¡Digamos NO!

admin (23 de Noviembre, 2011)

Entrevista a Pedro Olalla en el programa SINGULARS de TV3 (22 nov. 2011)

http://www.tv3.cat/videos/3821610/Pedro-Olalla-Diguem-no

Adelante con el plan

admin (12 de Noviembre, 2011)

Si Grecia fuese un país del Tercer Mundo, sus “acreedores”, tirando de manual, habrían impuesto ya una dictadura: un gobierno tiránico que restableciese por la fuerza el orden público, ejecutase sus directrices políticas y velase por sus intereses económicos. Pero como una dictadura así no es compatible con la Unión Europea –al menos en las formas–, los “acreedores” han tenido que limitarse a “lo más parecido dentro de las apariencias democráticas”: un gobierno “de conveniencia”, no constituido a través de elecciones, que no representa la soberanía popular, y que, declaradamente, tiene como única misión aplicar a pies juntillas el plan diseñado por Merkel, Sarkozy y la Autoridad Bancaria Europea en la Cumbre de Bruselas del pasado 26 de Octubre. Para alcanzar el éxito, el “nuevo gobierno” cuenta con la presidencia de un tecnócrata banquero, Loukas Papadimos –ex-gobernador del Banco de Grecia y ex-vicepresidente de Banco Central Europeo–, así como con la supervisión general del cabeza del “task-force” de la Comisión Europea, el alemán Horst Reichenbach, y sus más de 300 supervisores europeos repartidos por la administración griega para velar por el riguroso cumplimiento de los objetivos del plan de rescate. He aquí el nuevo gobierno.

Como ya se ha visto –y pese a las postreras soflamas de Papandreou sobre soberanía y patriotismo–, al pueblo se le ha escamoteado en el último momento su derecho a pronunciarse en referéndum sobre una cuestión tan trascendente como la aceptación o no de este nuevo plan de rescate que le tocará sufrir y pagar. Entre tanto, para calmar los ánimos, se vende a la opinión pública mundial la idea de que el generoso acuerdo alcanzado en Bruselas supone una quita –incluso una “condonación”– del 50% de la deuda de Grecia. Veamos en qué consiste esa falacia.

Si la deuda de Grecia ronda actualmente los 360.000 millones, un espíritu cándido y confiado podría pensar que, después del anunciado recorte del 50%, la suma quedaría reducida a 180.000. Nada más lejos de la realidad. ¿Por qué? Porque de esa “participación voluntaria en el recorte” (PSI) quedan excluidos los bonos en poder del Banco Central Europeo, los préstamos de la Troika (FMI, BCE, CE), otros préstamos contratados por la Hacienda griega, las letras del Tesoro, los bonos que vencen después del 2020 y las obligaciones del Estado con sus proveedores extranjeros. Es decir, que el recorte se aplica al valor nominal de los bonos que poseen, fundamentalmente, bancos, aseguradoras y cajas griegas. De este modo, la supuesta “condonación” de 180.000 millones de euros quedará, en el mejor de los casos, en un “recorte” de entre 20 y 25.000 millones, es decir, que, al cocer, el 50% se queda entre un 5% y un 7%. Para los que dicen que me invento los datos, aclaro que éstos los facilita en un reciente comunicado el presidente del Banco del Pireo.

Pero esto no es todo, porque la aceptación de este “recorte” lleva aparejado el compromiso de asumir 88.000 millones de nuevos préstamos de aquí a finales de febrero. Y no porque peligre el pago de sueldos y pensiones, sino porque peligra especialmente el cobro de los acreedores. Atentos a los datos: antes del 15 de diciembre, tomaremos prestados los 8.000 millones del famoso sexto tramo “para atender los pagos del Estado”, teniendo en cuenta que de aquí a fin de año hay que abonar intereses por valor de 15.500 millones; en enero, tomaremos otros 30.000 millones para incentivar a los bancos a que cambien sus bonos por los “recortados” de la operación PSI; después, otros 30.000 para que el gobierno recapitalice a los bancos mediante la compra de acciones; y finalmente, en febrero de 2012, 20.000 millones más de la primera entrega de un nuevo y prometedor paquete para afrontar el infinito préstamo, pues en marzo vencen bonos por valor de 14.500 millones. Con esta operación, los acreedores aseguran y amplían su negocio y, sobre todo, consiguen que los nuevos bonos sean deuda interestatal (EFSF) y no se rijan ya por el derecho griego sino por el británico u otro más favorable a sus intereses. Por si esto fuera poco, las agencias de calificación ya han corrido la voz de que el recorte voluntario del 50% será saludado con la etiqueta de Selective Default (SD). Como ven, el “recorte” sale bastante caro, y no sólo en euros, sino también en nuevas medidas de recaudación, en sueldos, en prestaciones, en libertades y en soberanía.

