Foto de Alicia &Acute;lvarez

Menú

Últimas noticias

BREVE PARADA EN LA CORUÑA

Por Alicia Álvarez (13 de junio, 2007)

Decía Antonio Gramsci que el control de la sociedad no se obtiene únicamente a través de mecanismos represivos, sino también logrando su consentimiento voluntario. En fin, todo esto viene a cuento porque el pasado jueves acabé en Santiago de Compostela amotinada en un avión. El periplo había comenzado cuatro horas antes y cuando la guardia civil nos desalojó, aún me quedaban por delante cuatro horas más para llegar al destino que figuraba en mi billete: Aeropuerto de Ranón. Esperen, les cuento.
Ese mismo día había llegado a Barajas siguiendo los cánones del buen viajero, es decir, con una hora de antelación. A eso de las seis y cinco de la tarde comenzábamos a embarcar según la hora prevista y nada parecía presagiar que una vez instalados en nuestros asientos, una azafata vestida de naranja fosforito informaría a los más de cien pasajeros que el avión tendría que hacer una “ breve parada” en la Coruña. Al parecer, otra aeronave había tenido problemas y la compañía consideró que podía aprovechar el vuelo a Asturias para trasladar a la ciudad gallega al ingeniero que debía solucionarlo, lo que me vino a confirmar que la ingeniería es una carrera con futuro.
En fin, de poco valieron las quejas que, todo hay que decirlo, a esas horas fueron bastante tímidas. El grupo de auxiliares de vuelo a lo naranjito insistieron en que eran “ordenes directas de Londres”. Y entre que eso sonaba a mandato directo de La Casa de Windsor y que sólo el piloto sabía conducir el avión, los pasajeros callamos como muertos y acatamos la nueva ruta de vuelo con docilidad y obediencia. Eso sí, cuando cincuenta minutos después aterrizamos en A Coruña, aprovechamos la salida del ingeniero para dar rienda suelta a la indignación acumulada. Un “venga gallu, bájate ya de una vez” acompañado por una sutil pitada, liberó los ánimos. No obstante, las ganas de llegar a casa devolvieron quejas y pasajeros a sus asientos.
Despegamos por segunda vez en menos de una hora y tras otros treinta minutos en el aire comenzamos a sentir la presencia de Ranón bajo nuestros pies. Momento coincidente con lo que bien hubiera podido ser una exhibición aérea de las fuerzas armadas. Y es que el avión, lejos de iniciar el aterrizaje, comenzó a dar vueltas en uno y otro sentido, hasta finalmente fijar su rumbo. La inquietud se disparó e incluso los más aprensivos buscaban entre los viajeros posibles secuestradores. Un pensamiento fundado en la insistencia con que la tripulación afirmaba que la llanura que se veía desde la ventanilla seguía siendo Asturias. Pero ante el aumento en volumen de la queja, la azafata terminó admitiendo que el aeropuerto de Ranón estaba cerrado y que nos desviaban a Santiago de Compostela.
No terminó allí la cosa. Ya en tierra y rozando las diez de la noche, abrieron puertas. Pero a esas alturas los pasajeros ya sabíamos que la compañía no operaba en ese aeropuerto, lo que anulaba la posibilidad de pedir cuentas en mostrador alguno. Esto, sumado a un “probablemente les pongan autobuses” despertó la desconfianza de una veintena de personas que decidimos no abandonar nuestro asiento hasta que el “probablemente” se materializara en una solución. Algo que la tripulación decidió resolver llamando a la guardia civil para efectuar el desalojo del avión.
Finalmente y pasadas las once de la noche, los pasajeros del vuelo 7705 fuimos repartidos en dos autobuses rumbo a Asturias. Cuatro horas de trayecto en las que la mayoría sacó el sentido del humor para superar la situación, y en las que, supongo, muchos nos sentimos avergonzados por el consentimiento voluntario del que hicimos gala en el momento que nos dijeron “breve parada en la Coruña”.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | junio 2007 |

Escribir comentario