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	<title>A orillas del Narcea</title>
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	<pubDate>Fri, 19 Mar 2010 15:07:35 +0000</pubDate>
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		<title>Malos tiempos para las pitas (y para la fábula)</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Mar 2010 15:06:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>luisarias</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Bajo Narcea]]></category>

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		<description><![CDATA[«Larga y prematuramente adiestrado en el ejercicio de la paciencia, y en la cuidadosa restauración de ilusiones sistemáticamente pisoteadas, me acostumbré muy pronto a quejarme en voz baja, a maldecir para mis adentros y a hablar ambiguamente, poco y siempre de otras cosas; es decir, al uso de la ironía, de la metáfora, de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>«Larga y prematuramente adiestrado en el ejercicio de la paciencia, y en la cuidadosa restauración de ilusiones sistemáticamente pisoteadas, me acostumbré muy pronto a quejarme en voz baja, a maldecir para mis adentros y a hablar ambiguamente, poco y siempre de otras cosas; es decir, al uso de la ironía, de la metáfora, de la metonimia y de la reticencia» </p>
<p>(Ángel González)</p>
<p>A toda bestia que pretenda / perfeccionarse como tal / -ya sea / con fines belicistas o pacíficos, / con miras financieras o teológicas, / o por amor al arte simplemente- / no cesaré de darle este consejo: / que observe al homo sapiens, y que aprenda»</p>
<p>(Ángel González)</p>
<p>¿Hay algo personal entre las pitas y el señor Cuesta? ¿Está contra la fábula el nuevo director del Museo de Grandas de Salime? ¿Lo etnográfico es lo disecado, como diría Unamuno, y, por tanto, en un museo sobran los seres vivos aunque se trate de gallinas? ¿O es que allí donde hay pitas no hay lugar para el rigor científico? Seguramente, el señor Cuesta está decidido a dejar en Grandas su impronta desde el principio de su mandato, como si fuera Lévi-Strauss, y, claro, las pitas pintas y el gallo sobran. Y es que aquí los «Tristes Trópicos» se están convirtiendo en tristes alas, sobre todo, en el occidente astur.<span id="more-370"></span></p>
<p>Esto no sólo no es serio, es que tampoco resulta aceptable literariamente. ¿Qué iba a ser de nosotros sin la fábula? ¿Qué iba a ser de nosotros sin el gallo que había que devolver a Esculapio? ¡Qué menguada estaría nuestra narrativa sin el cuento de Clarín titulado «El Gallo de Sócrates»! Pero, por lo que se ve, las pitas fuera.</p>
<p>Vayamos al verdadero quid de la cuestión, señor Cuesta. Le invito a que lea los artículos que Celsa Díaz publica los martes en esta misma tribuna de la edición de Occidente de LA NUEVA ESPAÑA. A poco que se detenga usted en ellos, se percatará de que incurre en lo que el poeta Ángel González sugiere a los animales: que sigan al homo sapiens (o al homo erectus, quién sabe) y que aprendan. Y caerá en la cuenta también de la incisiva y corrosiva carga simbólica que tiene el gallinero de Paraxes, que, se lo aseguro, levanta pasiones, a veces con risotadas, y, a veces, todo lo contrario. Pero su efecto es de largo alcance, incluso para quienes carecen de él, que ya es decir. Pues bien, mantengo la esperanza de que, tras la lectura de los artículos de Celsa, todo es posible, incluso que reconsidere usted su decisión de desplumar el Museo de Grandas de Salime. </p>
<p>¡Ay! ¡Tanto conocimiento antropológico tenía que derivar en la más científica y rigurosa de las disposiciones imaginables en el Museo de Grandas de Salime, es decir, deshacerse de las pitas!</p>
<p>¿Y qué hacemos con Esopo, señor Cuesta? ¿Y qué hacemos con esa fábula que habla de las gallinas y la comadreja? Nada, nos quedamos sin fábula, sin moraleja y sin pitas pintas, es decir, desplumados de tan buena literatura.</p>
<p>Y es que, mire usted, don Francisco, con medidas como ésta, más allá de lo meramente anecdótico, creo que empezamos muy mal. Primero, le niegan la entrada a la persona que fue el principal artífice del Museo y, después, a la hora de hacerse notar, de dejar claro quién manda aquí, se opta por una decisión que, de entrada, se antoja jocosa a más no poder, pero que, bien pensado, muestra en no pequeña medida el verdadero estado de la cuestión.</p>
