Déjà vu

admin (14 de Julio, 2012)

Hace ahora más de
un año y medio, a la vista de lo que entonces estaba sucediendo en Grecia, dije
que, muy probablemente, España sería “rescatada”. Hoy, aunque el gobierno lo
siga maquillando de eufemismos, el “rescate” es ya un hecho incuestionable.

Para hacer aquella
afirmación no hacía falta ser ningún adivino, bastaba con darse cuenta de que
en ambos países se daban “condiciones” favorables al “rescate” y tener en
cuenta la avidez de los “rescatadores”. Esas “condiciones” –deuda externa,
endeudamiento público, evasión fiscal, corrupción, pérdida de competitividad,
alta tasa de paro, (agravadas en el caso de España con particularidades como la
“burbuja inmobiliaria”, el endeudamiento privado o la costosa mecánica del
Estado de las Autonomías)- no son precisamente las causas de la “crisis”, pero,
presentadas como tales con acierto mediático, contribuyen de manera eficaz a la
aceptación de los “rescates” por el pueblo, que es, a fin de cuentas, el que
habrá de pagarlos.

Ahora, con el
“rescate”, llegan también las primeras “medidas” que vertebran el plan de los
“rescatadores” y de sus aliados políticos: un gobierno de cualificados
“gestores” que entienden de números; un ministro de economía de la confianza de
la élite financiera internacional (y de su cantera); paquetes de recortes
“imprescindibles” en sanidad y educación; capitalización “imprescindible” de la
banca con fondos públicos y por mayor cuantía de lo ahorrado a base de
recortes; reformas de la legislación laboral en detrimento de los trabajadores;
aumento del IVA y recargos en el agua, la electricidad y los combustibles; medidas
para el control de los medios de información; incremento acelerado de los
dispositivos policiales de seguridad y orden público; etcétera.

Todo lo que sucede
en España en los últimos meses –incluida la fraseología y la retórica del establishment político y mediático- es
un déjà vu de lo sucedido en Grecia,
un proceso que reproduce paso a paso y con precisión matemática todo lo
sucedido meses antes a este otro lado del Mediterráneo, y que, por tanto, hace
tremendamente previsible el futuro inmediato. ¿Y qué es lo que va a pasar? En
principio, se tomarán las llamadas “medidas para frenar el déficit” (aunque el
déficit real poco tenga que ver con el montante de las deudas y con el
verdadero origen de la llamada “crisis”). Medidas como: recortes progresivos en
sueldos y pensiones (aunque se jure y se perjure lo contrario); reducción
drástica del salario mínimo y cuestionamiento del propio concepto;
debilitamiento del concepto de convenio laboral y sustitución del mismo por la
negociación individual de los contratos; despido progresivo de miles de
funcionarios a través de distintos subterfugios (como el paso a una “reserva”
provisional); abaratamiento del despido en el sector privado como acto reflejo
de las prácticas gubernamentales en el sector público; planes de privatización
de bienes nacionales bajo la etiqueta eufemística de “puesta en valor”
(infraestructuras sanitarias, empresas de transporte, suministros de agua y
energía, loterías y quinielas, etc.); injerencia progresiva en la política de
instituciones como el FMI, la Comisión Europea y sus correspondientes Task Forces; reformas en la legislación
(e incluso en la Constitución) para salvaguardar los intereses de los
acreedores; rescate 1, rescate 2, rescate 3… Todo en un ambiente de huelgas y
manifestaciones bajo control.

El objetivo principal
de este “plan” está claro: sacar provecho de una recesión creada expresamente
para que la riqueza pase a cada vez a menos manos y para que las condiciones que
permiten el enriquecimiento de esa élite sigan mejorando progresivamente. Por
eso, sus acciones en nombre de la “crisis” van encaminadas a la degradación del
mercado de trabajo hasta que todo el mundo esté dispuesto a hacer cualquier
cosa por un bocadillo, al desmantelamiento de los servicios públicos y a su
sustitución por servicios de pago prestados por corporaciones privadas (en las
que tienen parte los propios políticos que favorecen el proceso), al
debilitamiento del ya deficiente sistema democrático…, van encaminadas, en una
palabra, al retroceso del estado social y a la pérdida de conquistas y derechos
adquiridos por la humanidad a través de largos y penosos procesos de lucha.

Y el futuro
próximo depara aún mucho más. Cuando la deuda no se pueda pagar –porque está
previsto que sea impagable-, darán comienzo los procedimientos de cobro
alternativo: privatización de recursos naturales públicos (agua, fuentes de
energía, yacimientos minerales, riqueza forestal, parajes naturales…), creación
de “zonas de economía especial” (es decir, zonas del territorio nacional
cedidas en usufructo a “inversores” y acogidas a regímenes jurídicos, fiscales
y laborales especiales, a conveniencia del “inversor”), relajación de las leyes
que protegen los derechos fundamentales de las personas y su propia integridad,
y toda una serie de pesadillas que ya son realidad cotidiana en muchos lugares
del planeta, algunos bien cercanos.

Este es el plan
para los próximos meses, o, digamos, los próximos años, en esta Europa cada vez
menos política y más financiera. Ante este déjà
vu
, en la conciencia de los
“ciudadanos” está ahora seguir sentados en el sofá hasta que todo esté perdido,
o levantarse de una vez y actuar.