20 de junio, 2017

Senda del Nansa

Por pesca


Hace ya un tiempo (mayo 2009) escribía aquí en el blog sobre el Nansa. Hace unos días, y para recordar viejos tiempos, nos acercamos hasta Muñorrodero para pasar una tarde de “senderismo” por lo que ahora se conoce como Senda fluvial del Nansa, que no es otra cosa que una adecuación de los caminos que Luis Cordero y algún otro mantenía en buen estado para el paso de pescadores.
Por aquel entonces las escaleras eran más rústicas y los pasos “aéreos” estaban algo más expuestos, pero en el fondo el recorrido es prácticamente el mismo.
La excursión me trajo buenos recuerdos por una parte y desolación por otra.
Buenos, por las jornadas de pesca que disfrutamos por sus cotos, por la tranquilidad que allí se respiraba, por la buena compañía que allí solía haber y, por qué no, por la gastronomía de la zona (nunca faltaba el cocido montañés).
A día de hoy se echaría en falta la compañía de Luis y de Alberto y de su animada charla y aquella paz se vería truncada por la multitud de caminantes que pasean por la senda. Con esto y con todo, todavía valdría la pena desplazarse a pescar allí si no fuera porque pescar algo es como tocar con un dedo en el cielo.
Al ya sempiterno abandono del río por parte de la administración, se une la dejadez absoluta de lo que eran infraestructuras de pescadores que tan peculiar hacían a este río.
De los “pedalos” solamente queda el de Cofría, el de Los Ángeles está inservible y de las chalanas solo quedan las fotos para el recuerdo; por ello, a las posturas de la margen izquierda del río es imposible acceder, sobre todo para personas mayores.
Si unimos esto a que encima estaba muy corto de agua, la impresión es la de desolación total.
Ni agua, ni peces, ni posibilidad de pescar, así es que un veintitantos de mayo había un par de pescadores en Olios y unos “sesteando” en El Bejar. El resto tan vacío como el cauce.
El Nansa, posiblemente el río más castigado por los Kilowatios de toda la cornisa Cantábrica junto con el Navia, ¿hasta cuándo?