pedro-olalla (4 de Abril, 2012)
Esta historia, deliberadamente, no refiere nombres ni apellidos. Pero está claro que los tiene, ¡vaya si los tiene!
Hace año y medio, contratamos a una joven emigrante para que hiciera de niñera de nuestros hijos. Aunque la situación económica es terrible, necesitamos su ayuda para poder trabajar. Venía de Santo Domingo y llegó a Grecia como tantos otros, cruzando a pie una noche el río que la separa de Turquía. Como en la desgracia todavía hay clases, se hizo pasar por somalí para evitar ser deportada. La policía la detuvo en el campo y la soltó días después en el centro de Atenas, en los guetos que los políticos han ido creando y que ahora quieren “limpiar”. Nosotros le encontramos una vivienda digna cerca de nuestra casa y le ofrecimos una paga mensual de 560 euros por media jornada. Con eso –cinco veces más de lo que cobraba en su país cosiendo a destajo para una transnacional– ha estado manteniendo a los niños que dejó con sus parientes para venir furtivamente a cuidar a los nuestros.
Pero toda vida necesita horizontes, y ahora nuestra niñera de media jornada se ha ido a probar fortuna a España. Nosotros, apretados también por la situación, decidimos buscar una nueva por menos horas para pagarle sólo 480. Y todo va bien, porque de boca en boca, sin poner siquiera un anuncio, en dos días nos han llamado ocho personas, griegas, desesperadas, dispuestas a cuidar a los niños y a hacer también la casa y la cocina por menos dinero. Nosotros no queremos explotar a nadie. Necesitamos ayuda y, si podemos, queremos ayudar. Y ahora que la niñera emigrante se ha marchado, por el mismo dinero, hemos llamado a alguien que lo necesita, a una puericultora griega, experta pedagoga, que además conoce a los niños: la directora de su escuela. Día a día, a conciencia, nuestros amos han ido construyendo en Grecia un nuevo paraíso laboral para el capitalismo.
pedro-olalla (25 de Marzo, 2012)
La tarde va cayendo, ya han acabado los desfiles y el gobierno respira aliviado. Ha sido necesario un despliegue policial sin precedentes en la Grecia democrática para que los gobernantes actuales se sintieran seguros viendo desfilar a los estudiantes en el Día de la Independencia. Aun así, en muchas ciudades –como Heraclio, Patrás, Larisa o Corfú–, los políticos no se han atrevido a aparecer. En otras, ni siquiera se instaló la tribuna. Y en Heraclio de Creta llegó a suspenderse el desfile, disipando al poco público asistente con gases lacrimógenos.
En todas partes, se oyeron voces en contra de los planes de rescate y muchos estudiantes volvieron a otro lado la cabeza al pasar desfilando ante la tribuna de autoridades. En Patrás, hubo huevos y cafés que fueron a estrellarse contra los cascos y los escudos de la policía. También hubo gases lacrimógenos y más de 30 detenciones, y no asomó la cara ningún representante del gobierno ni ningún diputado. En todas partes hubo “detenciones preventivas” y controles de documentación a transeúntes sospechosos. Y en Corinto, una marcha silenciosa de ciudadanos se atrevió a cerrar el desfile portando una pancarta con la consigna “Resistid”.
Pero el meollo de la cuestión estaba en Atenas, donde, en una tribuna a la que nadie podía aproximarse, se encontraban el Presidente de la República, el Primer Ministro, los ministros del gobierno en pleno y la plana mayor militar (recientemente renovada a conveniencia del gobierno). También había 4.000 policías a pie, furgones en todas las esquinas, agentes de paisano, fiscales preparados para instruir diligencias “in situ” y un helicóptero de las fuerzas de seguridad sobrevolando las avenidas cortadas que confluyen en Sintagma, donde desde ayer se hicieron controles a transeúntes y detenciones preventivas. Todo un fiel retrato del “gobierno legítimo” que dirige el país y de su confianza en el pueblo que le confiere la soberanía.
Cuenta Plutarco que, cuando, a la muerte de Rómulo, los antiguos romanos y sabinos decidieron elegir de mutuo acuerdo al más probo de los hombres para hacerlo su rey, pensaron en Numa, y fueron a buscarlo a los bosques sagrados donde solía retirarse a pensar. Y que cuando lo hallaron y, cediendo a los ruegos del pueblo, aceptó la dignidad de rey, lo primero que hizo fue disolver la guardia personal de 300 lanceros que había instituido Rómulo, porque, a su modo de ver, no tenía sentido mantenerla, pues no hallaba razón para desconfiar de quienes venían a confiar en él, ni razón para reinar por la fuerza sobre un pueblo que no confiara.
