Peter Bogdanovich

Abril 07, 09 por Tino Pertierra

El talento, por desgracia para Peter Bogdanovich, no es contagioso. Si lo fuera, no cabe duda que estaríamos ante uno de los cineastas más grandes de Hollywood, pues tuvo la posibilidad de hablar durante horas y horas con algunos de los autores más grandes. De aquellas conversaciones dan fe un puñado de libros imprescindibles para todo amante del cine que quiera conocer algunos de los secretos mejor guardados de, por poner sólo tres ejemplos, John Ford, Fritz Lang y Orson Welles.

Pero ser un buen crítico  o acceder a los territorios más íntimos de la gente de talento no es un pasaporte para hacer buen cine. El Bogdanovich director es siempre correcto, ocasionalmente brillante, pero carece de ese toque de inspiración arrolladora que sí poseían aquellos a los que admiró, estudió e interrogó. Ha revisitado, copiado u homenajeado el estilo de titanes irrepetibles, sin llegar nunca a imponer su propia mirada, su propia marca de fábrica. 

Empezó bien: El héroe anda suelto era un fúnebre, tenso y modesto trabajo de orfebrería, hecho con muy pocos medios pero suficiente imaginación. Una atildada tajerta de presentación que se vería pintarrajeada por el prestigio tras The last picture show, obra tan calculadoramente «artística» que costaba encontrar en sus polvorientas imágenes blanquinegras rastros de vida, pese a las buenas intenciones de un director que echaba mano de su memoria cinéfila para narrar una historia que necesitaba como el comer a un director que olvidara planillas y se zambullera hasta el fondo en ese barrizal de sentimientos aturdidos y pasiones ocultas. El carácter de copista de Bodganovich se hizo más patente que nunca en ¿Qué me pasa, doctor?, risas programadas por ordenador que sólo aguantan una primera visión. Tras una apreciable película tan intimista que casi acababa por resultar íntima (lo impedía el limitado Ryan O’ Neal), como fue Luna de papel, Bogdanovich se enredó en una espiral de fracasos al tratar de manipular con elegancia el oropel del musical o de escarbar entre las raíces del cine mudo. Parecía que las cosas empezarían a mejorar tras la notable Saint Jack y la graciosa Todos rieron, pero la claudicación llorona que supuso Máscara inició un período de despiste que dio con los huesos de Bogdanovich en televisión y le pegó la etiqueta de veneno para la taquilla en la frente.

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