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Percepción del desastre
Por Luis M. Alonso (3 de Febrero, 2010)
Hemos tenido que echar, una vez más, mano a la cartera para darnos cuenta de que el Gobierno lo está haciendo ya no mal, sino rematadamente mal. Por culpa del adoctrinamiento o el desinterés, en la política todo es discutible salvo la economía. Se puede pensar razonadamente que el Gobierno es desastroso, pero esa percepción, aunque resulte de lo más impepinable, siempre será susceptible de juicios más benévolos. Incluso habrá quienes digan que lo está haciendo maravillosamente. No ocurre, sin embargo, así cuando el mismo Presidente que prometió pleno empleo pone al pueblo en pie de guerra diciéndole que la edad de jubilación se retrasa y cuando nuevos parados se apuntan a diario en las listas del Inem.
Zapatero, del que los socialistas quieren seguir dependiendo tanto si truena como si escampa, va a llegar a las próximas elecciones con uno de los balances más pobres que un gobernante puede presentar después de dos legislaturas. En su haber figuran un par de pequeñas conquistas sociales y que la ETA se halle de nuevo contra las cuerdas, aun después de haberse empeñado en despertarla con balones de oxígeno. En su debe pongan ustedes los ceros que quieran, porque la cifra resulta considerable si se mide el descalabro constitucional, la situación económica y el desprestigio, como ha recordado Aznar, de volver a jugar en la segunda división europea.
Si no fuera porque los sindicatos viven el dulce sueño de la adormidera, a ZP ya le habrían hecho la huelga general, del mismo modo que los pancarteros podrían haberse movilizado con la tabarra del «no a la guerra», ya que jamás tuvimos más tropas desperdigadas por los conflictos del mundo, ni mayor parte de bajas.
El ex presidente Aznar -tan antipático- ha sentenciado con pompa digna de Churchill este momento apocalíptico de España: «Nadie hizo tanto daño en menos tiempo».
Zapatero, si es que va a rezar en Washington, que rece por nosotros y por él mismo.

