Hot Chip. Listos para la pista.

Pipe (17 de Marzo, 2010)

Parece que ya llega el buen tiempo, ya era hora, y como el cielo nos da una tregua, he decidido daros yo otra y apartarme, al menos esta semana, de ese mundo de guitarras -en ocasiones saturadas al límite- al que últimamente tengo acostumbrado al personal.

One Life Stand es el cuarto Lp de la banda de electro-pop londinense Hot Chip, si obviamos Ep’s y demás rarezas publicadas con anterioridad, y es, sin duda, su trabajo más maduro y compacto, al menos esa es mi opinión después de haber machacado a fondo los 10 temas que lo componen.

Cuesta encasillar a una banda como la de Alexis Taylor y Joe Goddard, y es que resulta ardua tarea la de poner una etiqueta definitiva a un grupo capaz de moverse dentro de tan diferentes parámetros, ahora soul, ahora funky, ahora house, ahora pop, así que, dejo a merced de vuestra sapiencia tan delicado quehacer  y me limitaré a desgranar un poquito algunos de los temas que conforman este One Life Stand con el que pienso que darán el salto definitivo hacia la querencia de las masas. Empezamos, y lo hacemos por el final.

Take It In es el último corte del disco y es uno de esos temas que te hacen moverte y esbozar una sonrisa, unos sintetizadores marca de la casa y un concepto pop total con el añadido de unos fabulosos coros. Sin duda será un llena-pistas en los londinenses clubs de postín ya que se presta a infinidad de remixes y ofrece grandes posibilidades. A mi, particularmente, me recuerda a trabajos anteriores del gran Moby y también a la primera época de New Order, siempre, por supuesto, salvando las distancias.

We Have Love nos viene a demostrar que algo ha cambiado conceptualmente en esta banda, ya que si bien tiene un componente dance importante, la voz femenina y la melodía nos descubren un carácter definitivamente melancólico que viene a ser parte importante en muchos de los cortes de este One Life Stand. Un buen medio tiempo.

Más o menos lo mismo podríamos decir de Brothers, otro corte in-crescendo del álbum, esta vez resuelta con las voces de Taylor y Goddard principalmente, y que, con el añadido de ese fantástico piano preludio de cada estribillo, hace que resulte evocadora y emocionante a partes iguales. Impagables frases como “…I can play X-Box whit my brothers…”

Ya para concluir, no nos podemos olvidar del hit que viene a titular también el disco, One life Stand, el tema que viene a ser el relevo de esos dos “monstruos” publicados en trabajos anteriores de la banda como eran Over and Over y Ready for the Floor. Quizá pierda fuerza respecto a éstas pero sin duda gana en clase y sutilidad.

Lo dicho, la semana que viene, más y mejor, os dejo con un par de temas de los reseñados y os deseo una gran semana.

Que disfrutéis del sol mientras dure y todo os salga a pedir de boca.

 

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B.R.M.C., el retorno.

Pipe (10 de Marzo, 2010)

La semana pasada veía la luz en nuestro país Beat The Devil’s Tattoo, el quinto trabajo de estudio de los californianos Black Rebel Motorcycle Club, en adelante, B.R.M.C..

Era este un disco esperado para muchos de sus seguidores, entre los que lógicamente me incluyo, máxime después de haberlos seguido desde sus inicios allá por el año 2001 y haber podido comprobar como tras sacar dos fantásticos trabajos plenos de fuerza y distorsión habían pegado un giro bastante radical en su forma de entender el rock y nos habían ofrecido otro par de discos con un claro denominador común como era el rock más de raíz en casi todas sus vertientes. Para el que os escribe, igual que para casi el resto de sus seguidores, una decepción. Para eso está otra gente. ¿Por qué abandonar algo que dominas para pasarte a un campo megasaturado donde poco tienes que ganar?, ¿inquietudes artísticas?, sea como fuere, no funcionó.

