos filtraciones de fotos personales de actrices que, a lo Scarlett Johansson, se miren deseosas en sus cuartos de baño, como tampoco tenemos concejalas que se lo pasen pipa en vídeos eróticos privados. Aquí en Asturias lo que tenemos son políticos que, visto lo visto, aun no dominan los conceptos básicos de las redes sociales.
Por ejemplo, Gerardo Robles, número quince en la candidatura de Foro Asturias a las elecciones municipales de Gijón y ex miembro ya del Consejo Sectorial de Consumo, que la semana pasada se desquitaba en Twitter con comentarios de un pésimo gusto sobre la reciente muerte de Santiago Carrillo, la cual decía no sentir y se preguntaba si no se celebraría con tres días de fiesta nacional. Pues bien, Robles, que efectivamente es muy libre de pensar – incluso de pensar mal- lo que quiera y le venga en gana, no solo no guardó las formas, y ya de paso la mala baba tras las preceptivas disculpas post publicación desafortunada, sino que además respondió a las criticas del portavoz municipal de IU, Jorge Espina, defendiendo que esos comentarios eran «absolutamente particulares y personales».
Y ahí es donde la incompetencia se destapa porque, sí, es verdad que los comentarios le pertenecían -no creo que muchos los quisieran reclamar- pero, querido Gerardo, lo publicaste en una red social, lo que significa que lo compartiste en público con más personas y por eso, porque compartes con otros, es por lo que precisamente se denomina a Twitter Red social.
Pero no parece que Robles tenga muy claro que eso que escribe desde su móvil o desde su ordenador pertenezca a la realidad, como tampoco lo debió de tener claro el concejal de Corvera y responsable del Área de Juventud de IU de Asturias, David García Leis, que tras no poder acceder a un avión por tener el DNI caducado, decidió escribir una reclamación a la compañía en la que, entre otras cosas, llamaba «puta rata asquerosa que merece ser ejecutada» al dueño de Ryanair, y añadía: «Espero que algún día yo pueda hacerlo con mis propias manos después de haberle torturado durante días». El tono no se oye en la letra escrita, pero no hay que ser muy perspicaz para calar la broma, también personal, claro, pero que el concejal decidió fotografiar y subir a su perfil en Facebook el cual, sí, es suyo propio y de nadie más pero que, repetimos, lo ven los demás.
Y es que ni Robles ni García Leis parecen tener muy claros los límites de la virtualidad en las nuevas tecnologías. Vamos, que deben de pensar que lo que ocurre en Facebook, Twitter o cualquier otra red virtual no tiene ni traslación ni relación con la vida real. Como si eso solo sucediera en los dispositivos donde uno escribe, y una vez apagado el móvil, la tableta o el ordenador, la red social también dejara de funcionar. Algo parecido a cuando los niños se tapan los ojos y piensan que desaparecen sin que los demás los podamos ver.
Sin embargo, lo que me resulta alarmante de estos dos acontecimientos no es solo que gente joven, activa y criada- o al menos crecida- en la era de las tecnologías de la comunicación no tengan claro cómo funciona o qué es una red social. Lo que me preocupa de verdad es que gente joven, activa, criada -o al menos crecida- en la España democrática no entienda lo que significa ser un cargo público. Es decir, que no sepan donde están los límites de su responsabilidad.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | septiembre 2012 |

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