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EL FORRO DE MI CARPETA

Por Alicia Álvarez (13 de mayo, 2011)

Yo quería ser la buena, la rubia, la guapa. Quería ser Julie y salir con Donovan, aunque de aquélla Marc Singer, el actor que lo encarnaba, me pareciera un señor muy mayor. Quería salvar la tierra y liderar la Resistencia y sí, arrancarle a tiras la piel a la lagarta de Diana. Aun así, también ella, con su fosca melena morena, su ceñido mono naranja y sus hombrerazas, formaba parte del collage de fotopegatinas de mi carpeta. La primera que customicé en mi vida, gracias a los presentes de la famosa serie de televisión de extraterrestres «V» que la revista «Súper Pop» tuvo a bien regalar en uno de sus números de los años ochenta.
Era el comienzo de una cabecera que iba a permanecer treinta años en los quioscos españoles y que este mes dirá adiós a su edición en papel. Según su directora, Eva Moreno, la decisión se debe al acusado descenso de sus ventas y al «marcado cambio de tendencia» entre sus consumidores, de ahí que la publicación haya decidido continuar su aventura editorial sólo en el formato digital. Lo cual, si al menos da un margen a su supervivencia, sí que acaba para siempre con uno de los rasgos más personales de esta mítica publicación destinada a adolescentes: los regalos que incluían en cada uno de sus números quincenales.
Cuando yo era niña eran las pegatinas, pero también las pulseras. Los chinos de la suerte, los especiales, las carpetas y, sobre todo, los adhesivos y los pósteres de sus páginas centrales. Esos cándidos desplegables de Kirk Cameron en los que el joven te miraba socarrón enfundado en un enorme blazer azul celeste.
Aunque los había más atrevidos. Incluso alguno te ponía en el brete de tener que escoger el lado por el que ibas a colgar el póster en la puerta del armario: ¿Tom Cruise en camiseta de tirantes o Rob Lowe con la camisa abierta? Todo un dilema para esas adolescentes que lloraban cantando la versión en castellano de Glenn Medeiros «Nada cambiará mi amor por ti». Todo un dilema para esa joven audiencia cuya mayor aspiración era desmayarse en la primera fila de un concierto, fuera el cantante el que fuera. Las mismas que imitaban a Madonna, que bailaban a «Bananarama», a «Bros», a Rick Astley, a George Michael…
Y es que si algo albergaba el interior de las páginas de la «Súper Pop», aparte de los desplegables, era precisamente la esencia del fenómeno fan; ese movimiento casi exclusivo de las mujeres que aun así no exige a sus militantes ser «femeninas». Y aquí está la grandeza de esta revista, al menos en aquella época. Una publicación dedicada a la cultura pop en todo su esplendor. A la televisión, al cine, a la música, a los actores, a los cantantes… cuyos reportajes y entrevistas te revelaban detalles naif e inofensivos de sus vidas, sus gustos o sus últimos romances.
Nada que ver con esas otras revistas, tipo «Ragazza», que empezaban a introducir a las féminas adolescentes en el mundo de las publicaciones «destinadas a mujeres» donde los reportajes ya no retrataban a las estrellas, sino los trucos para sacarle partido a tu maquillaje. Revistas donde los test trataban de descubrir si eras una chica ardiente, donde diez claves te aseguraban el éxito para pasar la noche perfecta. Páginas y páginas dedicadas a hacer que tu trasero pareciera más pequeño, a conseguir que él te quisiera, a controlar tu dieta. Un mundo que, afortunadamente, no tuvo cabida en el forro de mi carpeta.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | mayo 2011 |

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