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EL LADO SALVAJE DE LA VIDA

Por Alicia Álvarez (1 de mayo, 2009)

Lo habrán leído, o más bien, lo habrán visto. El Ministerio de Sanidad y Política Social está estudiando una modificación de la Ley Antitabaco que incluye un cambio en el formato de las cajetillas. Así, fotografías de gargantas y pulmones destrozados por el cáncer podrían ser estampadas en las cajetillas con el objetivo de “causar impacto” y “disuadir” a los fumadores de seguir consumiendo nicotina. La norma, en fase de evaluación, viene a reforzar el ya vigente cartelito de “fumar puede matar”, slogan que a pesar de su crudeza no parece haber logrado con demasiado éxito su misión disuasoria. De ahí que se inclinen por una campaña más agresiva, que ya se sabe: “la letra con sangre entra”.
Y la verdad, puestos, como diría Lou Reed, a darse una vuelta por “el lado salvaje de la vida” se me ocurre que Trinidad y demás santoral deberían extender esta propuesta a otras áreas no menos peligrosas y nocivas para la salud, mental y física, de los españoles. Así, resultaría de lo más ejemplarizante y sin duda disuasorio, que los dueños de algunas grandes empresas enseñaran en la puerta de sus despachos la foto de su coche, de su chalet, casa de vacaciones, colegio en el que estudian sus hijos y último televisor ultra plano, ultra grande y ultra caro que se han comprado. De tal forma que el trabajador se lo pensaría dos veces antes de llamar a la puerta y pedir un aumento o mejora en su contrato. En definitiva, conocería los efectos de su trabajo o, más bien, de su plusvalía.
Y ya que estamos y dado que se trata de dar ejemplo, el gobierno bien podría aplicarse el cuento y añadir en las papeletas estampas con las promesas electorales que se cumplieron y, claro está, con las que se quedaron por cumplir. Así, el ciudadano sabría con exactitud los efectos de su anterior voto.
Pero sigamos, porque puestos a enseñar la realidad tal cual es y sin edulcorantes, estaría bien que cuando uno compra determinadas marcas de ropa, las tiendas mostrasen a los niños que trabajan para esas firmas cosiendo sin descanso playeros ergonómicos, que respiran y hasta andan solos. Y por que no, en las facultades, cuando uno se va a matricular con sus tiernos 18 años, una buena foto en secretaría de los becarios que con más de treinta años siguen cobrando una miseria y viviendo en casa de sus padres. Pero continuemos, porque “la verdad está ahí fuera”.
Así que no estaría de más que la ley obligase a que las grandes empresas cosméticas pusieran en los envases de los productos anticelulíticos, no sólo la foto del primer efecto de la crema, sino también la del efecto rebote. Y, por qué no, que los restaurantes añadiesen en sus cartas imágenes de las materias primas, que los anuncios de contactos se completasen con fotos de las redes de trata de blancas y que cuando uno se vaya a comprar una casa, a la par que los planos, la agencia le mostrose la foto de la familia que ha sido expropiada por cuatro perras para construir en esa parcela.
Y sí, seguro que así, todos tendríamos una imagen, no sólo más impactante, sino más exacta de nuestro entorno. La cuestión está en si esa es la forma más adecuada de enseñar la realidad. Si esas imágenes nos conciencian o, simplemente, nos agreden. Y la verdad, una fumadora como yo, se inclina por pensar lo segundo.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | mayo 2009 |

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