En Beat The Devil’s Tattoo, B.R.M.C., retoman ese punto oscuro que los encubró, esas guitarras saturadas a lo Jesus & Mary Chain que hicieron de ellos uno de los grupos más potentes de la primera mitad de la década, si bien es cierto que siguen teniendo reminiscencias del clasicismo de sus últimos trabajos aunque, como dijo aquel, las cosas en su justa medida nunca cansan y está bien no ser monotemático y ofrecer de todo un poco, sobre todo teniendo en cuenta a aquellos que hayan disfrutado de su periplo blues-folkero.

Así que, ya que nos movemos por estos derroteros, comenzaré hablando de Conscience Killer, un fogonazo de rock & roll “por el libro”, sonido directo y sin concesiones con un toque clásico indiscutible, tanto en sus riffs como en sus coros, lo dicho, un pildorazo que hará las delicias de los más puristas. El final, apoteósico.

Beat The Devil’s Tattoo, tema que da nombre al disco, es otra pieza que se podría englobar dentro de ese amplio espectro que abarca el denominado rock de raíz, sin embargo B.R.M.C. logran imprimirle carácter gracias a la distorsión y a la fantástica voz de Peter Hayes para este tipo de composiciones. Esta misma melodía sin ese par de componentes intrínsecos, perdería interés.

Pasemos a lo mejor del disco. River Styx comienza pausada, con una batería que marca el camino a seguir imprimiéndole al tema un carácter cinematográfico incuestionable que se va desarrollando hasta el estribillo donde uno tiene la sensación de volver atrás en el tiempo al escuchar esa cadencia en la voz de Hayes que nos devuelve a los mejores B.R.M.C. que conocíamos. Distorsión, melodía y ritmo que, todos a la vez, forman un gran tema.

Casi las mismas virtudes reúne Mamma Taught Me Better, si bien con un ritmo un poco más acelerado y unos coros que la hacen atractiva de un modo diferente. Lo mejor del tema, ese trozo instrumental intermedio del cual saben salir con cierta solvencia. Uno siempre ha sido de los que dicen que esa es la prueba de fuego para saber si un grupo es bueno o grande. Evidentemente no son las salidas de Nirvana pero no está mal, la canción termina a lo rodillo pilón.

Para el final me dejo Shadow’s Keeper, para mí, la mejor canción del disco. Este “atrapa sueños” es demoledor, cantado con elegancia y chulería y reforzado de forma definitiva con una guitarra sutil en medio del estribillo que me tiene realmente ATRAPADO. Te-ma-zo.

Ya me contaréis que os parecen, como el disco salió el miércoles pasado, aún no existen vídeos oficiales, así que os dejo con River Styx y la recientemente mencionada Shadow’s Keeper.

Que las disfrutéis y que os vaya muy bien.

Built To Spill: De dulce.

Pipe (3 de Marzo, 2010)

A finales del año pasado, veía la luz There Is No Enemy, el séptimo trabajo de estudio de la banda de Idaho Built to Spill, y lo hacía tras más de tres años de silencio después de su anterior trabajo, You In Reverse.

Ellos, o mejor dicho, él -Doug Martsch-, llevan en activo ya cerca de 20 años aunque al que suscribe lo atraparan allá por el año 1997, fecha en la que publicaron Perfect from Now On, un disco que desde aquel mismo día y hasta la fecha formó, forma y formará parte esencial de mi discografía y seguirá, como no, sirviendo de exquisita banda sonora a los momentos más interesantes de mi modesto existir.

El disco que hoy nos ocupa, There is No Enemy, nos saca de dudas respecto al talento creativo de este genio llamado Doug Martsch, su voz sigue siendo dulce y melódica como pocas, sus guitarras, sencillamente excepcionales, a la par que su manera de entender y crear canciones, su facilidad para arrastrarte a sus mundos, aparentemente sencillos, pero llenos de una complejidad y una belleza sin parangón, señoras y señores, son Built to Spill, una reverencia…

El disco comienza con Aisle 13 que, si bien no es su mejor canción, sirve de indicativo para los no iniciados acerca de lo que van a escuchar en este There is No Enemy y, por añadidura, en cualquiera de los demás discos de Built to Spill, buenas melodías, excelentes arreglos, la voz de teeneger eterno de Martsch y las fantásticas guitarras de la banda, tan americanas, tan clásicas, tan espaciales, tan psicodélicas…. tan grandes.

