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El taconazo del audaz
Por Luis M. Alonso (2 de Febrero, 2010)
Todo o nada; a Guti hay que aceptarlo como es
El fútbol ofrece en ocasiones argumentos que obligan a reconciliarse con quienes lo practican: la audacia del taconazo de Guti del sábado en Riazor es el último ejemplo y pocos habrá que distingan tanto a un jugador. No es una novedad la magnífica visión de juego de Gutiérrez, ni el guante de su zurda, tampoco los demonios que pueblan su temperamento y la conducta infantil y caprichosa en algunas de sus actuaciones.
El «catorce» del Real Madrid emite demasiadas señales discontinuas para que todo el mundo lo pueda entender, pero aun cuando los fogonazos son tan nítidos como el del otro día se le capta a medias. Pocas cosas hay comparables al desvarío de Guti, lo mismo que sus raptos de genialidad no tienen parangón. O todo o nada, a Gutiérrez hay que aceptarlo como es; lo que pasa es que no sabemos cómo hacerlo. El taconazo de Riazor, una de las jugadas más sorprendentes y geniales del fútbol de los últimos tiempos, les servirá a sus detractores para reprocharle la próxima deserción, con los pretextos de la trayectoria errática y la geometría irregular. Los anticurristas siempre han dicho de «el faraón de Camas» que en los toros no vale sólo manejar el capote con la prestancia de quien desliza un pañuelito ante una fiera.
El arte sublime y la genialidad, pertenecen, al menos, en este país a los que no están dispuestos a derrocharlo en cualquier lugar y momento. Guti, al igual que Curro Romero, es uno de ellos y lo peor o lo mejor es que se encuentra a gusto en su papel, reforzado, además, por los argumentos de que se trata de un futbolista único.
Asistimos a una Liga de dos, con un Barça que juega de memoria y aburre a las piedras por lo previsible que resulta en casi todo, y un Madrid que resiste a trancas y barrancas, entre destellos y fogonazos de sus galácticos. Lo de Guti no se le ocurre a nadie y cuando sucede hay quienes, en vez de disfrutar, sienten el vértigo del atrevimiento. Pasa frecuentemente con los artistas.

