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DE VERGÜENZA AJENA

Por Alicia Álvarez (10 de mayo, 2007)

Como la humedad. Así se te pega la vergüenza ajena. Y no hay escapatoria. Es como escuchar una tiza rechinando contra la pizarra, es como el ruido del metal que hace el tenedor cuando sus púas chocan con la loza del plato. Es como ese amigo coñazo que te habla sin respetar tu espacio vital, que te agarra del hombro, del brazo y de la mano y acerca tanto la boca a tu oreja que sientes el calor de su aliento en todo tu lóbulo izquierdo.
Es como las ganas de mear en la Semana Negra cuando tratas de aguantar para no tener que usar los lavabos públicos. Es como intentar que no te suenen las tripas en una conferencia. Así es la vergüenza ajena. No tiene mesura, es la respuesta violenta de tu cuerpo ante un estímulo que agrede tu sensibilidad. Y sólo hay una forma de pararla: anulando tus sentidos. Cerrando los ojos, canturreando para ahogar lo que estas oyendo, haciéndote el muerto o cambiando de canal.
Cinco minutos. Eso fue lo máximo que tardé en ruborizarme esta semana. Aunque lo más increíble es que logré mi mayor grado de tolerancia con el programa televisivo de ANTENA3 “Cambio Radical”. Porque dado lo que había visto los días anteriores, hasta hubo un momento en que llegué a catalogar esta versión actualizada de Frankenstein como un documento sociológico interesante. Lo diré bajito, pero aún sigo fascinada por el enorme tamaño de los dientes postizos que lucen las concursantes tras las operación estéticas. Pero eso es otra historia. Porque para verdadero impacto visual, Loles León vestida de leopardo paseando en pleno Amazonas y emulándose a sí misma cuando todavía era graciosa.
Ella y Javier Sardá se llevan el cuarto puesto. Cuatro minutos de reloj antes de sentir que me quedaba sin aire, que la visión se me nublaba. Me refiero al último intento del periodista catalán por salvar su dignidad profesional. Intento vano, pues su programa de viajes “Dutifrí” más bien parece una sátira faltosona de las costumbres de un país extranjero que un intento por conocerlo en profundidad. Vamos, un nuevo ejercicio de ego al más puro estilo yanki.
El tercer puesto, o sea, mis tres minutos de aguante antes de sentir la herida abierta y supurante en el centro de mi sensibilidad, se lo lleva el Telediario de la Primera abriendo el informativo con la imagen de Isabel Pantoja. La tonadillera, oculta tras gafas y ventanillas de coche tintadas, era llevada a declarar ante el juez instructor del caso “Malaya”. Y eso, al parecer, para la dirección de éste y otros informativos era la noticia más importante del día. Pero aún hay más.
El segundo puesto en mi ranking de momentos insoportables se lo ganó el miércoles Nicolas Sarkozy. No tanto por su victoria electoral, como por la noticia de que su anunciado retiro a un monasterio para reflexionar acerca de su nueva función presidencial se convirtiese finalmente en unas vacaciones con toda su familia a bordo de un yate de 60 metros de eslora en aguas de Malta, destino, al que por cierto, el nuevo presidente de la república francesa llegó en avión privado.
Y encabezando la lista y consiguiendo sólo un minuto de resistencia antes de querer meterme debajo de la mesa, Jose María Aznar. Y es que el ex presidente del Gobierno nos ha vuelto a dejar un momento para la historia diciendo con voz sospechosamente gangosa que nadie tiene que conducir por él. Curioso alegato para alguien que tiene chofer. La verdad, de vergüenza ajena.

Categoría: ARTÍCULOS EN LNE | Comentarios(0) | mayo 2007 |

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