pedro-olalla (11 de Marzo, 2012)
Comparto con los lectores de este blog esta entrevista que he realizado hoy en Radio Euskadi sobre la penosa situación actual. Por fortuna, hay personas en los medios que sí quieren hablar.
http://www.eitb.com/es/audios/detalle/847030/audio-grecia–la-infancia-se-rompe-grecia/
pedro-olalla (13 de Febrero, 2012)
Ayer, una vez más, los informativos de medio mundo transmitieron la imagen de una Atenas en llamas y exhibieron el rostro compungido de algunos políticos condenando la violencia. Esa violencia que condenan –y que, en el fondo les favorece–, la hemos condenado repetidamente, no sólo con palabras sino también con actos, quienes acudimos una y otra vez a manifestarnos desde la no-violencia contra la desmedida violencia de guante blanco ejercida impunemente por quienes de iure y de facto nos gobiernan.
Ayer, desde las cinco de la tarde, había en la plaza Syntagma de Atenas más de cien mil personas tratando de impedir de forma no violenta que avanzara aún más el funesto plan que está dejando a Grecia hundida en la miseria y sometida a la voluntad de sus controvertidos acreedores. Esa no-violencia no llenó las pantallas ni los periódicos. Sin ir más lejos, pasó desapercibida la imagen de los ancianos Mikis Theodorakis y Manolis Glezos tratando de hablar con los antidisturbios y teniendo que ser evacuados entre una nube de gases lacrimógenos. Yo estaba allí, a su lado, junto a otros muchos que tragamos de lleno la primera bocanada. Corrimos todos haciendo arcadas y tratando de abrir paso para sacar a Theodorakis en su silla de ruedas pegado a una máscara antigás (ver imágenes). Media hora después, ya recuperados, los dos respetados personajes trataron de acercarse de nuevo mientras, en uno y otro punto de la plaza, la policía continuaba lanzando gases contra una masa compacta de manifestantes pacíficos que retrocedía y volvía a avanzar según la densidad del humo, sin intención de abandonar la plaza. Todo esto –de lo que poco se informa–, sucedió mucho antes de los disturbios en las calles circundantes, mucho antes de que cayera la noche y, lamentablemente, instigadores y alborotadores –cuya tesitura moral guarda nula relación con la del grueso de los manifestantes– hicieran arder varios edificios del centro.
Esta violencia de reyerta la condenamos todos. Pero hay que condenar también la otra: la de un gobierno que, lejos de garantizar el derecho a la manifestación pacífica, gasea sistemáticamente a quienes tratan de ejercerlo para no sentirse cómplices de la injusticia; la de unos “representantes” de oídos sordos que no se atreven a asomarse siquiera a la ventana del parlamento para ver que, desde hace ya tiempo, gobiernan de espaldas a una ciudadanía cada vez más desesperada; la violencia de estar mintiendo reiteradamente a esa ciudadanía y de escamotearle un referéndum para pronunciarse sobre pactos que la comprometerán durante largos años y que están siendo firmados en su nombre por un gobierno colaboracionista de muy dudosa legitimidad democrática; la violencia de haber dejado a 30.000 personas sin hogar durmiendo entre cartones este invierno; la violencia de haber situado ya al 28% de la población del país bajo el umbral de la pobreza; la violencia de condenar a una generación al paro, o a la miseria de ser contratado por 500 euros y acribillado a impuestos; la violencia de cortar el suministro eléctrico a las familias mientras se subvenciona a fondo perdido a la banca; la violencia de estar desmantelando el Estado social y democrático para pagar la insensatez de los políticos y el descontrol de la especulación. Esta es la violencia que hay que condenar, la impune violencia de guante blanco, la violencia impoluta de los hipócritas que callan sabiéndose cómplices de un sistema que produce a manos llenas misera, explotación, colonialismo, guerra y muerte, y, sin embargo, hacen un consternado gesto de repulsa cuando ven arder un contenedor de basura.
pedro-olalla (10 de Febrero, 2012)
El invierno se recrudece, el litro de gasóleo para calefacción está ya a un euro y hay más de 30.000 personas viviendo en la calle. La “crisis” ha llenado el país de policías y de necesitados. Entretanto, lo que estos días ocurre en las famosas reuniones del “gobierno de consenso” y en sus famosas negociaciones con la Troika, sólo puede ser descrito con propiedad utilizando los peores calificativos: farsa, estafa, traición.