Transcurre el disco sin mayores sorpresas -seña de identidad inequívoca de la banda- hasta que llegamos a Good Ol’ Boredom. Aquí el tono se vuelve más dinámico, para demostrarnos una exquisíta canción pop en sus inicios con algún rasgo incluso de disco muy en la línea por ejemplo de los primeros Fleetwood Mac, casi nada. A mitad de la canción aparecen los primeros riffs de guitarras más casposas y ya al final, de nuevo el clasicismo y el buen hacer a las cuerdas del gran Martsch. Una gran canción.

Llega Life’s a Dream, la mejor de las canciones según he podido indagar en la red para sus fans, algunos la tildan de clásico de la década… exagerado para mi gusto, de lo que no cabe ningún género de duda es de que hablamos de una excelsa composición con una guitarra que nos trae a la mente a gente como Neil Young y una manera de entender la música que hace que uno se sienta bien, disfrute con la escucha, así es este grupo.

Otro de los momentos mágicos de There is No Enemy, quizá el que más si nos paramos a escuchar sus coros , sus campanas, sus guitarras de otra galaxia…, llega con Done, poco más que reseñaros sobre este tema ya que os lo acabo de destripar prácticamente en su totalidad, sólo deciros que más abajo la colgaré y pediros que le subáis el volúmen y os dejéis teletransportar por su belleza.

Por último me gustaría, aunque sólo fuera brevemente, hacerle un pequeño guiño a Things Fall Apart, una de esas canciones modestas que te atrapan para no soltarte jamás y, quizás, el máximo exponente del sonido Built To Spill de todo este esperadísimo y emocionante There is No Enemy, alucinante demostración de saber hacer con una trompeta intercalada que hará las delicias de los más exigentes.

Para los que no los conozcáis, deciros que si os gustan Neil Young, Pink Floyd, Dinosaur Jr. o incluso los Beattles, casi seguro que os gustarán Built To Spill.

Nada más, a falta de vídeos oficiales, os cuelgo aquí un par de temas con la portada. Dos joyas. Disfrutadlas.

Buena semana.

Darker My Love, de todo un poco, pero de lo rico…

Pipe (24 de Febrero, 2010)

2 es el título del disco que hoy vamos a intentar conocer un poco más en este blog.

Sus responsables, una banda de L.A., California, llamada Darker my Love.

Debo confesaros que hasta hace escasas fechas era total mi desconocimiento de la banda, pero, por esas cosas del destino, un buen día escuché un tema en la radio y me pareció bastante interesante, por lo cual decidí indagar un poco y gracias a ello he llegado a conocer un poquito mejor a un grupo que seguro que os resulta interesante y del cual vais a poder obtener un buen puñado de grandes canciones.

Con cinco componentes sobradamente fogueados en bandas anteriores (sin ir más lejos, Tim Presley y Rob Barbato -líderes del asunto- estuvieron a las órdenes de Mark E. Smith en los míticos The Fall) este 2 del que hoy hablamos es su segundo trabajo completo y vió la luz en 2008 aunque hasta 2009 no dió el salto al viejo continente.

A Darker my Love los podíamos describir a grandes trazos como una banda bipolar. Me explico, son americanos pero a veces suenan muy británicos y, cuando de verdad crees que los has comprendido y dominas sus intenciones, decides que, realmente, son de la Costa Oeste, que carajo.

2 se abre con Northern Soul, un tema que, ya a la segunda escucha, te suena a clásico y que a mí particularmente me trae a la memoria esos primeros trabajos de The Dandy Warhols que siempre formarán parte de nuestro pequeño corazoncito. Un buen tema para empezar a calentar, sin duda.

