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DOBLES

Por Alicia Álvarez (14 de octubre, 2011)

Sólo escuché su voz. No la llegué a ver, así que en caso de cruzarme con ella nunca podré reconocerla. Ni a su réplica ni a la original, es decir, a la propietaria de la voz que emanaba desde el otro lado de las taquillas del vestuario de la piscina y que contaba que tenía una doble en Mieres. Al parecer, ya se lo habían dicho muchas veces, que allí, en la cuenca, había una mujer igualita que ella. Nunca se la había encontrado, claro, porque una no suele toparse con su réplica, pero los que la habían visto aseguraban, juraban y perjuraban que en Mieres vivía una mujer de físico tan exacto al suyo que llevaba a la equivocación.
Y nadie se extrañó. Me refiero al grupo de féminas que, unas llegadas de aerobic, otras mudando ropa por bañador para comenzar la sesión de aqua-gin, escuchaban el relato de aquella voz. Ni se extrañaban ni lo ponían en duda; es más, admitían la historia como cierta y, además, confirmaban la posibilidad de la existencia de esa «gemela» contando que también ellas tenían una doble deambulando por la comunidad. Algunas en su misma ciudad, otras sin salir del barrio. Calcos de sí mismas con las que ellas nunca se habían cruzado, pero de cuya existencia sabían gracias a otras personas. «Pues el otro día vi a una chavala que era clavada a ti, casi voy y la saludo, estaba convencida de que eras tú?» Precisamente de ahí había nacido la conversación. Una de las mujeres del grupo le había preguntado a otra si era ella la que esa misma mañana estaba en la avenida de la Constitución a las 08.45h.
Y la verdad, escuchando la charla, oyendo cómo todas esas mujeres reclamaban la existencia de sus calcos, me dio por pensar que no estaría nada mal que cada ser humano tuviera su propia réplica. Una fantasía que no es nueva, no hay más que echar un vistazo a las películas de ciencia ficción, porque ¿quién no lo ha pensando en alguna ocasión? Es más ¿quien no se ha visto sorprendido por esa información? ¿A quién no le han dicho que han visto a alguien con sus mismos ojos, sus mismos labios, su mismo trazo?
Y bueno, aunque hay algo perturbador en esa posibilidad, también es verdad que la idea contiene algo liberador. ¿Se lo imaginan? ¿Se imaginan que de verdad cada uno de nosotros tuviera en el mundo un doble? Una calcomanía de nosotros mismos, que, eso sí, lo único que tuvieran en común con nuestro yo fuera la parte del exterior.
Yo, por ejemplo, a dos meses para dar a luz y tras ocho meses de vida sana, me imagino a mi doble -una mujer igual que yo, pero sin barriga- fumándose su cajetilla aunque las autoridades le recomienden que no, subiendo escaleras de dos en dos, agachándose sin rechinar como una silla e incorporándose sin relinchar como un animal al recuperar la posición. Una mujer igualita a mí pero que pudiera viajar en avión, dormir en cualquier posición, beber cañas con alcohol y nadar largos, muy, muy largos a crol y no a braza como una pequeña rana. En definitiva, que fuera mi doble, pero sólo para las escenas de riesgo y acción.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | octubre 2011 |

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