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POSTURAS II

Por Alicia Álvarez (10 de julio, 2009)

Recordarán que la semana pasada reflexionaba acerca de las posturas. De lo costoso que resulta a veces adoptarlas con corrección. Entre otras cosas, decía, porque posturas hay muchas: las oficiales, las oficiosas, las vitales, las ideológicas, las editoriales? En fin, un extenso abanico de posiciones que este miércoles, viendo el ensayo general del Circo del Sol, se desplegó ante mí, lamentablemente, aún más claridad. Y digo «lamentablemente» porque viendo «Varekai» una se siente flácida, atrofiada, quejumbrosa, oxidada y chirriante. Se siente todo eso y, a la vez, extrañamente cómoda ante la exhibición. Pero no sólo porque una crea ser durante unas horas la reina de la corte, disfrutando del entretenimiento que le reporta el esfuerzo ajeno, sino porque esa postura, la de la contemplación (aquella que solo requiere estar sentado y disfrutar del evento) es la que seguro que a ustedes y a mí nos resulta más natural de adoptar. Entre otras cosas, porque somos y ejercemos de audiencia durante muchas horas al día.
Sin embargo, «Varekai», a diferencia de la mayoría de espectáculos que estamos acostumbrados a ver en la actualidad, no solo exhibe la destreza de sus componentes, sino que también enseña sin complejos que la magia que allí se muestra es sólo un artificio; una ilusión hecha a base de brillantina, lentejuelas, cartón piedra, maquillaje y tules. El objetivo, como en los trucos de magia, no es que las personas que lo vean crean estar ante un hecho real (todo el mundo sabe que no se puede sacar un conejo de una chistera), sino que el público se fascine ante la posibilidad de que alguien pueda hacer que eso parezca verdad.
Y eso contrasta fuertemente con el culto a la veracidad que ya hace unos años la telerrealidad trata de imponer en el público. Algo que he podido comprobar esta semana con la llegada a mi televisor de la famosa cadena MTV. Un canal supuestamente joven, en el que es imposible encontrar un anuncio de pasta fijadora para prótesis dentales o de compresas para pérdidas de orina. MTV es, visto lo visto, lo más parecido al rancho de Michael Jackson. Un verdadero país de nunca jamás en el que ni presentadores ni cantantes ni concursantes llegan a la treintena. Pero sobre todo, un país en el que todos los programas muestran «supuestamente» la realidad.
Concursos en los que pandilleros tratan de aprender buenos modales, en los que jóvenes imberbes se entrevistan con distintas madres para escoger una novia o en los que estrellas de «Play-boy» se dejan seducir por equipos de chicos heterosexuales y jóvenes lesbianas. Todo esto, claro, seguido por una cámara al hombro que trata de aumentar la sensación de realidad; que tiene por objetivo hacernos creer que lo que vemos es real. El problema es que cuando termina el espectáculo los participantes no se quitan, como los miembros del Circo del Sol, la mascara para saludar. Y seguramente por eso la audiencia de estos programas no se maravilla con tanta facilidad. Como dijo Baudrillard, ya no se trata de conseguir que las masas interpretemos falsamente la realidad, sino de ocultar que la realidad ya no es necesaria, que es suficiente su simulación.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | julio 2009 |

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