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POR LA CÁNDIDA ADOLESCENCIA

Por Alicia Álvarez (19 de diciembre, 2008)

Hay ciertas cosas a las que, aún siendo adultos, resulta muy difícil resistirse. Por ejemplo, a untar el dedo en el chocolate de una tarta recién hecha, a tocar alguna de las teclas de un piano abierto, a explotar el papel de burbujas de embalaje retorciéndolo entre las manos o a pegarle una tímida patada a la lata de refresco que se cruza en nuestro camino.
A eso, y a mover con sigilo una de las piezas de cristal que hay sobre esa repisa de la tienda en la que reza en un enorme cartel la frase «No tocar». A dibujar o escribir en la ventanilla del coche empañada por el vaho, a probar todos y cada uno de los sillones expuestos en Ikea, a escurrir la mirada cuando el que te habla tiene algo entre los dientes o a pensar algún que otro taco cuando entras de visita turística en una iglesia.
Y a decir en voz alta la frase del diálogo que te sabes de memoria aunque estés viendo la película en compañía, y también a cantar en inglés inventado cuando la compañía se haya ido y estés sola en casa. A eso, y a dar alguna que otra licencia poética a tu biografía cuando vas a la depilación, y en el caso de los hombres, cuando van a la peluquería.
O a hacer como que no has visto ese pequeño papel arrugado de la que subes las escaleras y que hace semanas reposa en el descansillo del primero. A mantener una larga conversación sobre una película que jamás has visto, a escuchar la conversación ajena cuando haces que lees en la playa y a mirar a los enamorados cuando se besan apasionadamente en la calle.
Y sí, supongo que también debe de resultar muy difícil resistirse (más cuando lo tienes a menos de tres metros) a tirar un zapatazo al hombre que ya ha sido calificado como peor presidente de los Estados Unidos de América.
Al autor, entre otras cosas, de la guerra preventiva, de la invasión de Irak, de la privatización de la defensa americana a través de subcontratas, y además, uno de los grandes responsables de la crisis financiera en la que todos estamos inmersos.
Y es que, si nos tratan como críos aún siendo adultos, nos comportaremos como ellos. Así que, ahí va mi brindis por la cándida adolescencia.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(1) | diciembre 2008 |

1 Respuesta a “POR LA CÁNDIDA ADOLESCENCIA”

  1. Falco_Amadeus Escribió:

    Alicia,

    Te veo con sobrado talento para hacer un corto de cine, a ser posible con la antigua técnica del stop-motion. La creatividad de una persona se demuestra en los hechos, no en las reflexiones, si bien reflexionar constituye los cimientos de un futuro prometedor.

    La adolescencia es el período de experimentación inter-social por excelencia; se hace y se deshace, se escuchan consejos y se opta por cualquier opción, ya que el concepto de responsabilidad es todavía muy difuso. Cuando yo era adolescente, deseaba ser mayor, tener coche, tener dinero. Ahora, no siendo adolescente, no echo de menos ser adolescente, porque puedo comportarme como tal, y además, tengo coche y dinero.

    Saludos, y feliz 2009 Alicia

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