Foto de Alicia &Acute;lvarez

Menú

Últimas noticias

IDENTIDAD TURISTA

Por Alicia Álvarez (12 de agosto, 2009)

El anonimato. Esa es la única explicación que se me ocurre. Si no, sería muy difícil entender por qué cuando una llega a casa tras las vacaciones y abre la maleta encuentra junto a sus pertenecías sombreros de ala ancha, collares de corales, vestidos ibicencos y algún que otro pareo estampado que, vistos ahora bajo la luz asturiana, se revelan como prendas imposibles que una jamás se atrevería a lucir en el «Xixón del alma». Debe de ser por el anonimato y porque cuando una está lo suficientemente lejos de casa, es casi inevitable no caer en la tentación de adoptar por unos días una nueva identidad; identidad de turista, claro, que no sólo te permite llevar tales prendas o hacer topless en la playa con absoluta desinhibición, sino sentir que son posibles otras maneras de vida más plácidas, menos encorsetadas y más tranquilas. De ahí que hace una semana, al subirme al avión que me traería de vuelta a casa tras 10 días en Almería, pensara con pesar que ojalá durase un poquito más esa condición de «extranjería».
Nada más lejos del deseo, por cierto, de aquella mujer que, una fila más atrás en el avión y con firme orgullo español, agredía verbalmente al auxiliar de vuelo. Y es que el ambiente ya venía caldeado, y no por las turbulencias (que también), sino porque la pasajera en cuestión no pudo facturar una maleta que excedía el peso fijado por la compañía aérea; 15 kilos por persona que el maletón de la susodicha, vistas sus dimensiones (digo las de la maleta, no las de la pasajera) superaba con creces. La solución, sencilla y sobre todo perfectamente legible en la tarjeta de embarque: pagar por cada kilo de exceso de equipaje. Y ese día, el mercado aéreo fijaba el coste en 15 euros por kilogramo, lo que en su caso supondría un sobrecargo de 150 euros. Una cifra que la pasajera se había negado a desembolsar ya que aseguraba estar viajando con la misma maleta que ya había traído en la ida.
Sin embargo, a medida que avanzaba el vuelo, la señora del maletón fue revelando el verdadero motivo de su ira: la nacionalidad de la tripulación y en concreto, del auxiliar de vuelo que trataba de explicarle con ayuda de una intérprete las normas de la compañía y a quien, tras llamar sinvergüenza y maleducado por no dirigirse a ella en castellano, comenzó a increpar a voz en grito preguntándole si al menos dominaba otras lenguas románicas: ¿italiano?, ¿francés, quizás? A lo que el azafato respondió en perfecto inglés: «No, sólo hablo húngaro, ruso, alemán e inglés», para poco después recordarle que estaba viajando con una compañía irlandesa.
«Ya lo sé, no soy tonta. Yo he viajado por todo el mundo», respondió la señora del maletón justo antes de confesar sin querer a la joven que ocupaba el asiento contiguo, y que a juzgar por su mirada estaba valorando la posibilidad de ahorcarse con la mascarilla de despresurización, que efectivamente viajaba con el mismo equipaje que en la ida, pero no con la misma compañía.
Supongo, que cada uno elige el tipo de licencias que te da la identidad de turista.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(2) | agosto 2009 |

2 Respuestas a “IDENTIDAD TURISTA”

  1. gabino go home Escribió:

    ….esto lo he hablado hace unos dias con un amiguete, y la conclusión a la que llegamos es a lo de siempre: el que dirán….cosa muy habitual en uviéu, y como veo tambien en tu “xixón del alma”….el anomnimato esta bien, pero está mejor que asumas que te gustan los collares horteras, los vestidos ibizencos o si tienes o no los pechos atractivos para tus vecinos de ciudad….esto último, lo de tomar el sol en topless me parece de lo más ridículo de la idiosincrasia generalizada asturiana……

  2. Jaume Escribió:

    Una actitud muy española, la de esa señora. Yo también he vivido situaciones sonrojantes viendo el comportamiento de algunos turistas españoles en el extranjero. La última vez, la bronca de un sujeto a un empleado de un hotel mientras le pedía “papel del váter” porque se le había “acabao”. El empleado cometió la irresponsabilidad de no hablar la misma lengua que el cliente: “que no sabes español…, ¡pues con el español se va todas partes!”.

Escribir comentario