Sin tiempo para la reflexión (nunca mejor dicho porque la mayoría de los cortes de este 2 están entrelazados con mucho gusto) llega Blue Day, la CANCION del disco. Toda una maravilla llena de intensidad, de delicadeza, de guitarras pesadas, de distorsión, de fuerza, de guiños poéticos -Blue Day, día azul Vs día triste- toda una apisonadora sonora con unas tremendas guitarras finales que no os dejarán indiferentes con gua-guas y distorsión por doquier.

En Two Ways Out, tercer corte del disco, podréis comprender perfectamente lo que os quería explicar antes cuando me refería a la bipolaridad del grupo, un principio arrebatadoramente pop con un “sospechoso” tufo al Allright de Supergrass que da paso a un estribillo maravilloso en el cual uno reconoce a los Posies o a Dinosaur Jr. sin ningún género de dudas. ¿El mérito?, haber sabido extraer lo mejor de uno y otro lado del océano y llevarlo a cabo sin confusión y con un resultado al alcance de muy pocos. Una delicia.

Así, a caballo entre lo uno y lo otro, combinando medios tiempos magníficos -Add One to the Other One es quizá el máximo exponente junto con Immediate Undertaking, corte final del disco con un aire Blur total- con guitarras desatadas y psicodélicas mucho más propias de sus latitudes aún sin renunciar a un sonido eminentemente europeo -quién no se acuerda, aunque sólo sea un poquito, de Radiohead en la excitante Waves- va transcurriendo este 2 que te hace amarlo cuanto más lo escuchas y, a la vez, desconocerlo cuanto más crees saber de él. Todo un reto para los oídos.

A, no dejad de escuchar Talking Words si os gusta lo duro, lo sucio, lo pesado, lo Jesus & Mary Chain… pura poesía.

Os dejo con los dos grandes cortes en los que más insistí en líneas anteriores, el primero no tiene vídeo oficial y, mejor que un directo mal grabado, prefiero que escuchéis el tema con calidad aún a pesar de la monotonía de la pantalla -claramente recomendable ignorarla y subir el volúmen- el segundo, porque no quiero que por pereza dejéis de escucharlo.

Disfrutádlo y me contáis que os parece. Si os gustan, debéis saber que están muy cerca de publicar un nuevo disco, al menos en USA.

Atentos.

The Horrors, el renacimiento.

Pipe (18 de Febrero, 2010)

The Horrors son una banda londinense formada a mediados del año 2005 y que, con tan sólo dos discos en el mercado, han conseguido definitivamente ganarse el favor de crítica y fans merced, sobre todo, a su buen hacer y a su capacidad de transformación en los dos años años que separan ambos trabajos.

Después de lanzar un prometedor Ep a finales de 2006, sería al año siguiente cuando vería la luz Strange House, su primer larga duración que, básicamente, contenía las mismas canciones del Ep y alguna más y que estaba marcado por la contundencia de las composiciones así como por su simplicidad y agresividad, vamos, en definitiva, un auténtico bombazo de garage-punk que llegó bastante alto alto en las listas y los colocó, ya de forma definitiva, en la órbita mundial del rock.

Canciones cortas y directas, tienen quizá su máximo exponente en Sheena Is a Parasite, un auténtico trallazo, como diría el otro, duro y a la encía.

Parecía que la línea ya estaba trazada, que las sorpresas serían pocas cuando se anunciaba una segunda entrega a mediados del año recién consumido…craso error.

Primary Colours, el disco que hoy nos ocupa, supone un cambio de rumbo total y posiblemente definitivo en esa línea a la que antes hacíamos referencia.

Lo que en Strange House sonaba casi a organillo casero se ha vuelto ahora sintetizador arrebatador, la simplicidad de aquellas guitarras primitivas ha tornado en contundencia y en pesadez, en una especie de rodillo sonoro que te atrapa y ya no te suelta jamás. Aquellos temas directos que parecían cocinados a todo gas son ahora composiciones trabajadas, elaboradas y magníficamente gestionadas por la eficaz y fresca voz de Faris Badwan.

