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EL CANON PREVENTIVO

Por Alicia Álvarez (26 de diciembre, 2007)

Quizá parezca una locura, pero es escuchar la palabra “canon” y ponerme a pensar en el principio de guerra preventiva desarrollado por la Administración Bush. Si señor, en eso y en mi reciente endodoncia. Y dirán ustedes ¿qué demonios tienen que ver la salud dental con la política belicista de Bush-hijo y las nuevas tarifas sobre el canon digital que quiere implantar el gobierno español? Pues aunque no se lo crean, mucho. Y empiezo por mis dientes, que para ustedes seguro que no, pero para mí, son lo más importante.
Y es que esta semana sentía un ligero frío en la dentadura al ingerir líquidos, así que visité al dentista. El caso es, que entré en la consulta con esa molestia y salí con una cita para una endodoncia, otra para la reconstrucción, y trescientos euros menos en mi cartera. Y la verdad, no sé si sería la rapidez de los acontecimientos o que la molestia inicial era en el lado derecho y la endodoncia que me recomendaban era en el izquierdo, pero lo cierto es que mientras me iba alejando de la consulta no podía evitar sentir una fuerte sensación de desconfianza. Y no me entiendan mal, que es mi dentista de toda la vida y, ante todo, un profesional. Pero esa sensación de ignorancia, de estar vendido a lo que otros decidan, me recordó a cuando uno lleva el coche al taller y ante la sugerencia del mecánico acaba cambiando las pastillas de freno y demás tripas automovilísticas por puro acojone.
Justo el mismo que sentí cuando me dijeron que había que cargarse el nervio de mi premolar para evitar futuras infecciones, molestias y demás terribles vaticinios bucales. Y por eso, por prevención, consentí, aunque lo hiciera a regañadientes y aferrada a esos euros cuya ausencia provocará que me deslice aún más rápido por la cuesta de enero.
Y es que quizás la salud sea el primer campo en el que la prevención hizo mella. Ahora prevenimos estados carenciales, frenamos los síntomas del resfriado y así un largo etcétera. Pero en medio de todas esas posibilidades de dolor y enfermedad, hay algo real y tangible: el miedo del paciente, que acaba consintiendo. Así, no es extraño que esta fórmula se haya exportado a otras áreas más lucrativas que la salud.
Bush-hijo pronto entendió las ventajas de intervenir antes de que se produzca el “supuesto mal”. Un principio, ahora legal, que sin duda ha cambiado el curso de la historia. De nuevo, sostenido por el miedo, la desinformación o, sencillamente, la información manipulada. Como también lo ha entendido el Gobierno español, cuya solución al problema de las descargas ilegales ha sido aplicar el impuesto conocido como “canon digital” a más sistemas de soporte para reproducir, grabar o almacenar música. Así, antes de que los consumidores decidan utilizarlos para tales fines, ellos recaudan a través de una tasa que va a parar, por cierto, a manos de una Fundación Privada: La Sociedad General de Autores y Editores (de la que habría que hablar largo y tendido) Es decir, previenen los posibles males, y de paso, apaciguan a los autores cada vez más cabreados. Todo esto, para no plantear la verdadera pregunta: ¿Por qué la gente se descarga música y no la compra? Algo que casi todo el mundo contestaría con ¿Por qué voy a pagar más por algo que puedo tener prácticamente gratis?
Es decir, este canon sanciona al consumidor por querer pagar lo mínimo y encima lo hace con la excusa de proteger los derechos de los autores. Pero lo cierto es que los únicos derechos que está salvaguardando el Gobierno son los de un montón de empresas privadas que se lucran con el trabajo de los autores y hacen que el precio de esos discos se infle como las palomitas. Distribuidoras, discográficas, editoriales y demás agentes que se llevan buena parte de los beneficios del autor y que provocan el encarecimiento desatado de la obra artística como objeto de consumo.
Y eso no es una probabilidad, es el pan nuestro que cada día se comen otros.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | diciembre 2007 |

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