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LA ELECCIÓN

Por Alicia Álvarez (16 de enero, 2009)

Yo aún no soy madre, pero supongo que escoger el nombre de un hijo debe de ser una tarea extremadamente difícil. Tener que prever las rimas que se podrán hacer con él en el colegio, cuál será su diminutivo o si coincidirá con diez chavales con el mismo nombre en clase, lo que lo condenará a ser identificado por el apellido o peor aún, por algún tipo de mote. En definitiva, variables a tener en cuenta para que su nombre no condicione su identidad de por vida.
Una ventaja que no tiene la red, donde el «nick» que uno escoge para identificarse es muchas veces fruto de la simple desesperación. Y es que, quien más quien menos, las ha pasado canutas al querer registrarse en alguna página donde el nombre de su mascota, de su madre, de su curro o de algún personaje del libro que está leyendo ahora mismo, parece haber sido elegido ya antes por alguien. Así, con la inventiva extenuada, el internauta se acaba convirtiendo en Juan03cimavilla20, Rosa233, xixon45 o cosas por el estilo.
Sin embargo, la elección desesperada, la del azar, puede a veces condicionar más tu identidad que la elección meditada. Y creo que fue eso, precisamente, lo que hizo que Mr. Optician decidiera que yo y no otra, fuera el blanco perfecto para «timar en la red», una práctica que como publicaba esta semana LA NUEVA ESPAÑA, cada vez está más extendida.
Fue hará tres meses. Y fue mi primera y única puja en eBay, aunque no era la primera vez que entraba en esa página para mirar diversos artículos. Lo que sucedió es que éste, el que nunca llegó a mi casa, era una organetta de los años sesenta (pequeño piano precursor de la melódica que se usa en los colegios para aprender música) imposible de encontrar en cualquier comercio cercano. Vaya, un antojo más estético que funcional, que se me metió entre ceja y ceja y que hizo que me registrara en el portal de subastas más famoso del mundo.
El caso, que tomé todas las precauciones, que en eBay se limitan a que las opiniones del vendedor sean favorables, y seguí todos los pasos recomendados. Cree una cuenta en Paypal para hacer el pago con seguridad, me registré en la web y pujé por el artículo, el cual conseguí a la nada desdeñable cifra de 20 euros.
Un precio bastante menor al que hubiera tenido que pagar por ese mismo instrumento en cualquier anticuario o tienda de música de segunda mano. Y aunque los 20 euros pronto se convirtieron con gastos de envío y manipulación en 70 (una cantidad que me debería haber hecho sospechar), el capricho e inexperiencia hicieron que siguiera adelante.
Así, comenzó una larga espera en la que mi organetta fue mutando lentamente a «la puñetera organetta que no termina de llegar», y Mr. Optician, de nombre William, a «fucking William».
Una odisea que duraría un mes, en el que el vendedor me estuvo mareando con excusas y buenas palabras justo hasta que se me pasó el plazo establecido para la reclamación, un recurso que descubrí que existía en el momento que «fucking William» («el puto William») me respondió por fin con una innumerable lista de amenazas e insultos en perfecto inglés.
Pero ¿por qué Mr.Optician iba a querer timarme teniendo casi un 98% de buenas opiniones de compradores? Pues quizá, porque William se había percatado (como dejaba entrever en su último mensaje) que yo me había registrado por primera vez en eBay sólo para comprar ese artículo; quizás porque el artículo en cuestión no había alcanzado el precio que él esperaba, o quizá, y más probablemente, porque decidió tomarse la molestia de traducir mi desafortunado «nick»: polillita28.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(2) | enero 2009 |

2 Respuestas a “LA ELECCIÓN”

  1. Fran Escribió:

    polillita28… bueno… no tiene nada qué ver con el hecho de que te hayan timado… hay mucho sinvergüenza por ahí, hace tiempo llevé un caso parecido (soy picapleitos), pero lo que se compraba era un coche… en fin… claro que “polillita28″… podías haber escogido otro nombre, ¿no?… qué demonios, lo siento mucho: pero te lo mereces, a quién se le ocurre, hombre.

  2. aliciaalvarez Escribió:

    jejje, toda la razón Fran, no tengo disculpa!

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