Un gobierno sin legitimidad, impuesto por los acreedores para salvaguardar propios sus intereses, no debería poder sellar en nombre de un país pactos sibilinos que lo comprometan durante generaciones, lo desposean de sus recursos y su soberanía y lo dejen sumido en la caquexia. Sin embargo, los “padres de la patria” están “negociando”. Loukas Papadimos –ex gobernador del Banco de Grecia en el momento en que, según se dice, el gobierno griego falseaba las cuentas para entrar en el euro con la ayuda de Goldman Sachs y su entonces vicepresidente Mario Draghi–, Georgios Papandreou –quien en sus dos años de gobierno, y contra todo clamor popular, no hizo sino lo imposible por meter a Grecia en los onerosos planes de rescate del FMI y sus aliados europeos–, Antonis Samaras –quien profiere calculadas bravatas farisaicas sin apartar ni un momento las miras de su ambición de presidencia– y Georgios Karatzaferis –colaboracionista que pesca en río revuelto para contento de la ultraderecha– están “negociando” por el interés de la nación.
La verdad es que no negocian nada. Tan sólo menudencias debidamente maquilladas de cara a la galería (como la “salvación” de la 13ª y 14ª paga, cuando, en cifras reales, se ha perdido ya la 12ª y parte de la 11ª, por no hablar de la tremenda pérdida de poder adquisitivo, que llega en muchos casos al 50%), para dar la impresión de que se afanan por la suerte del pueblo y hacer tardíos y patéticos “méritos” de cara a las próximas elecciones. Nada de los que estos impostores “negocian” significará un cambio de rumbo, un cambio de política, un cambio de sistema. Sólo más sacrificios para alimentar un sistema perverso y nunca para subvertirlo.
El pueblo griego debe reaccionar masivamente y quitarse de encima a quienes han llevado las cosas a este punto. El nuevo plan de rescate volverá a fracasar, como ya ha fracasado el anterior, porque está diseñado para ello a conveniencia de los acreedores y de sus aliados. Grecia nunca saldrá de la crisis por el camino del empréstito y eso está calculado. Volver a ser “rescatados” no es sino dar un funesto paso más hacia el colonialismo financiero. El final del camino –ya próximo por esta vía– será una Grecia sin democracia ni soberanía, hundida en un medievo laboral y social, con sus muchos recursos naturales en manos de imprecisas sociedades de inversión y con “zonas de economía especial” cedidas al control de los acreedores. Esto, que hablando de Europa suena a catastrofismo, es ya una realidad en muchos rincones del planeta.
Grecia tiene que plantarse y tomar con decisión las riendas de su destino. Ya se ha perdido mucho tiempo y se han dado muchos pasos errados. O hacemos una suspensión de pagos sin salir del euro aunque revienten los acreedores y los “mercados”; o la hacemos saliendo del euro y dejándolo aún más debilitado y expuesto a su desaparición, pero recuperando el control sobre la moneda y sobre la política económica. Con todas sus consecuencias. Pero nada de PSI, de derecho británico, de incentivos a la banca, de supervisores alemanes, de nuevas extorsiones, de nuevos préstamos ni de colonialismo financiero. Basta ya de “rescates” con condiciones que no fueron impuestas ni a la Alemania nazi cuando perdió la guerra.
Este fin de semana, en la calle, Grecia tiene que decir “¡Basta!”, y, por el bien común, ojalá se le unan muchas voces de fuera.
pedro-olalla (5 de Enero, 2012)
Nuevo mensaje en vídeo desde Atenas:
http://youtu.be/9vNtQbU1q80
pedro-olalla (23 de Diciembre, 2011)
El nuevo gobierno de España tiene de Ministro de Economía a un dirigente de Lehman Brothers, de Ministro de Defensa a un fabricante de armas y en sus filas ministeriales a varios ultraconservadores de la línea de Aznar y próximos al Opus Dei. Quienes se jactan diciendo aliviados que España no es Grecia, sepan que pronto estará aún peor.
pedro-olalla (5 de Diciembre, 2011)
Oviedo, lunes 12 de diciembre de 2010, a las 19:30
Coloquio con Pedro Olalla: “Grecia, crisis y ciudadanía”.
Biblioteca Municipal. Organizado por Tribuna Ciudadana.
Barcelona, martes 13 de diciembre, a las 19:00
Coloquio con Pedro Olalla: “Grecia, crisis y ciudadanía”. Moderado por Blanca Vilá, catedrática de Derecho Internacional.
Escuela Oficial de Idiomas. Avda. Drassanes, s/n.