Quizá el cambio en la producción, tal vez el nuevo sello, sea como fuere, Primary Colours es un discazo. Desgranémoslo un poco.

Cuando comenzamos a escuchar Mirror’s Image, ya nos damos cuenta que esta es otra historia, sintetizadores y efectos vocales propios de las grandes bandas góticas de los 80’s, a uno le vienen a la mente monstruos como The Mission, sin ir más lejos.

Avanzamos un poco más y llegamos a Who Can Say. Esto, amigas y amigos, son palabras mayores. Lo podéis llamar neo-gótico, lo podéis llamar noise, lo podéis llamar psicodelia, lo podéis llamar como queráis (de todo han dicho los amantes de las etiquetas), pero ante todo debéis llamarlo temazo. Esta es, para mi, la auténtica bomba de Primary Colours. Un auténtico compendio de rock’n'roll del siglo 21 que bebe, que duda cabe, de los grandes maestros de lo oscuro y lo siniestro de la historia del género. Impagable esa voz en off del bueno de Faris en medio del tema.

Viene Do You Remember, otra dosis de buen gusto con unas guitarras afiladas que nos traen a la mente a gente como My Bloody Valentine en su época más gloriosa, si, se que es mucho decir, pero no falto a la verdad.

Así se va sucediendo este revolucionario e inesperado Primary Colours para sorpresa, esta vez grata, del oyente hasta llegar al último corte del disco Sea Within a Sea, la otra gran joya del disco que en nada desmerece a la mencionada Who Can Say y que se convierte, por derecho propio en la más psicodélica y trabajada de las canciones de este magnífico disco que no debería faltar en la discoteca de todo aquel que se precie de amar el sonido de las guitarras y las emociones que éstas pueden llegar a proporcionarnos.

Nada más, la semana que viene nos comunicaremos de nuevo, entre tanto, ya sabéis, ser felices, disfrutar y escuchar música, ¿qué mejor cosa se puede hacer en estos tiempos que corren?, ¿escuchar a los políticos?….¡Bufffff!

Wild Beast, bienvenidos.

Pipe (9 de Febrero, 2010)

Uno a veces se queda perplejo ante la capacidad que tiene el Reino Unido de parir bandas pop dignas de ser admiradas en todo el mundo. Si bien aquellos años dorados del brit-pop de los 90 se van quedando un poco en el olvido, más si cabe tras la extinción definitiva de Oasis no hace muchas fechas, a poco que uno indague se encuentra con bandas fabulosas que, si bien son reconocidas en medio globo, cuesta conocer dentro de nuestras fronteras, cosa nada extraña observando el esperpéntico panorama musical al que, tristemente, estamos sometidos.

Una de las mayores sorpresas que nos ha dejado el 2009 vienen de Kendal, una localidad situada al sureste de Inglaterra de poco más de 25000 habitantes conocida hasta ahora por su chocolate mentolado y su tabaco y, seguramente para muchos a partir de este año recién terminado, por ser la cuna de los Wild Beast.

Si bien Two Dancers (Agosto’09), el disco que hoy nos ocupa, no es el primer trabajo de la banda, debutaron con Limbo, Panto (Junio’08), es sin duda el punto de inflexión de un proyecto que tiene visos de llegar a ser algo grande, aún más grande.

¿Cómo describir algo tan bello, tan sutil? A veces las palabras no bastan para semejante menester, uno debe sentarse, relajarse y escuchar, deleitarse con la infinita voz de Hayden Thorpe y el buen hacer a las cuerdas (básicamente) de Tom Flemming, dejarse llevar por ese mundo maravilloso de melodías y cordialidad que destilan sus composiciones y que han logrado poner de acuerdo a la crítica especializada de los cinco continentes.

