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LEONARD Y LA MADREÑA

Por Alicia Álvarez (22 de octubre, 2011)

La imagen no difiere mucho de la que guardo en mi memoria. Se ve que a algunos se les da bien incluso eso de hacerse mayores. La única diferencia, si quieren, y a aparte de algunas arrugas más, es el fondo de la instantánea. Nada que ver con el que recuerdo escudriñar de niña en la foto fija -el blanco y negro de esa nave industrial desenfocada mientras él se comía una banana- ni con el de la foto en movimiento -un teatro, no sé cuál ni donde, con la banda y dos coristas vestidas de negro como única escenografía-. La primera corresponde a uno de sus discos más famosos, «I’m your man», que publicó en 1988 cuando yo sólo tenía 8 años, y la segunda al vídeo que mi padre solía poner muchas tardes de domingo como fondo audiovisual en el salón.
Pero la imagen reciente, la que este pasado miércoles publicaban las versiones digitales de casi todos los medios asturianos en la que el poeta y cantautor canadiense Leonard Cohen, premio «Príncipe de las Letras» 2011, posaba con su sombrero de gánster malo y su traje planchado con raya al medio delante de cuatro gaiteros que lo recibían con música tradicional asturiana festejando su llegada a Oviedo, se ve que no ha gustado a todos por igual. O al menos eso es lo que se adivina en muchos de los comentarios que ha suscitado la imagen en las redes sociales. Y es que algunos asturianos no le encuentran ubicación ni a la gaita, ni a la madreña, ni a la montera picona ni al tambor. Menos aun cuando esos símbolos se vinculan a un cantante de culto como Leonard Cohen al que seguro que algunos encuentran más coherente en una habitación destartalada del Chelsea Hotel, frente al perfil de Manhattan o en cualquier otra estampa que por la lejanía resulte más «cool», más guay y más elevada. Y sobre todo, más moderna y urbana.
Y es que ahí está una de las cuestiones clave para entender esta animadversión. La misma que se palpa en los comentarios contra Vallaure acusándolo de querer llenar el Niemeyer de madreñes en vez de contraatacar con argumentos -que los hay a cientos- sus críticas a la actual programación del equipamiento cultural. Y además, apuesto a que quienes lo hacen son los mismos que luego van a Holanda y vuelven con los zuecos de madera como recuerdo. Pero, claro, como los holandeses son una sociedad más avanzada, tienen Amsterdam y se desplazan en bicicleta, pues no les parece mal que promocionen su país con molinos, tulipanes y zuecos igualitos a les madreñes. Pero en casa la cosa cambia. Porque cualquier vestigio de aldea, cualquier rastro que revele el origen de los antepasados de los que ahora residimos en las ciudades, revuelve y a algunos hasta los enerva.
Otra tierra no hubiera tenido problema en venderse a sí misma en el retrato citado, en reivindicar lo propio como el mejor «photocall» para el famoso.
Otro paisaje no se hubiera avergonzado y otro paisanaje no hubiera respondido con miedo a la instantánea de Cohen flanqueado por gaiteros y gaiteras con pañuelos y montera. Porque eso es lo que muestran. Un miedo a no ser modernos, a ver en lo propio una contradicción con el progreso, el avance o el desarrollo. Una visión, más que aldeana, paleta; como si no fuera posible conjugar esos elementos con lo urbano y lo moderno, cuando algunas de las sociedades más avanzadas lo hacen sin problema.
Con esos ojos han mirado algunos la fotografía de la llegada a Asturias de Leonard Cohen, quien, por cierto, es admirador confeso de Federico García Lorca, ese poeta que cantaba a la sequedad de su tierra, al ocre, a los gitanos, a los pobres, y que no por ello renunciaba a ser un poeta en Nueva York.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(1) | octubre 2011 |

1 Respuesta a “LEONARD Y LA MADREÑA”

  1. Carola Escribió:

    Excelente artículo, Alicia. No tienen el porqué de esa supuesta incompatibilidad entre lo cosmopolita y lo tradicional. seguro que el Sr. Cohen no tuvo tantos remilgos.
    Este debate es antiguo, hace años en conciertos de música celta,concretamente en uno de la Feria de muestras, cuando tocaban irlandeses, escoceses o de otros países todo el mundo estaba muy interesado, pero cuando salía un grupo asturiano al escenario, el público se iba a dar una vuelta. ¿Contradicción o complejo de inferioridad?

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