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CUESTIONES DE PESO

Por Alicia Álvarez (28 de enero, 2011)

Ilusa de mí, por un momento creí que era la noticia de la semana. «Un kilo pesará 50 microgramos menos», decía el titular que recogía la reunión de un grupo de científicos británicos en Londres para tratar de redefinir las unidades de medida universales, entre ellas las relativas al peso. Y en fin, si llegaran a un acuerdo, pues estaríamos ante, nada menos, que un nuevo kilo que pesaría justo 50 microgramos menos del que tenemos ahora como modelo. Una magnitud muy pequeña, casi como un grano de arena, pero de enorme trascendencia social. Y no sólo porque Victoria Beckham vaya a reducir su talla de pantalón, sino porque la norma indica que las unidades universales deben permanecer inalteradas en el tiempo y ser accesibles de forma general.
Así que ahí estaba yo, extasiada con la noticia, sintiéndome más esbelta y ligera e intentando calcular sin éxito mi nuevo peso, cuando va e irrumpe en escena el presunto caso de corrupción asturiano, al más puro estilo marbellí pero sin tonadillera, aunque eso ya lo compensa la zarzuela del teatro Jovellanos y la feria de Begoña, no vaya a ser que los asturianos nos sintamos distintos al resto.
El caso es que irrumpió la noticia y como pasa con todo lo extraordinario, acaparó la luz de los focos mediáticos dejando en sombras cosas tan sabrosas (informativamente hablando, claro) como las declaraciones de los parlamentarios nacionales asturianos del PP que también recogía esta semana la prensa. Esas en las que decían apoyar el cambio del sistema de pensiones, en el que existe la posibilidad de que un diputado o senador reciba la retribución máxima al final de su vida con solo haber estado siete años en el escaño. Y es que según sus señorías, ellos apoyarían que se revisase la medida como una forma de dar ejemplo a la ciudadanía en estos tiempos de crisis. Pero ojito con lo que se dice, también con lo que se hace, porque esa frase es presuponer que los políticos tienen entre sus responsabilidades servir de modelo a los ciudadanos. Y lamento informarles, señorías, que ustedes son sólo representantes. No se trata de cobrar menos para ser un buen ejemplo. Se trata, sencillamente, de aplicarse el cuento.
Y es que desde las alturas todo se ve más pequeño, pero también la caída es más grande. Así, a plomo, cayó la «ley Sinde» en el Congreso. Primero en desgracia, luego en el debate, donde la argumentación de la ministra de Cultura caería por su propio peso y finalmente en el Senado, donde en plan doctor Frankenstein, CIU, PSOE y PP le han devuelto la vida. Aunque para peso, el que se ha quitado de encima Álex de la Iglesia, que en un acto de valentía, y quien sabe si buscando postularse como representante de los usuarios de la red, ha dicho que tras los «Goya» piensa dimitir como presidente de la Academia de Cine.
En fin, ver para creer, que es una de las premisas de la justicia y por eso, en cualquier momento a todos también nos puede caer encima el peso de la ley. Incluso a los que dirigen una consejería.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | enero 2011 |

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