Two Dancers se abre con “The fun powder plot”, y si no tenéis ni idea de lo que os estoy contando, debéis saber que desde la primera nota de sintetizador que suena en el disco, seréis automáticamente adictos al mundo luminoso y cautivador de Wild Beast.

Secciones rítmicas evocadoras, oscuros rincones donde siempre, indefectiblemente, se puede ver una luz, brillante, que los vuelve amplios y penetrables.

Two Dancers ya no para, llega “Hooting & howling”, primer single del disco que, además de ser una pieza casi de museo, viene acompañada de un video hermoso y refrescante que no hace sinó confirmar todo lo que su música sugiere. (No os lo perdáis).

“All the king’s men” nos lleva a un mundo casi de cuento, con una melodía alegre y campechana que hace que uno mueva los pies y la cabeza como si estuviera caminando alegremente por la campiña con una hierbecilla entre los dientes y los ojos a medio cerrar abrumados por la última luz del día ya de vuelta a casa.

Así se va sucediendo este regalo, este caramelo delicioso que los cuatro miembros de Wild Beast ponen a nuestra disposiciòn.

Dominadores absolutos de los tempos y el delay, se vuelven a exhibir con “This is our lot”, donde Thorpe ya canta absolutamente lo que le da la gana haciendo que, inevitable y odiosamente, nos acordemos de otros fenómenos del género como lo fueron Morrisey o el mismísimo Brett Anderson, por citar un par de ellos.

Es, en definita, Two Dancers, una de las obras cumbre del pop del año pasado y, si me apuráis, de la década, lleno de belleza, de romanticismo, de amabiliad, de paz. Os voy a dejar con “We still got the taste dancin’ on our tongues”, un compendio de todo lo que os estoy contando y una canción que, sin duda, hará de vuestros días, un sitio mejor, más hermoso.

Pd: Os la dejo en directo para que veáis que no hay trampa ni cartón en esta banda y, si os gusta (estoy casi seguro), sabed que a finales de mayo estarán por nuestro país, en una de las pocas fechas libres que tienen. Y es que Wild Beast, han venido para quedarse.

Ser felices.

The Dead Weather; pasado, presente….¿futuro?

Pipe (3 de Febrero, 2010)

Asoman hoy al Strobo 3 hombres y una dama de esos de armas tomar.

Estamos ante una de esas bandas formadas por componentes de varios grupos que, por inquietud y amor a lo suyo, deciden iniciar una nueva andadura en busca de nuevos sentimientos y emociones renovadas. Así nacen The Dead Weather.

Los grupos nodriza de estos 4 personajes son de los que apenas tienen parangón,  The Kills, Queens of the stone age, Raconteurs, White Stripes…

Bien podríamos decir que cuando tienes a Jack White en el grupo, automáticamente pasan a ser “la nueva banda de Jack White“, pero nada más lejos de la realidad, Mr. White no es más que otro eslabón en esta cadena en la que cada uno sabe dar lo mejor de sí mismo logrando uno de los lanzamientos más redondos de las últimas fechas.

Concebido en 2008 cuando The Kills y The Raconteurs compartían gira por los USA, el proyecto se vió finalmente culminado con la aparición en el mercado en marzo de 2009 de Horehound, el único larga duración de la banda hasta la fecha a la espera de que, en unos meses, nos regalen los oídos con una nueva entrega, por lo visto ya medio gestada, y que tendrá la difícil misión de estar a la altura de este Horehound.

Ya desde “60 feet tall”, primer corte del disco, Horehound resulta toda una declaración de intenciones, Blues-rock psicodélico con reminiscencias de todo lo grande y bueno del género, con un riff asesino que deja bien a las claras lo que se puede llegar a obtener con los medios puestos a disposición de las mentes y las manos apropiadas, arrebaradora.

