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AHORA TODOS JUGAMOS

Por Alicia Álvarez (21 de enero, 2011)

No es que no me lo crea. Simplemente me cuesta creerlo. Me refiero a esas cartas firmadas por políticos que de vez en cuando asoman en la prensa escrita. Misivas dirigidas a los ciudadanos con el ánimo de calmar alguna que otra polémica, o simples tribunas de opinión. En todo caso, «speeches» mejor orquestados que los discursos improvisados al calor de un micrófono o cámara y que, lo dicho, desprenden cierta sospecha de estar elaborados por una pluma ajena al firmante. Pero entiéndanme, no es que les presuponga incapaces de hacerlo por ellos mismos, sencillamente creo que el diseño de la política actual, enmarcada en la telecracia y basada en los personalismos, hace más probable que la autoría de esos discursos pertenezca a un gabinete o grupo de asesores contratados para crear esos mensajes en cuestión.
Sin embargo, y tras leer con atención -y no menos perplejidad- la carta publicada el pasado martes en un diario de tirada nacional por la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, hay que admitir que, de confirmarse mi sospecha, esta práctica también tiene sus excepciones. Sin duda, hay algunos políticos que prefieren escribir ellos mismos lo que firman. O, al menos, ésa es la única explicación que encuentro al artículo titulado «El adversario es otro». Un pobre intento de apaciguar el debate sobre las descargas en internet llamando a la unión de los que la Ministra considera adversarios: los internautas y los creadores. Para ello, González-Sinde echa mano de Cervantes y, ya de paso, viene a decirnos cómo somos los usuarios de la red. Ciudadanos -y cito textualmente- que llevados por «la pérdida de lo público, la crisis de las instituciones, la indiferencia hacia la política, la precariedad de nuestros vínculos laborales o personales, la incertidumbre y la desconfianza» pensamos que la red es lo único que puede «cubrir ese vacío inmenso que percibimos, aunque no sepamos muy bien a qué achacarlo». «Ciudadanos del siglo XXI», continúa diciendo la Ministra, que al parecer «tenemos la percepción no sólo de que internet es nuestro, sino de que nuestras opiniones cuentan más allí que en el espacio físico donde desarrollamos nuestras insatisfechas vidas. Podría decirse incluso que para muchos sus vidas virtuales son mejores que las reales».
En fin, una disertación sobre la vacuidad existencial del hombre actual que poco o nada tiene que ver con las descargas de archivos sujetos a derechos de autor. Y eso, que la Ministra haya reflexionado sobre eso y no sobre los cambios que tiene que adoptar la industria cultural ante este nuevo escenario, es lo que denota el enorme desconocimiento que González-Sinde tiene no ya de la red, sino de la sociedad que hace uso de ella, de nuestra sociedad. Porque, en efecto, en el siglo XXI los ciudadanos estamos más sometidos que nunca al enorme flujo informativo que desprenden esas múltiples pantallas que ahora forman parte de nuestras vidas; la del ordenador, la del móvil, la del iPad. Pero ése no es el cambio que habría que resaltar. La gran diferencia con sociedades anteriores que no usaban internet es que ahora los ciudadanos ya no somos meros receptores pasivos. No somos esos espectadores que agotados tras la jornada laboral llegan a casa y se tumban frente a la tele a ver lo que les echen. Ahora hay un espacio -la red- donde se ha multiplicado la oferta y con ella nuestra capacidad de elección. Ahora todos jugamos, todos participamos. Ahora el ciudadano cada vez es más consciente de su estatus de consumidor, de cliente, de votante.
Pensar en el uso de internet como un bálsamo ante la insatisfacción ciudadana o en la red como el lugar donde se desarrolla una segunda vida virtual (hace ya mucho que Second Life pasó de moda, señora ministra) es simplemente no tener ni pajolera idea de lo que es internet. Y alguien, algún asesor o gabinete de comunicación, tendría que decirle a la Ministra que la red es, sencillamente y para la mayoría de los que la utilizan, una herramienta de trabajo, comercio, ocio y comunicación que forma parte de su más mortal y real rutina.
Y es que lo que verdaderamente cuesta creer es que la ministra de Cultura no tenga claras estas premisas. Sin ellas, difícilmente se puede debatir, ya no digo regular, el escenario que ha confeccionado el desarrollo de las nuevas tecnologías.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(1) | enero 2011 |

1 Respuesta a “AHORA TODOS JUGAMOS”

  1. Antonio Escribió:

    Una vez más, no puedo estar más de acuerdo con el artículo.

    Quería apuntar esa manera, ese intento de ‘poner cerco’ a los internautas. ‘El colectivo de los internautas’ dicen. Parece que tales individuos pertenecen a la secta de internet. En mi opinión ciudadano e internauta forman parte del mismo concepto.

    Por otro lado, según tengo entendido, aún está por llegar una forma de internet en la que realmente se produzca un peertopeer real, de PC a PC, sin tener que pasar por un servidor que haga de nexo de unión o control como sucede actualmente. Si eso se logra puede que en el futuro no haga falta ni la clase política y nos bastemos los internautas-ciudadanos por nosotros mismos, jeje, aunque no creo que llegase a verlo. (Es que he leido mucho a Asimov…)

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