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VIRGENCITA, QUE SE QUEDE COMO ESTÁ

Por Alicia Álvarez (20 de noviembre, 2009)

Yo como fan no espero la evolución de un grupo. Espero que me den más de aquello que me gustó en su momento, que hagan un álbum que no cambie respecto al primero. Y así actuamos como banda». Las declaraciones no son mías -ya me gustaría-, sino que pertenecen a Eirik Glambek Boe, cincuenta por ciento del dúo musical «Kings of Convenience», encarnación noruega de «Simon and Garfunkel», aunque los chavales se esfuercen en afirmar que jamás han escuchado un disco entero de ellos.
El caso es que he querido rescatar estas declaraciones en las que Glambek hablaba de su nuevo disco porque sencillamente me parecieron lo más irreverente que había leído en mucho tiempo. Un soplo de libertad, franqueza y convicción que me hizo envidiar aún más a estos dos músicos noruegos cuya filosofía no pasa por rendirse a las exigencias del mercado. Ni en lo creativo ni, por supuesto, en la manera en que se comercializará esa creatividad.
Una filosofía que comparten y practican otras muchas bandas musicales, otros muchos autores y también, otras muchas propuestas culturales como el Festival Internacional de Cine de Gijón. Sin embargo, este último, a diferencia del dúo noruego, tiene miedo a repetirse. Así de franco se ha mostrado su director, José Luis Cienfuegos, estos días previos al arranque de la 47.ª edición. Franco y sin miedo a compartir con los medios su mayor temor: que el certamen se acabe convirtiendo en algo previsible.
Y entiendo la reserva, porque son quince años los que Cienfuegos lleva al frente del certamen, pero sobre todo la comprendo porque ya hace tiempo que el mercado sustituyó la necesidad por la novedad. Los tiempos entre las diferentes ofertas literarias, cinematográficas o telemáticas que salen a la venta se han vuelto casi imperceptibles. Es imposible estar a la última porque al poco de haber adquirido el último modelo aparecerá ese mismo producto con una nueva prestación. «Un paso adelante», una «vuelta de tuerca» o demás premisas son ya imprescindibles para poder caminar como hámsteres en la rueda del consumo. Una condición que todos los que formen parte del mercado parecen obligados a cumplir.
Sin embargo, el gran valor del FICXixón ha sido conseguir que una propuesta independiente, en principio minoritaria, se convierta en un fenómeno durante diez días. Han logrado acabar con el vacío que durante todo el año reina en las salas de cine gijonesas y demostrar que existe un público dispuesto a consumir otras propuestas y, además, a hacerlo de forma masiva.
En definitiva, el Festival Internacional de Cine de Gijón se ha cargado de un plumazo las críticas que devaluaban este certamen por minoritario. Y lo más meritorio es que lo ha hecho sin abrir su programación a cintas más comerciales o desplegar una alfombra roja con caras conocidas para captar la atención. Sencillamente ha sido fiel a su filosofía independiente y ha confiado en que una buena comunicación, en que una buena presentación del productor, puede atraer más miradas que únicamente las de aquellos que están acostumbrados a ver cine alternativo.
Así que, virgencita, que se quede como está porque ésa y no otra es su mayor virtud: que no necesita la novedad para interesar.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | noviembre 2009 |

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