<p>En un museo que fue hasta ahora la muestra más completa del vivir asturiano rural, se decide que las pitas sobran. ¿Qué casería no tiene gallinero? Porque, fíjese usted, en los pueblos, gracias a las políticas que se vinieron llevando a cabo en las últimas décadas, apenas hay agricultura y ganadería: cuadras vacías y tierras abandonadas. Pero rara es la casa donde no cacarean las gallinas. </p>
<p>Vistas así las cosas, ¿se da usted cuenta de que con su científica determinación se adelanta a lo venidero, es decir, al momento en que no haya gallinas porque ya no quedará gente, porque la despoblación, como las bardas, las canteras y los eólicos, lo apoderará todo? </p>
<p>Mire, señor Cuesta, a una persona tan culta, erudita y titulada como usted, no hace falta explicarle la trascendencia que tiene lo simbólico. No sólo hablamos de lo imposible que resulta concebir el mundo rural asturiano sin gallinas, sin huevos caseros, sino que también nos referimos al significado de su gesto. Se diría que, en el inventario que se está haciendo, lo que están de más son las gallinas. Así pues, por mucho que haya sido el empeño puesto por ustedes en desprestigiar al señor Naveiras, se barrunta que no es tanto lo que sobraba allí, sólo las pitas. </p>
<p>De modo y manera que los visitantes foráneos, para completar su conocimiento in situ de lo que es la vida rural en Asturias, antes o después de pasar por el museo, deberán acercarse a un gallinero del pueblo para llevarse un recordatorio lo más completo posible de aquello que se ofrece a su vista.</p>
<p>¿Quién nos iba a decir que el rigor, que la gestión más eficaz de un museo etnográfico en Asturias tendrían como punto de partida la expulsión de las pitas de nuestro templo etnográfico?</p>
<p>¿Qué diría Lévi-Strauss? ¿Y qué pensaría el bueno de Sócrates? ¿Y qué relato hubiera escrito Clarín al respecto?</p>
<p>¿Por qué hay tantas conjuras contra la fábula? ¿No se estarán removiendo en su tumba Esopo, Iriarte, Samaniego y La Fontaine, incluso nuestro venerable y venerado Ángel González? </p>
<p>Ha zaherido usted muchas sensibilidades, se lo aseguro.</p>
<p>¡Viva la fábula!</p>
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		<title>La poética de un territorio (En la muerte de Miguel Delibes)</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Mar 2010 20:46:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>luisarias</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Libros]]></category>

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		<description><![CDATA[ Nunca dejé de preguntarme qué interés pueden tener todas aquellas necrológicas que no van más allá de apresurados resúmenes sobre la vida y obra del finado que, ahora más que nunca, con las enciclopedias digitales, están al alcance de todo el mundo sin necesidad de emplear mucho tiempo en tales pesquisas. Y todo ello, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> Nunca dejé de preguntarme qué interés pueden tener todas aquellas necrológicas que no van más allá de apresurados resúmenes sobre la vida y obra del finado que, ahora más que nunca, con las enciclopedias digitales, están al alcance de todo el mundo sin necesidad de emplear mucho tiempo en tales pesquisas. Y todo ello, en el caso de Delibes, es más claro aún. Nadie pone en duda su talla como narrador, ni tampoco su admirable trayectoria como periodista. Por si ello fuera poco, hay datos que avalan su honestidad y su coherencia, entre ellos, el haberse negado a escribir ex profeso una novela para un conocido premio que pretendía contar con su nombre en su inventario de galardonados. Otros, tanto de su generación como también más jóvenes, no pusieron reparos a ello. <span id="more-366"></span><img src="http://fotos.lne.es/fotos/noticias/318x200/2010-03-23_IMG_2010-03-16_02.09.13__3904487.jpg" alt="La poética de un territorio." />Así pues, la grandeza como ciudadano del autor de «Cinco horas con Mario» no estuvo por debajo de las otras, lo que lo convierte, si no en una excepción, sí al menos en uno de los pocos casos que no incurrieron en contradicciones entre la prédica y los hechos. Y, en este mismo orden de cosas, anotemos que Delibes dejó de escribir en el momento en el que ya no se sentía con fuerzas para ello. Es decir, no hay en su obra unos últimos libros flojos, carentes de interés, viviendo de sí mismo, como hicieron otros novelistas de su misma generación, que, tras haber creado obras maestras en su momento, acabaron publicando auténticos bodrios. Pongamos que hablo de Cela.</p>
