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MOLESTA

Por Alicia Álvarez (20 de mayo, 2011)

Vaya estampa. Todos esos señores ahí, cejijuntos, agarrados a sus bolígrafos tratando de dar vueltas al porqué de la protesta. Pero ¿quiénes son? ¿Qué es lo que proponen exactamente? Todos esos tertulianos, analistas, opinadores profesionales… todos esos directores de medios, directores de campaña, políticos, publicistas, tratando de entender el mecanismo más viejo del mundo: el despertar de una conciencia. Pero ¿cómo es posible que la gente salga a la calle y exprese su descontento -se preguntan- si no han vivido en una dictadura, si no han ido a la guerra? ¿Cómo es posible que los ciudadanos, abrigados por la seguridad de un techo, incluso de un trabajo, decidan salir de casa y aliarse con otros para que se les escuche bien alto, para que se les escuche bien lejos, con un mensaje tan simple, tan escueto, como el de «somos conscientes de todo lo que está pasando»?
Pero no, esos hombres contrariados, esos hombres sesudos y expertos, en realidad no quieren dar con la respuesta; por eso se la inventan y dicen que lo que ha ocurrido desde el 15 de mayo en toda España -y lo dicen muchas veces, para ver si así cala en la audiencia- es una especie de pataleta, que los manifestantes no tienen propuestas. Dicen que los acampados están llamando a la abstención del voto (omitiendo explicar que el «no les votes» surgió como respuesta a la «ley Sinde» contra los partidos que se encargaron de dar vigencia a la norma, es decir, el PP, PSOE y CiU). Dicen que las manifestaciones van a debilitar a la izquierda el 22 de mayo (como si sólo hubiera un partido de esta tendencia, cuando hay muchos más) y dicen que la protesta es un movimiento juvenil y, además, antisistema. Y lo dicen porque a algunos no les conviene afrontar, menos en esta fecha cercana a las elecciones autonómicas y municipales, la verdadera dimensión de esta protesta, que es la dimensión ciudadana, con todo lo que eso abarca y con todo lo que eso conlleva.
Y es que el movimiento del 15-M, por mucho que algunos se empeñen, no tiene por objetivo dar respuestas o diseñar propuestas alternativas al actual sistema democrático. Lo que trata es de evidenciar, de denunciar -y ahí está su grandeza- lo que todo el mundo sabe pero hasta la fecha se había aceptado sin rechistar. Que no se puede vivir ni independizarse con sueldos de 700 euros. Que las pensiones no llegan. Que trabajar hasta los 67 no es la respuesta. Que hay hoteles con habitaciones a 3.000 euros la noche y que hay quienes los llenan. Que los diputados cobran dietas. Que la mayoría de los sueldos son precarios. Que algunos, a pesar de la crisis, viven de lujo y que otros viven de perlas. Que la generación nacida en los noventa vivirá peor que sus padres y un largo etcétera del que no hablan los medios, demasiado intervenidos por la política y por la empresa; que no denuncian los que tienen trabajo, demasiado acojonados por el miedo a perderlo; y que no mentan los propios políticos, demasiado apegados a sus asientos. De ahí que el movimiento del 15-M, signo evidente del resquebrajamiento del supuesto Estado del bienestar, moleste.
Molesta la denuncia y molesta la forma en la que se está componiendo. Su confección a través de las redes sociales, unas verdaderas desconocidas para esos tertulianos, para esos «expertos» que hablan de Twiter, de Facebook como si fueran espacios virtuales en plan Second Life. Como si por el mero hecho de no estar ubicados físicamente en un lugar no fueran un espacio real. Una concepción que anula la posibilidad de analizar con rigor la intervención de las redes sociales en la gestación de un movimiento como éste. Y eso molesta, porque no lo entienden, no logran comprender cómo lo que tiene lugar en la red ha podido tener una traslación al mundo real. Pero la tiene, y es que ya sea en internet o en la plaza mayor de cualquier ciudad, lo que está ocurriendo en España no tiene más doblez ni más misión que la de denunciar la realidad social; la de ser ese Pepito Grillo, ese amigo tocapelotas que acaba con la fiesta, que te pone los pies en la tierra. Ahí está su grandeza y su fuerza. Y eso molesta.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | mayo 2011 |

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