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POSTURAS

Por Alicia Álvarez (3 de julio, 2009)

¡Milagro! Por fin he encontrado el camino a la rectitud. Concretamente lo hallé hace dos semanas. Bueno, hace dos semanas y también seis sesiones de fisioterapia, verdadera responsable de mi recién estrenada verticalidad. Y es que los caminos de la «operación Bikini» son inescrutables, porque basta que una decida arremangarse y convertirse a la vida sana para quedarse clavada en pleno abdominal. Y, en fin, el resto de la historia se la pueden imaginar: varios días articulando mi cuerpo en bloque como si fuera «Robocop», una visita relámpago al fisioterapeuta recomendado por un amigo, la compra de una manta eléctrica como nueva inversión familiar, la emoción casi infantil ante el primer giro de cuello y, sobre todo, la toma de conciencia de que el cuerpo tiene, como una servidora, bastante mala leche. Vamos, que cuando lo molestas se queja y con razón.
Sin embargo, tras varias semanas experimentando eso de la derechura corporal, he de reconocer que lejos de sentirme cercana a la elegancia de una bailarina he comenzado a echar de menos las malas posturas. Las solitarias -cargar las lumbares, sacar la chepa o dejar en reposo la barriga- y también las que se hacen en compañía -abrazos imposibles en el sofá, la cama y demás estancias de la casa-. En fin, que el hábito hace al monje y los malos hábitos posturales hacen las contracturas, lo que no quita para que una, tras varios años conviviendo con ellos, haya acabado por cogerles cariño. Y es que difícil no adquirirlos cuando existe tan amplio abanico. Porque sí, posturas hay muchas.
Por ejemplo, están las imposibles (imposibles de encontrar, claro, como la de la lectura en la playa); las complicadas (como esas que nos ilustra el panfleto de emergencia de los aviones) o las de yoga (que nos estiran en forma de perro, gato o saludo solar). Hay éstas y hay otras más, que además requieren mayor destreza. Son, por ejemplo, las vitales (que nos hacen ver las cosas desde una óptica concreta); las ideológicas (por las que cojeamos de uno u otro lado) o las oficiales (que emanan del Estado y afectan al cuerpo social). Y, por último, y dentro de esta categoría, está la postura editorial, que sería el posicionamiento de un medio de comunicación respecto a un hecho o acontecimiento.
Y sí, probablemente ésta última sea la que resulte más difícil de adoptar con corrección. Entre otras cosas, porque su repercusión no será otra que colaborar en la construcción de la realidad social. Algo que la mayoría de los medios de comunicación parece no haber tenido en cuenta a la hora de dar cobertura a la muerte de Michael Jackson. Basta hacer un sencillo ejercicio de hemeroteca para concluir que las malas posturas no son únicamente más sencillas de adoptar (lo difícil hubiera sido escapar al sensacionalismo y asumir que el «rey del pop» murió de un vulgar paro cardiaco), sino que también resultan más rentables a la empresa periodística. Pero no olvidemos que el cuerpo social, como el individual, tiene también bastante mala leche, y si lo molestas se terminará por quejar. Y con razón.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(1) | julio 2009 |

1 Respuesta a “POSTURAS”

  1. Tin Escribió:

    Me da qué pensar lo de la realidad social. Posiblemente el mundo sea otro y no el que nos bombardean por todos lados.

    Un saludo

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