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CUANDO SEAMOS VIEJOS

Por Alicia Álvarez (4 de febrero, 2011)

Es solo una sensación, pero lo suficientemente desconcertante como para hacerte acatar sin rechistar lo que otros te digan. Así describió este estado Francesco Tonucci en una entrevista que le realicé hace tiempo cuando se encontraba en Gijón para pronunciar una conferencia en el Centro de Recursos del Profesorado. Decía este prestigioso pedagogo italiano, que lleva más de treinta años estudiando y cuestionando la tradicional pedagogía infantil, que uno de los mayores errores de la metodología educativa es emplazar a los niños a comprender ciertas cosas cuando sean adultos. Y lo resumía en esa frase que tantas veces habrán oído en boca de algunos profesores y progenitores: «No importa que no lo entiendas ahora, ya lo harás cuando seas mayor». Un emplazamiento a la comprensión en la vida adulta, al día de mañana, que hace que el infante, como poco, acate y, como mucho, no tenga ni puñetera idea de por qué lo hace. De este modo, el niño ni es ni se siente tratado como un ser pensante. Tan solo como un proyecto o aspirante a convertirse en alguien que lo será en el futuro por el mero hecho de ser mayor. Como si fuera una causa-efecto. Como si la condición de adulto llevara intrínseca la capacidad de comprender todo nuestro alrededor.
Y bueno, digamos que esta frase concreta condensa y explica a la perfección el discurso del Gobierno desde que dio comienzo la crisis económica. Una política correctiva, que no importa que no entendamos, porque a la vuelta de los años veremos lo necesario que ha sido llevar a cabo todas esas medidas. Un paso más allá de la prevención por la que apostó Bush, ya que ahora no se trata de inventar leyes para contestar probables amenazas, sino de reformar lo que ya es una realidad con la intención de evitar un desastre seguro; seguro para algunos, claro, porque ni ustedes ni yo sabemos realmente cómo será ese futuro. Si embargo, ellos, los que gobiernan, lo ven claro a través de su particular bola de cristal.
Sirva de ejemplo el informe financiado por el laboratorio farmacéutico Abbott que esta semana recogía la prensa sobre el sistema público de sanidad, en el que el ex ministro Bernat Soria (coordinador de este estudio) abogaba por medidas como un carné por puntos contra los abusos de pacientes, el tique moderado, la factura en sombra y el copago. El objetivo, claro, evitar la futura «burbuja sanitaria». Ni que decir tiene que ésta tampoco la debieron de prever los mismos que ahora alertan de sus peligros.

Y francamente, llama la atención esta tendencia tan de moda al parche. Esa inclinación por el remiendo. Ese gusto por zurcir el sistema del que últimamente hacen gala los gobernantes. Que los ciudadanos fuman, pues vamos a prohibir su consumo en los lugares públicos. Que los conductores se matan en la carretera, pues vamos a poner el carnet por puntos. Que los internautas descargan archivos de internet, pues vamos a cerrar webs. Y es que para qué invertir en educación vial, ambiental, sanitaria. Para qué invertir en una ciudadanía consciente y concienciada. Para qué perder el tiempo explicando. Lo que se necesita son resultados inmediatos. Así que no importa que no lo comprendamos ni que tengamos esa desconcertante sensación de no saber qué es lo que está ocurriendo. Ya lo haremos más adelante. Quizás cuando seamos viejos.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(1) | febrero 2011 |

1 Respuesta a “CUANDO SEAMOS VIEJOS”

  1. Antonio Escribió:

    Estoy de acuerdo con lo que escribes. Parece que quieran suplir la labor educativa con las leyes. Así se evitan polémicas morales con la educación y llegan a la asepsia moral a través de las leyes: esto se hace así por ley (no entro si es bueno o malo, simplemente es legal o ilegal y punto). Eso puede dar lugar a que hoy algo es legal, mañana sea ilegal y pasado otra vez legal. Así, sin fuste.

    Lo importante en mi opinión es fundamentar la educación en unos valores positivos. ¿En qué referenciarlos? De acuerdo que no es tarea fácil, pero nadie dijo que lo fuera. El caso es que para mí eso es lo primero y después viene legislar, no que una cosa sustituya a la otra.

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