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LAS COSAS DE OBAMA

Por Alicia Álvarez (23 de enero, 2009)

El horóscopo, «Independence Day», «Anatomía de Grey» y el póster del platillo volante con la frase «I want to believe» que el agente Mulder tenía en su oficina en «Expediente X» son sólo algunas de las cosas que se me pasaron por la cabeza mientras el pasado martes escuchaba atenta las palabras de Barack Obama.
Pensé en estas cosas y también en la argumentación de Weber en «La ética protestante y el espíritu del capitalismo», en las reflexiones en torno al principio de igualdad de Alexis de Tocqueville en «La democracia en América» y en ese hombre que Hobbes decía «era un lobo para el hombre» en «El leviatán». Pensé en todo esto y, además, lo hice a la par que trataba de averiguar si el enorme lazo que Aretha Franklin eligió para cantar «My country, tis of thee» llevaba (como las diademas del todo a cien) algún tipo de mecanismo que lo hiciera brillar intermitentemente. Creo que no, pero no lo podría asegurar.
En fin, volviendo a Obama y sin entrar en lo parecido que resultó la ceremonia a una superproducción hollywoodiense (me gustaría saber cuánto costó el show y lo que hubiera contribuido esa cifra a paliar los efectos de la crisis), quizá lo primero que llamó mi atención fue el contenido generalista del discurso. Un mensaje falto de concreción en el que cualquiera, a poco de estar un poco predispuesto, pudo encontrar sin mucho esfuerzo alguna idea con la que sentirse identificado. Algo parecido, y de ahí que pensara en el horóscopo, a cuando uno lee la predicción de la semana de su signo zodiacal y asume el texto como si hubiera sido escrito expresamente para él. Pues bien, seguro que el repaso de Obama a la pobreza, la educación, las nuevas tecnologías y el cambio climático dejó satisfechos a muchos ecologistas, educadores, ingenieros y cooperantes, como satisfechos se quedan los tauro, leo y piscis al leer que esta semana su signo «recibirá esa noticia que tanto espera».
Sin embargo, y aun contemplando la posibilidad, como defendieron muchos analistas, de que esta generalidad se debiera a que el ya presidente gozaba de poco tiempo para ser concreto, no fue eso lo que más llamó mi atención. Lo que realmente me resultó interesante fue ver cómo Obama apelaba repetidas veces a la fórmula del trabajo, el esfuerzo y el sacrifico como única vía para la reconstrucción del liderazgo americano, pero, sobre todo, como el único camino para la reconstrucción de la dignidad del país. Y es que no podemos olvidar que EE UU es una nación de raíz protestante, donde la única manera de sobrellevar la incertidumbre ante la predestinación divina (no hay redención, los que se salvarán ya están elegidos de antemano) es honrando a Dios a través del trabajo. Lo dijo Weber: «Toda hora perdida es una hora que se roba al trabajo en servicio de la gloria de Dios». Y de ahí que pensara también en «Anatomía de Grey», una serie que no me gusta, pero que (lo confieso) no puedo dejar de ver, y en la que en cada capítulo su elenco de personajes de diferentes razas y extractos sociales encuentra su virtud y demuestran su honradez a través del trabajo a ritmo de videoclip. Y la verdad, es curioso lo que se parece este mensaje al que pudimos escuchar el martes en boca de Barack Obama: «Nuestro camino (hacia la prosperidad y la libertad) nunca ha sido de atajos o de conformarse con menos. No ha sido un camino para los pusilánimes, para los que prefieren el ocio al trabajo o buscan sólo los placeres de la riqueza y la fama. Más bien, han sido los que han asumido riesgos, los que actúan, los que hacen cosas». Ahora habrá que ver las cosas que hace Obama.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | enero 2009 |

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