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EL LADO MÁS FEO DE LA REALIDAD

Por Alicia Álvarez (8 de diciembre, 2007)

En cuestión de segundos se encienden las luces, la pantalla se enluta y del último credito de la película pasas a ver la cruda realidad: el cogote de la persona que está sentada delante de tí. Su cogote, su alopecia o la coleta despeinada por haber estado presionada entre craneo y butaca durante más tiempo del recomendable. Esa, dicen, es la magia del cine. La evasión. Aunque a veces, y sólo a veces, acompañe la intención de hacer reflexionar al receptor.
Y es que, aunque lo usual es salir de la sala comentando la película, no siempre la historia cala tan profundo como para ahondar más allá de lo bien que estaba ése o aquel actor. Como para ir más lejos de lo mucho que nos ha gustado o lo mucho que nos ha aburrido. A la salida del cine, todos nos volvemos críticos y emitimos nuestro jucio. Pero lo hacemos, más como buenos consumidores que como amantes del séptimo arte. Porque el cine, como casi todas las artes que han sido atrapadas por las grandes industrias, navega a la deriva entre el entretenimiento y la obra artística. Y es difícil entrar en una sala y no encontrar, únicamente, la primera de las dos.
Por eso, un merito reseñable del Festival Internacional de Cine de Gijón, es el haber logrado llenar los cines durante diez días con un publico dispuesto a ver el lado más feo de la realidad. Familas desestructuradas, adolescentes embarazadas, crisis de los cuarenta con cana al aire incluida, violaciones, vejaciones, pobreza… En fin, sinsabores varios que habitualmente vemos fragmentados a modo de notica o retazo televisivo. Realidades cotidianas que vemos en un formato de tales caracteristicas, y con tan escasa duración, que es difícil lanzarse a la reflexion tras su visionado.
Pero estos días pasados un gran publico, que -todo hay que decirlo- desaparece de las salas de cine gijonesas el resto del año, ha asistido a la proyección de horas y horas de sufrimiento. A veces como documental, otras como ficción, pero con una extensión en torno a las dos horas que, sin duda, es un tiempo suficiente para ponerse a pensar.
Ahora bien, no estaría de más preguntarse por qué el cine alternativo apuesta en su mayoría por las historias amargas. Preguntarse por qué que un montón de directores coinciden en los mismos intereses y eligen temáticas similares.
Porque el cine independiente, como todas las artes que se sitúan al margen de los circuitos comerciales, no deja de ser una pequeña industria. Desde luego, no tan rentable para el gran mercado, pero industria al fin y al cabo. Y eso, al igual que ocurre con el cine comercial, supone ciertas exigencias. Es decir, el cine alternativo no lo es únicamente por una cuestion de bajo presupuesto o excasos canales de distribución. Lo es también porque retrata ciertos temas y los trata de una manera concreta. Y eso es lo que muchas personas esperan encontrar cuando van a ver una pelicula independiente.
No obstante, que su falta de recursos o su explotación como producto hayan dado lugar a ciertas señas de identidad (temáticas durás, cámara al hombro, sensación de realidad, etc. ), es lo que por otro lado garantiza la primacía de la historia sobre la forma. Y aunque a veces sea una sensación descorazonadora la de salir de la sala y no haber volado hacia lugares más hermosos que nuestra vida rutinaria, no deja de reconfortar que la historia siga siendo más impactante que el efecto especial de la superproducción. Aunque para ello haya que retratar el horror.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | diciembre 2007 |

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