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QUIERO DEDICAR ESTE PREMIO

Por Alicia Álvarez (18 de octubre, 2008)

Quien más, quien menos lo ha hecho alguna vez. Digo eso de haberse imaginado a sí mismo sosteniendo una fría estatuilla entre las manos, con los ojos semicerrados por la luz cegadora de algún foco y pronunciando con voz quebrada por el llanto incipiente la frase: «Quiero dedicar a este premio?». Y quien más, quien menos, lo hemos hecho alguna vez, no sólo porque sea una escena en la que el ego se siente como en casa, sino porque además nuestra herencia cultural, a diferencia de otras como la protestante, promete la recompensa al sacrificio y el premio como meta. Es decir, que el reconocimiento no sólo sacia nuestra ambición, sino que avala nuestro esfuerzo.

Y supongo que algo así debió sentir el miércoles pasado Fernando Savater cuando le comunicaron la concesión del premio «Planeta» por su última novela. Una historia detectivesca, firmada bajo el seudónimo de Patricio, que le ha valido al hasta ahora ensayista este galardón, dotado con 601.000 euros.

Una cantidad que, si respetamos el espíritu de los premios literarios, tiene como objetivo que el autor, en este caso Patricio/Savater, pueda dedicarse una larga temporada a seguir produciendo obras literarias. Es decir, a seguir contribuyendo a engordar en calidad y número nuestro patrimonio cultural.

Y aquí está la cuestión, porque esta labor, necesaria para seguir desarrollando nuestra identidad, para seguir construyendo nuestros referentes, ya hace tiempo que parece haber sido reservada a un exclusivo club de nombres propios. Nombres que no sólo nos suenan, sino que conocemos como si estuvieran junto al nuestro en el buzón. Ellos son Juan José Millás (Premio Nacional de Narrativa 2008 ); Fito y Fitipaldis (mejor canción premios de la Música 2007); Miguel Bosé (premio «Amigo» 2007, artista español más vendido); Bob Dylan (premio «Príncipe de Asturias de las Artes» 2007) y así un largo etcétera.

Nombres propios, pero sobre todo nombres que impresos bajo la cenefa que recubre la portada del libro avisando al lector de que está ante un premio logran elevar la venta editorial. Como lo hace el número de estatuillas que van dibujadas en la carátula de la película o la pegatina con el «Grammy» latino en la esquina de la portada del disco.

Porque lo cierto es que el valor de algunos galardones es más bien el valor que tienen sus premiados. Y quién sabe, puede que Savater, escondido en su identidad de Patricio, haya superado en calidad a los 528 manuscritos que concurrían al «Planeta», pero no parece probable que su seudónimo hubiera podido encabezar las listas de ventas.

Así, mientras estos nombres conceden el prestigio al premio, los otros, las promesas desconocidas, los anónimos que no precisan de seudónimo, los creadores en potencia, siguen imaginando cuándo llegará su recompensa.

Cuándo podrán decir no ya la frase: «Quiero dedicar este premio?», sino la que ruega: «Quiero dedicarme a esto».

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(1) | octubre 2008 |

1 Respuesta a “QUIERO DEDICAR ESTE PREMIO”

  1. UNarquitectoASTURIANOenBARCELONA Escribió:

    Hola, Alicia. 2 comentarios:

    – A Juan José Millás le ha picado un montón perderse todo ese dinero. Me remito a sus artículos del país de esta semana pasada, en concreto del viernes 17 de octubre. Un gran escritor pero me da a mí que también un ególatra. Es de esos que te encanta leer pero porque nunca estás de acuerdo con lo que opinas.

    – En cuanto a eso de los premios que comentabas, totalmente de acuerdo, hablamos de clubes cerrados, aunque quiero hacer varias matizaciones. Premios FAD de arquitectura (no sé si los conoces, pero míratelos!). Suelen premiar más a gente emergente, a los que les supone un salto definitivo, como es el caso de estos dos últimos años (lo digo por salvar a estos premios de la criba). Por otro lado, el tema del reconocimiento y los premios suele ir muy relacionado a ser un maestro del marketing. Como ejemplo, otro arquitecto (que además ni siquiera había estudiado arquitectura): Le Corbusier. Escribió libros, editó revistas, pintó, concedió entrevistas, expuso… todo para justificar en mayor o menor medida su arquitectura. En resumen: PUBLICIDAD

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