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O.B., EN OCASIONES VEO… CULOS

Por Alicia Álvarez (4 de junio, 2008)

En ocasiones veo… culos.
Sí, al principio creía que era percepción selectiva. Que por alguna oscura razón oculta en lo más recóndito de mi mente, de unos días para acá solo podía centrar mi visión y por ende, mi reflexión, en los traseros femeninos. Porque sí, allá donde posara mi mirada, elegiese el lugar que eligiese, unas turgentes nalgas invadían mi campo visual. Lo invadían y llenaba por entero. Y eran todos ellos culos tersos e inmaculados, culos bronceados y prietos, culos lisos y, miren que rareza, culos sin poros por los que transpirar. Y además, todas ellas, posaderas sonrientes. Porque el lugar donde la espalda pierde el nombre también goza de emoción.
Y sé de su felicidad porque esas nalgas no caían temblorosas. Muy al contrario, desafiaban la gravedad con actitud optimista y alcanzaban tal altura que de no existir la perspectiva y seguirles unas piernas igualmente tersas y lisas, cualquiera hubiera dicho que se trataba de una mochila o una “chepa” en toda regla.
Y créanme, era horrible, porque aquellos traseros estaban por todas partes. Esperando mi giro en una esquina para asaltarme en una marquesina de autobús, agazapados en la siguiente calle para invadir los escaparates de las farmacias en improvisados altares repletos de ofrendas anticelulíticas, o expectantes en la hoja que sigue al interesante artículo sobre el terremoto de china del suplemento semanal.
No obstante, cuando ya estaba a puntito de hacérmelo mirar, caí en la cuenta de que, si bien no había llegado la primavera sí que lo había hecho la “Operación Bikini” (O.B.).
Llegó ella y con ella el fin de la tranquilidad.
Porque de aquí al verano, es decir, mes escaso, jóvenes y maduritas, mamás y prenatales, licenciadas y trabajadoras liberales van a iniciar la agónica cuenta atrás hacia la exposición playera. Una carrera que consiste en embadurnarse noche y día con cremas de aguacate, cafeína y “liponosequé” cuyo mayor milagro es quedarse pegada a los pantalones del pijama. Una carrera que te obliga a comer cereales mañana y noche, saciar la gusa con barritas de supuesto chocolate y creer que la acelga es tu mejor amiga. Una carrera que, si todo falla (y casi seguro que fallará), te promete la entrada directa al club de la delgadez a base de alimentarte durante tres días únicamente con alcachofas.
Y sí, es una carrera hacia la exposición playera porque, al parecer, y según los ideologos de la O.B, uno no va a la playa a disfrutar, descansar, jugar a palas, comerse un bocata o nadar a braza, sino a exponerse ante las miradas ajenas. Y además, hay que hacerlo en bikini, conjunto de baño de dos prendas que en su día simbolizó la liberación femenina y que hoy, gracias a los enormes avances de la sociedad de consumo, se ha convertido en un nuevo corsé. El que constriñe y asfixia la imagen de lo que tiene que ser una mujer según los cánones de belleza que dicta la industria de la belleza, que entre otras cosas, es industria porque ha encontrado en la delgadez su máxima rentabilidad.
Y lo malo de esta operación, es que no es como la de los “triunfitos”. En esta, el premio no es una carrera discográfica. Es la caída en picado hacia la no aceptación. Es, como decían los Monty Python, un símbolo de nuestra lucha contra la realidad. Y ni si quiera hay premio de consolación. Sólo efecto rebote.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | junio 2008 |

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