pedro-olalla (23 de Noviembre, 2011)
Entrevista a Pedro Olalla en el programa SINGULARS de TV3 (22 nov. 2011)
http://www.tv3.cat/videos/3821610/Pedro-Olalla-Diguem-no
pedro-olalla (12 de Noviembre, 2011)
Si Grecia fuese un país del Tercer Mundo, sus “acreedores”, tirando de manual, habrían impuesto ya una dictadura: un gobierno tiránico que restableciese por la fuerza el orden público, ejecutase sus directrices políticas y velase por sus intereses económicos. Pero como una dictadura así no es compatible con la Unión Europea –al menos en las formas–, los “acreedores” han tenido que limitarse a “lo más parecido dentro de las apariencias democráticas”: un gobierno “de conveniencia”, no constituido a través de elecciones, que no representa la soberanía popular, y que, declaradamente, tiene como única misión aplicar a pies juntillas el plan diseñado por Merkel, Sarkozy y la Autoridad Bancaria Europea en la Cumbre de Bruselas del pasado 26 de Octubre. Para alcanzar el éxito, el “nuevo gobierno” cuenta con la presidencia de un tecnócrata banquero, Loukas Papadimos –ex-gobernador del Banco de Grecia y ex-vicepresidente de Banco Central Europeo–, así como con la supervisión general del cabeza del “task-force” de la Comisión Europea, el alemán Horst Reichenbach, y sus más de 300 supervisores europeos repartidos por la administración griega para velar por el riguroso cumplimiento de los objetivos del plan de rescate. He aquí el nuevo gobierno.
Como ya se ha visto –y pese a las postreras soflamas de Papandreou sobre soberanía y patriotismo–, al pueblo se le ha escamoteado en el último momento su derecho a pronunciarse en referéndum sobre una cuestión tan trascendente como la aceptación o no de este nuevo plan de rescate que le tocará sufrir y pagar. Entre tanto, para calmar los ánimos, se vende a la opinión pública mundial la idea de que el generoso acuerdo alcanzado en Bruselas supone una quita –incluso una “condonación”– del 50% de la deuda de Grecia. Veamos en qué consiste esa falacia.
Si la deuda de Grecia ronda actualmente los 360.000 millones, un espíritu cándido y confiado podría pensar que, después del anunciado recorte del 50%, la suma quedaría reducida a 180.000. Nada más lejos de la realidad. ¿Por qué? Porque de esa “participación voluntaria en el recorte” (PSI) quedan excluidos los bonos en poder del Banco Central Europeo, los préstamos de la Troika (FMI, BCE, CE), otros préstamos contratados por la Hacienda griega, las letras del Tesoro, los bonos que vencen después del 2020 y las obligaciones del Estado con sus proveedores extranjeros. Es decir, que el recorte se aplica al valor nominal de los bonos que poseen, fundamentalmente, bancos, aseguradoras y cajas griegas. De este modo, la supuesta “condonación” de 180.000 millones de euros quedará, en el mejor de los casos, en un “recorte” de entre 20 y 25.000 millones, es decir, que, al cocer, el 50% se queda entre un 5% y un 7%. Para los que dicen que me invento los datos, aclaro que éstos los facilita en un reciente comunicado el presidente del Banco del Pireo.
Pero esto no es todo, porque la aceptación de este “recorte” lleva aparejado el compromiso de asumir 88.000 millones de nuevos préstamos de aquí a finales de febrero. Y no porque peligre el pago de sueldos y pensiones, sino porque peligra especialmente el cobro de los acreedores. Atentos a los datos: antes del 15 de diciembre, tomaremos prestados los 8.000 millones del famoso sexto tramo “para atender los pagos del Estado”, teniendo en cuenta que de aquí a fin de año hay que abonar intereses por valor de 15.500 millones; en enero, tomaremos otros 30.000 millones para incentivar a los bancos a que cambien sus bonos por los “recortados” de la operación PSI; después, otros 30.000 para que el gobierno recapitalice a los bancos mediante la compra de acciones; y finalmente, en febrero de 2012, 20.000 millones más de la primera entrega de un nuevo y prometedor paquete para afrontar el infinito préstamo, pues en marzo vencen bonos por valor de 14.500 millones. Con esta operación, los acreedores aseguran y amplían su negocio y, sobre todo, consiguen que los nuevos bonos sean deuda interestatal (EFSF) y no se rijan ya por el derecho griego sino por el británico u otro más favorable a sus intereses. Por si esto fuera poco, las agencias de calificación ya han corrido la voz de que el recorte voluntario del 50% será saludado con la etiqueta de Selective Default (SD). Como ven, el “recorte” sale bastante caro, y no sólo en euros, sino también en nuevas medidas de recaudación, en sueldos, en prestaciones, en libertades y en soberanía.
“Si todo va bien”, dicen nuestros rescatadores, “el plan económico hará que, en 2020, la deuda de Grecia se sitúe en el 120% del PIB”. Teniendo en cuenta que, según el principio empírico de Kenneth Rogoff, autoridad mundial en economía, una deuda de más del 90% del PIB no es sostenible, el futuro por este camino no parece muy halagüeño. Mientras tanto, confiados en nuestros líderes, seguimos alimentando la economía ficticia de la especulación con la economía real de la producción, y seguimos tomando prestado para atender los préstamos, socorrer a los bancos y poner los recursos y las libertades a merced de los acreedores.
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