Asi, se van desgranando uno a uno los temas de un trabajo enorme, que destila electricidad y suciedad, (Hang you from the heavens), delirios afro-jamaicanos pasados por el turmix de J. White, increíble en “I cut like a buffalo”, psicodelia setentera, riffs clásicos a lo Hendrix, esencia de grandeza y todos los ingredientes adicionales que debe contener el buen rock.

Es por tanto Horehound, un perfecto manual para comprender el pasado y el presente del género. No falta de nada. Veamos hacia donde nos conduce todo esto. De momento, no nos queda otra que disfrutar del ahora, y con discos como este, es mucho más fácil.

Os dejo con “New pony”, o lo que estos marcianos de Teenesee pueden llegar a hacer con un tema de Dylan de hace más de treinta años.

Disfrutadlo, es un gran disco.

¡Larga vida!

Jeff Buckley, que estás en los cielos.

Pipe (26 de Enero, 2010)

Siempre cuesta encontrar un camino que nos resulta nuevo, un saber hacer aquello que nunca se ha hecho, quizá por ello, en momentos de duda semejante, resulte una fácil solución hacer uso de aquello que se presume infalible.

El problema, pienso yo, solamente puede surgir entonces cuando el uso dado a dicho recurso infalible no sea el adecuado, y cometamos asi la torpeza de tirar nuestra mejor arma por la borda.

Se me ha dado la oportunidad a través de este blog de intentar acercar, a quien quiera acercarse, la mayor de mis pasiones, la mayor de muchas, la música, y espero estar a la altura de las circunstancias.

Desde este lugar, espero contagiaros a todas y a todos un poco de esa pasión y para ello, que mejor que empezar con el disco que hace que uno crea en ángeles, en mundos mejores, en el amor, en la vida….

El 23 de Agosto de 1994 veía la luz “Grace”, era el primer disco completo de un artista que pasaría a formar parte, irreversiblemente, de las vidas y corazones de cientos de miles de personas de este mundo, como de la del que suscribe.

Jeff Buckley no era un tipo normal, hijo de un mítico cantante de las décadas de los 60 y los 70 al que apenas conoció, un vistazo a su vida nos hace pensar que era un amante de las cosas bellas y pequeñas, de aquellas que no se planifican y, poco a poco, son las que van llenando tu vida.

Después de titubeos con el reggae, el jazz y el funk, decide finalmente centrar toda su energía en el rock americano, desde Dylan hasta Page, ese día, nació un mito. Solamente tres años después, las aguas del rio Lobo en Memphis se llevaban para siempre a este ángel, no se sabe si por querencia de las aguas o del mismo Jeff.

GRACE: Es una obra redonda, oscura, torturada, preciosista y definitivamente bella. Ya desde los primeros acordes de Mojo Pin, podemos apreciar todas esas características que, prácticamente no abandonan a ninguno de sus temas. El disco transcurre, llegan dos bombas, Grace y Last Goodbye, dos canciones que como un buen y muy inglés amigo mío dijo una vez, “cuesta creer que se pueda cantar algo más bonito”.

Lilac Wine (uffff, tremenda, con la bebida como panacea de todos nuestros tormentos), So Real y después la versión del Hallelujah de Cohen, qué decir, sublime. A estas alturas del disco, uno ya está totalmente entregado a la causa, a la oronda magnitud del señor que está cantando, del señor que tanto está sintiendo y expresando, ya solo podemos relajarnos y disfrutar, escuchar a Jeff Buckley te hace sentir bien, creer en los artistas, en el genio.

Pero aun nos queda el más grande puyazo del disco, el tema premonitorio, “no hay tiempo para el odio, solo para algunas preguntas, ¿Qué es el amor?, ¿Dónde está la felicidad?, ¿Qué es una vida?, ¿Dónde está la paz?, ¿dónde voy a encontrar la fuerza que me haga realizarme? Son sólo algunas de las cuestiones que se plantea en “Eternal Life”, una canción de manual para todo amante de la llamada “americana”.

Quizá en busca de esas respuestas se metió en las aguas de aquel río maldito que nos lo quitó para siempre.

Que lo disfrutéis.