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BUENOS Y MALOS

Por Alicia Álvarez (7 de enero, 2011)

Es inevitable. Con el tiempo, o más bien, con los años, la Navidad se va tornando triste y envidiosa. Triste, porque ya no hay quien se la crea y envidiosa, porque ojalá una pudiera volver a creérsela aunque solo fuera por unas horas. A mí, por ejemplo, me lo dijeron de golpe y porrazo. De un plumazo y en una sola frase cayeron los Reyes Magos y ya de paso, el Ratoncito Pérez. Así, sin anestesia. La edad de la inocencia había pasado y se suponía que ya podía vivir sin edulcorantes psico-mágicos, que ya era capaz de asumir la realidad por cruda que fuera.
Pero los años no siempre son un buen termómetro de madurez. Se hacen verdaderas estupideces con más de treinta y se dicen verdades como puños con menos de tres. Por eso, de todos los argumentos que he escuchado estos días a favor de la ley antitabaco, el que me resulta más inconcebible es el que he oído entre algunos fumadores: «Yo estoy de acuerdo con la prohibición, porque así fumaré menos». Una postura, terriblemente cómoda, pero sobre todo, tremendamente infantil. Y es que visto lo visto, algunos prefieren que sea papá Estado el que a través de las sanciones les separe de lo que es perjudicial para su salud. Porque sí, dejar de fumar es duro. Pero aún lo es más asumir que uno no tiene la fuerza de voluntad ni la determinación para enfrentar su dependencia, lo cual, y por cierto, se puede hacer desde hace muchos años con ayuda médica en cualquier centro de salud. Pero es justo ahí, en esa inseguridad o en el uso que algunos tipos de acción política hacen de ella, donde reside el gran éxito de esta clase de normas: lograr, no que muchos vayan a dejar de fumar en los próximos meses, sino que piensen que lo han hecho gracias a la prohibición; es decir, gracias a la mano dura.
Y es que aunque fuera verdad que el Estado solo quiere velar por la salud pública, y de momento, déjenme que lo siga poniendo en duda, cabe preguntarse sí el Gobierno está utilizando las estrategias adecuadas para lograr tal objetivo. Lo digo, porque en los pocos días que lleva en vigor la normativa, ya me he cansado de ver a políticos y asociaciones de consumidores promoviendo o si lo prefieren, promocionando la denuncia ciudadana, a medios de comunicación recogiendo supuestas agresiones de fumadores a no fumadores que luego se descubren peleas comunes y a representantes de asociaciones antitabaco erigirse en los nuevos clientes estrella de las cafeterías, establecimientos en los que ahora, y según el telediario de la televisión pública, presentan una nueva imagen; en concreto y según el informativo del día 2 de enero, primer día de la ley antitabaco, la de una mujer, símbolo de la vida y pureza digo yo, dando de mamar a su niño en medio de la cafetería.
Díganme si eso no es una imagen partida, dividida. Si no es el mundo reducido a sus aspectos más básicos y primarios. Tierra, fuego, aire, agua. Buenos y malos, frío y calor, Norte y Aur, yin y yang? El mundo en dos, como una naranja. Justo a la mitad, sin matices, sin medias tintas. Es así o es asá. Y lo es, porque de esta manera siempre es más fácil identificar al enemigo. Hace un mes los controladores aéreos, ahora los fumadores y no se preocupen que otros vendrán; vendrán otros a ocupar su lugar, aunque no serán ni la crisis, ni los bancos, ni la retirada de ayudas a los desempleados. Tendrán nombre, tendrán cara y el Estado se encargará de combatirlos para velar por nuestra seguridad; para cuidarnos como a niños. Aunque ya no lo seamos. Aunque ya no creamos en la Navidad.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(1) | enero 2011 |

1 Respuesta a “BUENOS Y MALOS”

  1. Charly Castañón Escribió:

    Saludos Alicia. Hace unas semanas que conocí tu blog y tus artículos y desde entonces ya se han hecho un hueco en los favoritos del navegador. Me encanta esa visión que tienes de las cosas, mirándolas no sólo de frente sino buscando los perfiles y los matices de color y luego contándolas con claridad y con estilo. Mi más sincera enhorabuena y gracias por el gusto que da leerte.

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