“Si todo va bien”, dicen nuestros rescatadores, “el plan económico hará que, en 2020, la deuda de Grecia se sitúe en el 120% del PIB”. Teniendo en cuenta que, según el principio empírico de Kenneth Rogoff, autoridad mundial en economía, una deuda de más del 90% del PIB no es sostenible, el futuro por este camino no parece muy halagüeño. Mientras tanto, confiados en nuestros líderes, seguimos alimentando la economía ficticia de la especulación con la economía real de la producción, y seguimos tomando prestado para atender los préstamos, socorrer a los bancos y poner los recursos y las libertades a merced de los acreedores.

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Un pequeño detalle

admin (5 de Noviembre, 2011)

Como era de esperar, el otoño caliente de Grecia sigue suscitando la expectación general. El interés de los distintos medios en informar del tema llena el aire continuas noticias, testimonios y análisis, que, de forma espontánea, alimentan tanto la falacia como la verdad. Mientras tanto, los datos importantes permanecen a menudo ocultos, deliberadamente ocultos, ajenos a la consideración de quienes vociferan argumentos superficiales o se enzarzan en rebatir o condenar “la merecida suerte” de los griegos.

Por ejemplo, ¿saben ustedes qué reza el artículo 14.5 del Contrato de Préstamo que el gobierno de Georgios Papandreou firmó el 8 de mayo de 2010 con el FMI y los acreedores europeos? Es algo, un pequeño detalle, que al menos todo ciudadano de Europa, por su seguridad y su dignidad, debería conocer. Dice textualmente así: “Por el presente contrato, el prestatario [Grecia] renuncia irrevocablemente y sin condiciones a toda inmunidad que tenga o pudiera obtener en lo referente a sí mismo y a sus bienes”. Les dejo unos minutos para que lo mediten.

El hígado y las córneas tienen, sin duda alguna, un valor en el mercado de órganos para transplantes. ¿Pero puede un banco privarle de su hígado o sus corneas si usted, por circunstancias de la vida, no es capaz de atender al pago de un préstamo a su nombre? No, no puede, porque el derecho ha establecido un límite al interés de los acreedores para salvaguardar la dignidad y la vida humana.

Ese límite es, precisamente, el que se han saltado en su propio interés las partes contratantes del préstamo que ahora destruye a Grecia. De acuerdo al derecho internacional, la soberanía de los Estados impide que los bienes públicos sean embargados; la supresión de este derecho de soberanía sólo sería posible si el Estado renunciara expresamente a ellos, y esto es lo que ha hecho a espaldas de la ciudadanía el gobierno de Papandreou al firmar el Contrato de Préstamo del 8 de mayo de 2010, sin pasarlo siquiera por la aprobación del Parlamento.

Antes de contratar este “plan de rescate” con el FMI y nuestros “socios” europeos, Grecia le debía dinero a entidades privadas que habían invertido en bonos del Estado; ahora, tras los nuevos paquetes y el “efecto conversor” del plan de rescate, la especulación privada se ha convertido en deuda pública y los acreedores ya no son meras entidades financieras, sino que son también Estados y el Fondo Monetario Internacional. Dicho de otro modo: antes Grecia le debía dinero a su abuelita y ahora se lo debe a Al Capone.

El artículo 14.5 abre de par en par las puertas al nuevo colonialismo financiero, al proceso global de desmantelamiento del estado de derecho, de usurpación de la soberanía y de sometimiento a través de la deuda. Ahora, los acreedores –que han exigido entre otras cosas que el nuevo memorándum se rija por el derecho británico, el más favorable a sus intereses– pueden ganar juicios ante tribunales europeos, alemanes o ingleses y venir despues a Grecia a embargar recursos minerales, lingotes de oro, infraestructuras públicas o zonas del territorio nacional. Además, como todo banco tiene derecho a convertir en títulos sus préstamos, nada impide que parte de esa deuda pueda ser vendida a terceros: nada impide que, si Alemania se cansa de negociar, se la traspase –por ejemplo– a Turquía, convirtiéndola en privilegiada acreedora de Grecia, con via libre para resarcirse del impago.