<p>Dicho todo ello, más allá de la constatación y recuerdo de todas las excelencias que hemos apuntado, acaso no esté de más apuntar, aunque sea casi de soslayo por los límites de espacio de un artículo periodístico, qué es lo más genuino de la obra narrativa de Delibes.</p>
<p>A este propósito, en el caso que nos ocupa, entre las muchas cosas que merecen un estudio profundo del conjunto de su obra, se encuentra sin duda un cotejo a fondo entre dos Castillas, tan distintas y tan distantes, que fueron la que forjó literariamente el 98, frente a la que se encuentra en muchas de las novelas del gran escritor recientemente fallecido.</p>
<p>Delibes hizo, en efecto, una poética de un territorio en su obra, en este caso, de Castilla, que no es la del 98, sino la suya propia, aquella que contempla, no con los ojos decadentes de un Azorín, ni con las visiones agónicas de Unamuno y Machado, sino como un universo que, literalmente, se está desnaturalizando y desgarrando, no por una decadencia histórica, secuela última de un imperio que se desmembró, sino por las imposiciones de una nueva sociedad de consumo que impone la deserción de un modo de vida. No son, en general, los ganapanes machadianos los que se llevan la peor parte en el universo narrativo de Delibes, sino una clase media en gran medida desnaturalizada.</p>
<p>Una clase media que no existía en el momento en que la Generación del 98 hizo de Castilla la doble metáfora de la decadencia material y espiritual de España. Una clase media que tampoco tenía protagonismo cuando el regeneracionista Julio Senador habló de aquella Castilla en escombros. Así las cosas, sería muy conveniente que se conociese a fondo la Castilla que plasmó Delibes en su universo literario, frente a la noventayochista.</p>
<p>Tras la lectura de la mayor parte de su obra literaria, el lector sale satisfecho no sólo por la maestría de Delibes como narrador, sino también y en una medida no menos importante, por haber asistido a un proceso de justicia poética con unos personajes que, aun teniendo casi todas las circunstancias en su contra, salen airosos existencialmente de la peripecia en la que se han visto envueltos.</p>
<p>¿Acaso Cayo, del que se pretende el voto en las primeras elecciones tras la muerte del dictador, no queda muy por encima del mundo que le rodea, al tiempo que deja en el lector un poso melancólico inevitable? Pero, en todo caso, gana la dificilísima batalla de la coherencia.</p>
<p>¿Y qué decir de Mario y de su mujer? No me refiero en este caso a las grandes dificultades que plantea la estructura de ese largo monólogo hecho novela, sino al interés y respeto que nos suscitan dos perdedores, tanto el propio Mario como su viuda, en un mundo que discurría muy ajeno a lo que ambos representaban.</p>
<p>Personajes los de Delibes que, como la atmósfera en que casi todos ellos se desenvolvían, no estaban contaminados por los imperativos de una contemporaneidad que se enfrentaba a ellos, en tanto implicaba un mundo en el que no tendrían sitio.</p>
<p>Personajes muchos de ellos de una coherencia y una pulcritud moral que estaban en consonancia con esa prosa más alambicada que sencilla y, sobre todo, tan limpia como el cielo de Castilla y la mirada de este narrador irrepetible.</p>
<p>Poética de un territorio poblado en gran parte por personajes que representan el fin de un mundo que se va con ellos, un mundo puede que más inocente, pero, insistimos, más limpio y más afín.</p>
<p>Poética de un territorio en un universo narrativo de referencia. No es menos rica literariamente la Castilla de Delibes que la Castilla noventayochista.</p>
<p>Poética de un territorio concebida y creada más acá y más allá de un gran oficio periodístico, el mismo que reivindicaba este diario en su último editorial.</p>
<p>No sólo hemos perdido a un gran narrador y a un gran periodista, sino también a un ciudadano en cuya trayectoria pública no hay nubarrones negros y procelosos, sino claridad, el gran imperativo ético y estético de un eximio escritor, de un auténtico maestro.</p>
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		<title>¿Dónde está Cornellana?</title>
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		<pubDate>Sat, 13 Mar 2010 14:33:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>luisarias</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Bajo Narcea]]></category>

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		<description><![CDATA[A José Luis Fernández López, por haber sabido hacer belleza de página de sus parajes de infancia, aquí, en Cornellana.
