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Asturias y la Historia a partir un Peñón
Por Alberto del Río Legazpi (29 de Febrero, 2008)
Lo del Peñón de Raíces es toda una historia de la Historia con toda la pinta de tender a demostrar que las raíces de Asturias son más profundas que lo que hasta ahora habíamos imaginado. O mitificado.
En este febrero bisiesto de 2008 los arqueólogos Alejandro García e Iván Muñiz (o viceversa, que tanto monta, monta tanto) han dado a conocer los resultados de sus últimos hallazgos el pasado año en el Peñón de Raíces y cuyas muestras habían sido enviadas al laboratorio Beta Analytic de Florida (EE UU), donde se les aplicó la prueba del carbono 14, método que permite datar la antigüedad de los materiales. Los resultados evidencian que algunos de los restos nos remiten al siglo VII, por tanto anterior al mismísimo reino de Asturias.
A pesar de la cautela -pedida por los científicos avilesinos- con la que hay que utilizar estos datos, es inevitable advertir que la Historia de Asturias se ha tensado, como un crío travieso cuando intuye la aventura. Ya decía Umberto Eco que el medioevo es la infancia a la que hay que volver siempre.
Será por mayo cuando se reanudarán las excavaciones arqueológicas, como siempre respaldadas por el Ayuntamiento de Castrillón, que ha venido apostando -desde hace años- por la investigación de su pasado, que ahora también es el de la comarca de Avilés y el de Asturias. La Historia se lo premiará, pero es injusto y absolutamente desproporcionado, a la vista de la categoría que ha tomado la investigación, que lo siga haciendo en solitario. Y el asunto no solamente atañe al Principado, sino que trasciende al Gobierno de España.
Pero hay que suponer que el Gobierno asturiano habrá tomado nota de la tremenda blasfemia histórica que sería aprobar el paso de la futura ronda norte (habiendo otras opciones) por las inmediaciones de este santuario de nuestro pasado. Tan monumental error sería un horror similar al cometido -por el régimen de Franco, en su día- con la prerrománica iglesia de San Julián de los Prados, al dejar a su vera la autopista «Y» a la entrada de Oviedo y que -ahora- está en millonario estudio desviar el trazado para subsanar tal brutalidad ética y estética.
La Historia y Asturias están a partir un piñón en el Peñón de Raíces, donde cada vez es más evidente que se encontraba -durante siglos a la vera de la mar- el vigilante castillo de Gauzón. Un espacio en el que hay serias posibilidades de continuar hallando más datos fundamentales sobre una zona en sombra de la historia asturiana, hasta ahora desconocida, solamente imaginada, cuando no fabulada.
Pero, hoy, en trance de leyenda fenecida.