El 8 de mayo de 2010, el gobierno de Grecia firma un contrato de préstamo renunciando irrevocablemente y sin condiciones al derecho del país a su inmunidad por razones de soberanía nacional. Y no nos lo dice, ni antes ni después. Lo que viene desde entonces hasta hoy, no es sino la ejecución de un plan para sacar partido a esta nueva y prometedora circunstancia, a este pequeño detalle. Téngalo en cuenta cuando vuelvan a hablar de la crisis.

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Un referéndum a cara descubierta

admin (3 de Noviembre, 2011)

Hace una semana, cuando Papandreou volvía sonriendo de Bruselas con la propuesta de recorte de la deuda debajo del brazo, el vicepresidente Venizelos dejó correr la voz de que dicha propuesta no sería aprobada con menos de 180 votos de los 300 diputados que forman el congreso. Fue un golpe de efecto para instar a los parlamentarios a posicionarse frente a una línea de actuación política cada vez con más críticas –incluso dentro de las filas del Pasok– y conseguir así un mayor apoyo para seguir avanzando en la misma onerosa dirección. Hace dos días, sin embargo, mientras Venizelos se recuperaba en una clínica de un agudo ataque de estrés, Papandreou desató el revuelo general con la inesperada propuesta de convocar un referéndum. Aunque sé que no era ésta su intención, a muchos nos ha dado una alegría y voy a tratar de explicar por qué.

Por supuesto, me parece deleznable la retórica hipócrita con la que tratan de vender la idea al pueblo, apelando a la soberanía y al patriotismo. Si su “plan de rescate” necesita ahora el apoyo soberano de la ciudadanía es porque Papandreou reconoce que ha estado procediendo sin él; y si es tan necesario y tan patriótico otorgarlo, ¿por qué no lo pidió hace año y medio, cuando metió al país en el “plan de rescate” con el mero apoyo de los miembros de su gobierno? ¿Por qué no lo pidió tampoco en junio, cuando, a través de tortuosos enjuagues para alcanzar 151 votos, volvió a comprometer al país a un “segundo plan de rescate a medio plazo” mientras la verdadera representación del pueblo se hacinaba a las puertas del parlamento diciendo “no, no, no” y la policía fumigaba con gases tóxicos? Si ahora es tan necesaria la voluntad del pueblo, ¿por qué la ha estado ignorando durante dos años de movilizaciones diarias y varias huelgas generales, que trataron de evitar que la soberanía y la riqueza de los griegos fuera entregada sin presentar batalla a sus dudosos acreedores?

Papandreou propone el referéndum en un órdago desesperado por mantenerse en el poder y seguir adelante con el plan, sirviendo a los intereses que ya se ha demostrado que sirve. La disensión en su partido es cada vez mayor, y sabe bien que, si convoca elecciones, las perderá sin duda; por eso, él y sus titiriteros han decidido jugárselo todo a una carta, confiados en que el pueblo, acorralado entre la urna y la pared y temeroso de que no exista vida fuera del euro, vote al final SÍ. Su ultima ratio ha sido proponer un plebiscito tratando de obtener un cheque en blanco de una ciudadanía confusa y acobardada; pero a estas alturas, Papandreou no busca en realidad obtener el refrendo soberano de los griegos sino forzarlos a la “complicidad”.

Como es natural, todo el que desea que no cambie nada es contrario a la celebración del referéndum, o, en todo caso, acudirá con entusiasmo a votar SÍ al rescate. También se muestran contrarios los otros partidos mayoritarios en el parlamento, que tienen ya puestas sus miras en unas elecciones que “repartan de nuevo la baraja” y que, capitalizando el descontento acumulado entre el electorado del PASOK, les legitimen en el gobierno para seguir ejerciendo la política en la misma dirección “de rescate” sin que el pueblo pueda reprocharles su respeto a los compromisos adquiridos por sus antecesores. Pero frente a esto, quienes creen de verdad que en el endeudamiento eterno no hay salvación posible, que el plan de rescate “rescata sólo a los acreedores” y que Grecia sólo podrá salvar su soberanía, su democracia y su riqueza saliéndose de la eurozona, recuperando el control sobre su moneda y aplicando políticas honestas que pongan freno a la especulación y al verdadero fraude, tienen en este referéndum una oportunidad histórica de decir NO, de dar cauce político a lo que hasta ahora quedaba relegado a las agitaciones de las calles.

La pregunta concreta del plebiscito aún no ha sido formulada, pero de facto no puede ser otra que SÍ o NO a la permanencia en la Eurozona. Y este referéndum, si llega a producirse, medirá de verdad la altura política de los mandatarios y de la ciudadanía griega y hará que caigan muchas máscaras.

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