“Si la cosa funciona”, de Woody Allen
Octubre 03, 09 por Tino PertierraAh, así que sale un tipo cascarrabias y sabiondo hablando a la cámara con ingenio perdonavidas. Ah, así que ese fulano es hipocondríaco, tiene tendencias suicidas y se considera superior al resto de los mortales en inteligencia. Ah, así que fracasa su matrimonio con una mujer superinteligente (y parecida a Diane Keaton, mecachis) y le gusta el cine antiguo, la música clásica y filosofar mientras toma café ante sus amigotes. Ah, así que sale una jovencita que es poderosa Afrodita por su belleza y encanto, que no por su cultura e inteligencia. Ah, así que…
Si la cosa funciona rescata del cajón un viejo guión de Allen (últimamente no hace otra cosa que recurrir a ideas desechadas, véase la desechable Vicky Cristina Barcelona, escrita con post-its de ocurrencias pendientes) y tal vez por eso dé una sensación de ya vista. De requetevista. Convertida su inicial originalidad en un almacén de lugares comunes allenianos, esta comedia que pugna por ser negra y se queda en grisácea no funciona casi nunca, y cuando lo hace es para perder pie a continuación. Sin dudar del talento con cianuro de Larry David, aquí está tan amenazado por la instintiva tendencia a imitar a Woody (aunque diga que el papel estaba escrito pensando en Zero Mostel, no me lo acabo de creer) que no es creíble, suena a copia esforzada pero insuficiente. Y mal se ponen las cosas cuando el argumento (tras un monólogo inicial ácido y prometedor) recurre a un golpe de azar forzadísimo y rodado con desgana como la conversación entre David y su esposa: el misántropo insoportable que insulta a los niños y presume de inteligencia artillada no duda en hacerle sitio en casa a una chica que duerme en la calle y le pide ayuda… siendo, oh, sorpresa, una mujer que aseada y tal se convierte en un ser lleno de encanto. Si alguien se cree la película después quizá se lo pase moderadamente bien con lo que viene a continuación: frases ingeniosas marca de la casa (faltaría más), guiños a Francia (donde rodará el próximo verano) y gags de aprendiz (¡el desmayo de la madre!) y una sonrojante historia de amor infiel de la voluntariosa Evan Rachel Wood. Francamente, que el director de Delitos y faltas o Match point eche mano de un chiste de chigre a costa del «menage a trois» es desalentador. Se supone que, sobre el papel, la metamorfosis de los cavernícolas padres de la chica en seres radicalmente distintos debe tener gracia y conducir a momentos hilarantes, pero ni llegan cuando se encuentran con que su hijita se ha casado con el gruñón (una pirueta que tampoco funciona: ¿quién se puede creer que esa chica vea atractivo a semejante cardo borriquero?) ni asoman en las esperadas colisiones finales, a las que Allen llega sin saber qué mensaje embotellar.
Esta noche volveré a ver Annie Hall, Bananas o Balas sobre Broadway para quitarme el mal sabor de boca. A tu salud, Woody.
Sergio Says: 04.10.09 at 4:54 pm
Tomo nota de tu crítica para no verla… Me encantó Match Point, creo que fue un buen retorno a las épocas en que el humor era el ingrediente más abundante de las pelis del señor Allen…. Si esta no está a la altura, paso. Espero con ansia ver cómo cuenta Amenábar en Agora la historia de Hipatia , sólo quedan cinco días. Saludos.
TP Says: 04.10.09 at 10:29 pm
Bueno, creo que debes verla para tener tu propia opinión. La mía es sólo mía. Gracias.ç
TP.