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CUANDO EL CINTURON APRIETA

Por Alicia Álvarez (14 de septiembre, 2012)

No sé donde estará la conexión o qué oscura fuerza ha aliado a la crisis y los lácteos pero ahí, señores, hay algo. Algo está pasando, algo está sucediendo este verano para que hayan surgido en la ciudad tantos negocios de yogures al mismo tiempo. Y al parecer no se trata de un hecho aislado. Así lo comprobé en mis recientes vacaciones fuera de Asturias y así me lo confirmaron algunos amigos que viven en otras ciudades. El negocio del yogur se expande.
Y la verdad, es para darle vueltas- al asunto, que no al yogur- porque, a menos que sea el principio de una colonización extraterrestre, algo parecido a La invasión de los ultracuerpos pero a través de la leche y sus derivados, vamos a tener que atribuir el éxito del fermento a alguna razón más allá de la novedad que supone este producto en el mercado. Y no porque el yogur no pueda ser en sí mismo un buen reclamo culinario, sino por el difícil contexto en el que está particular iniciativa empresarial está teniendo éxito.
Sí, me intriga que entre tanto cartel de “se alquila” o “se vende” del pequeño comercio se cuelen ahora otras tantas inauguraciones o “abrimos próximamente” relativas a estas yogurterías, aunque claro, puede que mi sorpresa sea solo porque yo nunca he sido muy de lácteos. Vamos, que a mí el yogur siempre me ha parecido un postre vacuo; algo así como un queso a medio hacer o una leche más espesa de la cuenta, a lo que además hay que sumar que de unos años para acá se ha asociado su consumo a actores populares del cine patrio, y a mí, que quieren que les diga, saber que el yogur ayuda a mejorar el tránsito intestinal de José Coronado no es algo que me abra el apetito precisamente.
Pero supongo que ahí, no en las evacuaciones de Coronado, claro, sino en el hecho de que yogur sea un producto sano, es donde reside la explicación más convincente a la gran prosperidad que viven estos negocios. Y es que en tiempos de crisis, cuando el cinturón aprieta y el IVA repercute en la dieta, no está bien visto, ni tan si quiera bien interiorizado por cada uno en su más estricta intimidad que nos demos un gusto, aunque solo sea de vez en cuando. Es decir, que no están las cosas para que andemos dándonos homenajes, por muy pequeños o esporádicos que sean, sin embargo, si el capricho da gusto y a la vez alimenta, el gasto ya no parece un despilfarro, de ahí que mucha gente esté dispuesta a hacer cola por algo que se parece a un helado aunque en el fondo no lo sea.
Tiene que ser eso, por qué si no, no se explica que en la televisión cada vez haya más anuncios de productos saludables, de esos que te ayudan a ir al baño. Parejas que cenan cereales y en el fotograma siguiente se parten de la risa tras haber tenido sexo mañanero, funcionarias estreñidas que atienden sonrientes al siguiente en la cola tras tomarse una barrita de fibra, y por supuesto, yogures que ayudan a que la actriz Carmen Machi, enfajada en un pareo de dudoso gusto y estampado, deje de sentirse tan hinchada en verano.
Productos sanos, sí, pero también productos que nos permiten seguir consumiendo sin sentirnos mal por ello. Así se elimina la culpa; bueno, más bien, así la depuramos.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | septiembre 2012 |

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