Érase una vez en Boston

Por Luis M. Alonso (28 de Enero, 2010)


Dennis Lehane persigue la gran novela americana en «Cualquier otro día», epopeya que tiene de fondo la huelga de la Policía de 1919

Hace algo más de 90 años, los policías de Boston, que hacían su trabajo en unas condiciones laborales extremas, con jornadas extenuantes, bajos salarios y teniendo que pagar de sus bolsillos los uniformes y las balas, decidieron ir a la huelga. Los agentes querían ganar más y el jefe, al que apoyaba sibilinamente el gobernador del Estado y más tarde presidente de Estados Unidos, Calvin Coolidge, respondió a esta aspiración suspendiendo de empleo y sueldo a más de uno.

Los policías quisieron entonces sindicarse y volvieron a recibir una negativa por respuesta. Aquel 9 de septiembre de 1919, recién concluida la I Guerra Mundial, el viejo Boston se convirtió en un escenario irreal de violencia y saqueo. La milicia tomó las calles y la Guardia Nacional ordenó cargas de caballería en la mismísima Beacon Hill. La secuencia dio vueltas durante mucho tiempo en la cabeza de Dennis Lehane (1966) hasta que le sirvió para escribir una potente reconstrucción histórica del momento, Cualquier otro día, que encierra todos los méritos para convertirse en la gran novela de América y que ahora publica RBA. «Parecía una película de vaqueros pero ocurrió en Boston en 1919, entre las calles estrechas y los edificios antiguos. Se oía el estrépito de los cascos sobre los adoquines», explicó.

Lehane pertenece a una raza de escritores de pulso narrativo seguro y lenguaje directo. Alterna la ironía con la fuerza de las imágenes que transmite su literatura. De origen irlandés, se crio en Dorchester, un barrio conflictivo de Boston en el que escribir nunca ha sido la opción de vida más viable y donde los chicos con los que jugaba de pequeño acabaron siendo policías, bomberos, electricistas, criminales o sirviendo cervezas detrás de la barra de un bar. Fue a la Universidad a estudiar Periodismo pero lo dejó dos veces, aburrido de los hechos que se repiten. Su padre, capataz del transporte marítimo en el puerto, y su madre, ama de casa, querían que fuese abogado, pero para él escribir se convirtió en una cuestión de vida o muerte.

Las cosas no se puede decir que le hayan ido mal: debutó en 1994 con Un trago antes de la guerra, la primera de las novelas de la pareja de detectives Patrick Kenzie y Angela Gennaro, que obtuvo el «Shamus Adward» a la mejor ópera prima. Es autor también, entre otras, de Plegarias en la noche, Desapareció una noche (Gone baby gone), Mystic River y Shutter Island. Las tres últimas han sido llevadas al cine por Ben Affleck, Clint Eastwood y Martin Scorsese. Cualquier otro día se podrá ver en las pantallas dirigida por Sam Raimi.

Al igual que su amigo el novelista George Pelecanos escribió también algunos episodios para la quinta temporada de la magnífica serie The Wire. En cierto modo, lo que Lehane hace con el Boston histórico de Cualquier otro día (The Given Day) tiene bastante que ver con lo que David Simon ha conseguido en The Wire, con el Baltimore contemporáneo: ambos muestran en diferentes etapas la corrupción política y policial, la inestabilidad en las calles y las turbulencias sociales.

En Cualquier otro día hay suficientes dosis de misterio y de oscuridad, pero no trata, como otras novelas del autor, de la solución de un crimen. Lehane entrelaza la vida de dos jóvenes cuyos caminos convergen en los meses previos a la violenta huelga de 1919 que condujo a varios días de disturbios y de muertes. La historia de América de inicios de siglo desfila por las páginas con personajes reales, como el propio Coolidge o el futuro J. Edgar Hoover. Babe Ruth, uno de los más grandes jugadores de béisbol de la historia, es utilizado como personaje recurrente, siendo como era en aquellos años un astro de los Red Sox, antes de que Harry Frazee decidiese traspasarlo a los New York Yankees. «Fue un verano de locura impredecible. Cada vez que Babe creía que empezaba a entender algo se le escapaba y salía corriendo como un cerdo de granja al oler el hacha. La bomba que estalló en la casa del fiscal general, paros y huelgas por todas partes, disturbios raciales, primero en Washington y luego en Chicago. Los negros de Chicago llegaron al punto de defenderse, convirtiendo un disturbio racial en una guerra racial y metiendo el miedo en el cuerpo a todo el país». Boston se preparó entonces para lo suyo: bolcheviques, anarquistas, terrorismo, inmigración, inestabilidad económica, el nacimiento del FBI, la corrupción, la terrible gripe española que dejará miles de cadáveres en el North End, el auge del movimiento sindical, la huelga, etcétera.

La suma de Doctorow y Don DeLillo, pero mejor. Pocas cosas en nuestros días hay que merezcan tanto la atención del lector como una novela de Lehane.

Categoría: Bloc de Notas | Enero 2010 |

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