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SARA Y LA FABA

Por Alicia Álvarez (2 de julio, 2010)

No sé por qué la llamaban «La faba», pero ese era el mote de mi profesora de inglés cuando iba al colegio. Apodo heredado, de esos que van pasando como testigo de curso en curso sin otra intención que perpetuar la incomodidad que, a buen seguro, causaba tal apelativo en la docente. Sobre «La faba», como sobre muchos otros profesores, también se cernían rumores varios; que si había aprendido inglés con un curso de Planeta DeAgostini, que si antes había sido profesora de educación física? y alguna historia más que ahora no alcanzo a recordar. En definitiva, informaciones con un origen tan incierto como el de su propio mote, que aun así, lograron trasmitirse entre los cursos que iban justo por encima y detrás de mí. Probe faba.
El caso es que hace unos días volví a pensar en ella cuando le pregunté a un amigo de dónde era el chico con el que había estado charlando en la cola del aeropuerto de Casablanca. La curiosidad respondía al atuendo del chaval, más parecido al vestuario de un musical de los años setenta que a las ropas de un turista del 2010. Pero en fin, estilismos aparte, lo que más me llamó la atención fue su contestación: «No sé de donde será, pero seguro que no es español porque habla inglés perfectamente». Una afirmación que venía a poner la guinda a todo un fin de semana observando, una vez más, como los españoles, en su mayoría incapaces de hablar una segunda lengua y ya de paso, carentes de toda sensibilidad, nos solemos decantar en el extranjero por hablar al alto la lleva para hacernos entender. Como si el hecho de elevar el tono de voz y ralentizar la vocalización hasta casi deletrear las palabras lograra que una persona que no habla nuestro idioma pudiera entender que queremos tomar una “Cooo-caaa-cooo-laaaa, pe-ro que nooo tennn-gaaaa hieee-looo, ¿vaaa-leee? ”
Por eso recordé a «La Faba». Porque todavía hay veces que me resulta difícil entender cómo es posible que ciertas generaciones, tras toda una vida escolar estudiando este idioma, no seamos capaces de pedir ni un vaso de agua. Pero es posible. Tanto como para que durante una semana la periodista deportiva Sara Carbonero haya sido vilipendiada por la prensa española citando unas supuestas acusaciones de la prensa británica.
Y es que si alguno de los periodistas que han difundido esta noticia se hubiera tomado la molestia, primero, de acudir a la fuente y no repetir lo que han dicho otros medios, y segundo, de haber traducido correctamente lo que decía The Times, habría comprobado que las noticias citadas «Goalie’s girlfriend starts the Spanish Inquisition» (La novia del portero pone en marcha la Inquisición española) y «Spain’s defeat? Blame the girlfriend» (España derrotada, culpad a la novia), no solo no culpaban a Carbonero de la derrota, sino que muy al contrario, recogían con ironía británica la reacción en los foros futboleros de nuestro país donde- echando balones fuera- sí que se acusaba a la periodista de desconcentrar a Iker Casillas Es decir, que durante una semana, hemos estado leyendo, y aun más, debatiendo sobre informaciones tan poco contrastadas como el origen del mote de «La faba. Probe Sara.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | julio 2010 |

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