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MOTIVOS EXTRAORDINARIOS

Por Alicia Álvarez (25 de febrero, 2011)

Desde arriba todo se ve diminuto y desde abajo lo que está en las alturas se ve inalcanzable. Por ejemplo, en el cine, el plano picado, es decir, el ángulo de toma por el cual la cámara se inclina sobre el objeto observado, nos da una sensación de altura, mientras que el procedimiento inverso, el plano contrapicado, otorga al paisaje, objeto o personaje retratado una sensación de inabarcable, de miedo, de inmenso. Sin embargo, es solo un juego; un juego de perspectivas, porque al final, la distancia es la misma, se mire desde uno u otro lado.
Todo esto para contarles cómo el fin de semana pasado vi frustrados mis altos vuelos gracias a Iberia. Primero en el mostrador de Santiago del Monte, donde la empleada que facturaba el equipaje restaba importancia al retraso que sufría el avión que me disponía a coger y aseguraba que la conexión de mi vuelo con Sevilla, cuya escala realizaba en el aeródromo madrileño, no se vería afectada. «Van muchos pasajeros a ese destino en este vuelo, seguro que les esperan». Una afirmación demasiado optimista teniendo en cuenta que «los muchos pasajeros» eran un grupo organizado del Imserso, lo que siendo realistas dificultaba su llegada a la carrera a la puerta de embarque.
No llegaron ellos, tampoco llegué yo ni mi hermana que lengua fuera y maleta en mano nos dirigimos jadeantes al segundo mostrador que nos reservaba la jornada. Solo en un día llegaríamos a visitar cinco. Pero quedémonos por el momento en éste, el de atención al cliente, el cual sumaba una extensa cola en la que viajeros con caras pesarosas esperaban su turno para la queja. La nuestra fue lo suficientemente enérgica y desesperada como para derivarnos a otra planta donde aseguraron que nos iban a reembolsar el dinero. Teníamos que actuar en Sevilla a las 22.00 horas, lo que nos impedía tomar el siguiente vuelo en el que nos reubicaban, porque sí, los sábados Iberia es la única compañía que opera a la capital andaluza y solo lo hace en dos frecuencias por la tarde: a las 15.50 horas y otra a las 22.45 horas.
Así que hay estábamos de nuevo con nuestras maletas y lenguas fuera, aunque ahora, con un poquito de esperanza que enseguida se vio ahogada cuando ya en el mostrador de la segunda planta nos dicen que el reembolso no es posible, que ellos nos habían ofreció otro vuelo y que si no lo queríamos, pues tampoco ellos nos querían devolver el dinero. Una aseveración que derivó en una conversación acalorada en la que yo, educada, le dije al empleado que había contratado un vuelo para estar a las 17.00 horas en Sevilla y que ellos nos ofrecían llegar de madrugada, a lo que él respondió que el retraso no era responsabilidad de Iberia, que eran «motivos extraordinarios», que la tarifa que habíamos comprado no admitía la devolución del dinero y que «señora, usted no ha leído la letra pequeña». Así que le pedí la hoja de reclamaciones aunque no le llegué a sugerir qué podía hacer con ella, y la siguiente viñeta es el mostrador de la estación de Atocha, en el que pagamos 83 euros por el trayecto del AVE.
Y la verdad, llama la atención que ninguna de esas voces que exigen la regulación de la Red, esas que critican el «todo gratis» al que dicen que anima Internet, no hayan alertado sobre el abuso que practican ciertas compañías del sector turístico a través de las denominadas «tarifas web». Esas por la que usted contrata un servicio a un precio más barato a condición de perder el dinero en caso de que ocurra algo «extraordinario». Sin embargo, es solo un juego, un juego de poder, porque al final, aunque la palabra es la misma, el significado de «lo extraordinario» nunca es el mismo para el que se queda el dinero que para el que se va sin él.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | febrero 2011 |

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