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ESTIMACIONES

Por Alicia Álvarez (15 de mayo, 2009)

2009-05-22_img_2009-05-15_02_01_00__2125716.jpgCantaban Les Luthiers en su mítico sketch del Bolero del maestro Mastropiero: “Te amo… cuánto te amo… te amo, te amo, te amo… En realidad… Te aprecio… te estimo… bastante…” Y es que la estimación, cuando hablamos de amor, es definida como aprecio, consideración o afecto. Tres cualidades de las que carece mi compañía eléctrica ya que cuando nos referimos a la factura de la luz, la estimación toma únicamente su primera acepción: “Aprecio y valor que se da y en que se tasa y considera algo.” Definición utilizada por el servicio de atención al cliente para justificar que mi última factura superase los 500 euros. Algo que no termino de entender ni yo, ni mi pareja, ni a juzgar por sus explicaciones, la voz de la operadora que al otro lado del teléfono trataba de calmar los ánimos.
Era ya la tercera telefonista que nos atendía en una semana. La primera de ellas, atenta y amable, tomó nota de la reclamación “estimando” que, probablemente se trataba de un error en la lectura del consumo; lectura estimada que, al parecer, se diferencia de la real por un asterisco en la factura (por cierto, si lo encuentran, háganmelo saber porque yo he debido de perder el mío). Así que la operadora se limitó a tomar nota de la incidencia y asegurarnos que un equipo técnico vendría hasta nuestro calentito hogar a hacer las pesquisas pertinentes.
Y así fue. Sin embargo, tras mandarme apagar ordenador, lámparas y demás salvavidas de la vida moderna, los técnicos (quienes por cierto acabaron lamentado su situación de subcontratados) concluyeron que mi contador funcionaba perfectamente. La explicación, entonces, sólo podía ser que me hubieran dejado de cobrar un mes, lo que tampoco tendría lógica pues el sobrecargo tendría que ser sólo de unos 40 euros, que es el consumo medio de mi hogar (setenta y cinco cuando la factura era bimensual). De tal manera que tendríamos que haber consumido en un mes once veces más, lo que sólo se explicaría si durante treinta días hubiéramos estado sudando como pollos a más de 25 grados centígrados, viendo la tele ininterrumpidamente, durmiendo con la luz encendida, cargando los móviles de toda la comunidad de vecinos en nuestros enchufes y poniendo lavadoras día y noche en una orgía de electricidad sin fin.
Así que tras varios días de silencio, con la única noticia de una carta de la compañía que testimoniaba nuestra queja y el recibo pasado ya a la cuenta bancaria, mi pareja y yo “estimamos” que ya estábamos hasta la coronilla y volvimos a llamar al servicio de atención al cliente, donde esta vez nos atendió una señorita que, tras un fallido intento de distraernos buscando el dichoso asterisco, nos dio una nueva explicación. El total de nuestra factura equivalía a la suma de las diferencias entre las lecturas estimadas y las lecturas reales de varios meses. Es decir, que primero habíamos pagado la estimación (que siempre es por lo bajo) y después, de golpe, la diferencia. A lo cual respondimos preguntando cuál era exactamente esa diferencia y a qué consumo en concreto pertenecía. Pregunta que la operadora no supo responder pues no figuraba en el ordenador.
Así que dimos por concluida la conversación que, estimamos, era una tomadura de pelo, y nos dirigimos a la Unión de Consumidores para efectuar la denuncia que, eso sí, interpusimos con mucho amor.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | mayo 2009 |

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