Violencia de guante blanco

admin (13 de Febrero, 2012)

Ayer, una vez más, los informativos de medio mundo transmitieron la imagen de una Atenas en llamas y exhibieron el rostro compungido de algunos políticos condenando la violencia. Esa violencia que condenan –y que, en el fondo les favorece–, la hemos condenado repetidamente, no sólo con palabras sino también con actos, quienes acudimos una y otra vez a manifestarnos desde la no-violencia contra la desmedida violencia de guante blanco ejercida impunemente por quienes de iure y de facto nos gobiernan.

Ayer, desde las cinco de la tarde, había en la plaza Syntagma de Atenas más de cien mil personas tratando de impedir de forma no violenta que avanzara aún más el funesto plan que está dejando a Grecia hundida en la miseria y sometida a la voluntad de sus controvertidos acreedores. Esa no-violencia no llenó las pantallas ni los periódicos. Sin ir más lejos, pasó desapercibida la imagen de los ancianos Mikis Theodorakis y Manolis Glezos tratando de hablar con los antidisturbios y teniendo que ser evacuados entre una nube de gases lacrimógenos. Yo estaba allí, a su lado, junto a otros muchos que tragamos de lleno la primera bocanada. Corrimos todos haciendo arcadas y tratando de abrir paso para sacar a Theodorakis en su silla de ruedas pegado a una máscara antigás (ver imágenes). Media hora después, ya recuperados, los dos respetados personajes trataron de acercarse de nuevo mientras, en uno y otro punto de la plaza, la policía continuaba lanzando gases contra una masa compacta de manifestantes pacíficos que retrocedía y volvía a avanzar según la densidad del humo, sin intención de abandonar la plaza. Todo esto –de lo que poco se informa–, sucedió mucho antes de los disturbios en las calles circundantes, mucho antes de que cayera la noche y, lamentablemente, instigadores y alborotadores –cuya tesitura moral guarda nula relación con la del grueso de los manifestantes– hicieran arder varios edificios del centro.

Esta violencia de reyerta la condenamos todos. Pero hay que condenar también la otra: la de un gobierno que, lejos de garantizar el derecho a la manifestación pacífica, gasea sistemáticamente a quienes tratan de ejercerlo para no sentirse cómplices de la injusticia; la de unos “representantes” de oídos sordos que no se atreven a asomarse siquiera a la ventana del parlamento para ver que, desde hace ya tiempo, gobiernan de espaldas a una ciudadanía cada vez más desesperada; la violencia de estar mintiendo reiteradamente a esa ciudadanía y de escamotearle un referéndum para pronunciarse sobre pactos que la comprometerán durante largos años y que están siendo firmados en su nombre por un gobierno colaboracionista de muy dudosa legitimidad democrática; la violencia de haber dejado a 30.000 personas sin hogar durmiendo entre cartones este invierno; la violencia de haber situado ya al 28% de la población del país bajo el umbral de la pobreza; la violencia de condenar a una generación al paro, o a la miseria de ser contratado por 500 euros y acribillado a impuestos; la violencia de cortar el suministro eléctrico a las familias mientras se subvenciona a fondo perdido a la banca; la violencia de estar desmantelando el Estado social y democrático para pagar la insensatez de los políticos y el descontrol de la especulación. Esta es la violencia que hay que condenar, la impune violencia de guante blanco, la violencia impoluta de los hipócritas que callan sabiéndose cómplices de un sistema que produce a manos llenas misera, explotación, colonialismo, guerra y muerte, y, sin embargo, hacen un consternado gesto de repulsa cuando ven arder un contenedor de basura.

¡Por favor, no sigan rescatándonos!

admin (10 de Febrero, 2012)

El invierno se recrudece, el litro de gasóleo para calefacción está ya a un euro y hay más de 30.000 personas viviendo en la calle. La “crisis” ha llenado el país de policías y de necesitados. Entretanto, lo que estos días ocurre en las famosas reuniones del “gobierno de consenso” y en sus famosas negociaciones con la Troika, sólo puede ser descrito con propiedad utilizando los peores calificativos: farsa, estafa, traición.

Un gobierno sin legitimidad, impuesto por los acreedores para salvaguardar propios sus intereses, no debería poder sellar en nombre de un país pactos sibilinos que lo comprometan durante generaciones, lo desposean de sus recursos y su soberanía y lo dejen sumido en la caquexia. Sin embargo, los “padres de la patria” están “negociando”. Loukas Papadimos –ex gobernador del Banco de Grecia en el momento en que, según se dice, el gobierno griego falseaba las cuentas para entrar en el euro con la ayuda de Goldman Sachs y su entonces vicepresidente Mario Draghi–, Georgios Papandreou –quien en sus dos años de gobierno, y contra todo clamor popular, no hizo sino lo imposible por meter a Grecia en los onerosos planes de rescate del FMI y sus aliados europeos–, Antonis Samaras –quien profiere calculadas bravatas farisaicas sin apartar ni un momento las miras de su ambición de presidencia– y Georgios Karatzaferis –colaboracionista que pesca en río revuelto para contento de la ultraderecha– están “negociando” por el interés de la nación.

La verdad es que no negocian nada. Tan sólo menudencias debidamente maquilladas de cara a la galería (como la “salvación” de la 13ª y 14ª paga, cuando, en cifras reales, se ha perdido ya la 12ª y parte de la 11ª, por no hablar de la tremenda pérdida de poder adquisitivo, que llega en muchos casos al 50%), para dar la impresión de que se afanan por la suerte del pueblo y hacer tardíos y patéticos “méritos” de cara a las próximas elecciones. Nada de los que estos impostores “negocian” significará un cambio de rumbo, un cambio de política, un cambio de sistema. Sólo más sacrificios para alimentar un sistema perverso y nunca para subvertirlo.

El pueblo griego debe reaccionar masivamente y quitarse de encima a quienes han llevado las cosas a este punto. El nuevo plan de rescate volverá a fracasar, como ya ha fracasado el anterior, porque está diseñado para ello a conveniencia de los acreedores y de sus aliados. Grecia nunca saldrá de la crisis por el camino del empréstito y eso está calculado. Volver a ser “rescatados” no es sino dar un funesto paso más hacia el colonialismo financiero. El final del camino –ya próximo por esta vía– será una Grecia sin democracia ni soberanía, hundida en un medievo laboral y social, con sus muchos recursos naturales en manos de imprecisas sociedades de inversión y con “zonas de economía especial” cedidas al control de los acreedores. Esto, que hablando de Europa suena a catastrofismo, es ya una realidad en muchos rincones del planeta.

Grecia tiene que plantarse y tomar con decisión las riendas de su destino. Ya se ha perdido mucho tiempo y se han dado muchos pasos errados. O hacemos una suspensión de pagos sin salir del euro aunque revienten los acreedores y los “mercados”; o la hacemos saliendo del euro y dejándolo aún más debilitado y expuesto a su desaparición, pero recuperando el control sobre la moneda y sobre la política económica. Con todas sus consecuencias. Pero nada de PSI, de derecho británico, de incentivos a la banca, de supervisores alemanes, de nuevas extorsiones, de nuevos préstamos ni de colonialismo financiero. Basta ya de “rescates” con condiciones que no fueron impuestas ni a la Alemania nazi cuando perdió la guerra.

Este fin de semana, en la calle, Grecia tiene que decir “¡Basta!”, y, por el bien común, ojalá se le unan muchas voces de fuera.

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