Es perfectamente creíble la anécdota que contaba Pepe el Ferreiro en el artículo que publicó el martes en este periódico cuando refería que una funcionaria de la Consejería de la Cosa (de Cultura, en este caso) [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A José Luis Fernández López, por haber sabido hacer belleza de página de sus parajes de infancia, aquí, en Cornellana.</p>
<p>Es perfectamente creíble la anécdota que contaba Pepe el Ferreiro en el artículo que publicó el martes en este periódico cuando refería que una funcionaria de la Consejería de la Cosa (de Cultura, en este caso) había preguntado dónde estaba Salas. Y es que, como me tiene dicho repetidas veces otro asturiano occidental por el que siento gran aprecio, para muchos políticos, Asturias termina en el alto de Buenavista. Lo cierto es que el desconocimiento sobre el occidente astur no es algo superado que remita a tiempos muy pretéritos, pues sigue sucediendo hoy.<span id="more-364"></span></p>
<p>Lo cierto es también que, al hablar Pepe el Ferreiro de la oportunidad perdida por no haberse restaurado hace ya tiempo el monasterio de Cornellana, no sólo suscribo de principio a fin lo que plantea, sino que además me estremece presenciar la ruina de ese monasterio, así como la constatación de otras muchas asignaturas pendientes de estos contornos.</p>
<p>Ubíquese el lector por un momento en el monasterio del que venimos hablando y pregúntese qué explicación puede haber para que las obras de restauración, con partidas presupuestarias ya aprobadas, no hayan comenzado aún. Tras la contemplación azoriniana de las ruinas, encamínese río arriba por la llamada ruta del salmón, ruta de leyenda si se tiene en cuenta que el mágico pez que tanto alegró estos parajes parece estar en trance de desaparecer. Pues bien, lo que se va a encontrar es la metáfora perfecta de lo que pudo haber sido y no fue, es decir, los restos de una obra ferroviaria que en su momento, en la posguerra, pretendía transportar el carbón desde Cangas del Narcea a San Esteban de Pravia. La obra nunca llegó a ejecutarse, y lo que sale al encuentro del caminante son los restos de ese proyecto que se quedó en nada. </p>
<p>No es ciertamente poca cosa toparse con un monasterio en ruinas, con un río por el que cada vez suben menos salmones y con esa ruta de lo que pudo haber sido y no fue. En su momento, el profesor José Luis Fernández López escribió un artículo publicado en el suplemento «La Nueva Quintana» de este periódico donde daba cuenta de este paisaje desde un estremecimiento que alcanzó una envidiable belleza de página. Y es que, si en las cercanías de San Esteban de Pravia, se habla de «la ría melancólica», ¿qué decir de estos parajes donde casi todo se quedó en expectativa? No hablamos de restos de antiguos esplendores, sino de huellas de expectativas frustradas, lo que nos hace estremecer hasta los tuétanos.</p>
<p>Obligado es hacerse la pregunta retórica: ¿Dónde está Cornellana? El día en que se termine el enlace del tramo Grao- Doriga, que lleva casi dos años de retraso, para ser fieles a la tradición, esta villa entre dos ríos, nudo de comunicaciones con el interior, la costa y el centro, quedará a muy pocos minutos de Oviedo. </p>
<p>Si bien puede decirse que nunca es tarde, por parodiar un conocido poema de Jorge Guillén, el centro de Asturias tendrá unas bodas tardías con la historia que desamó a diario, con la historia de uno de sus ríos más pródigos en salmones, con el soberbio poderío artístico de su monasterio, con ese itinerario que habla de un proyecto que, de haberse llevado a cabo, hubiese cambiado la vida de estos parajes, dotándolos de un dinamismo que nunca se llegó a disfrutar.</p>
<p>¿Dónde está Cornellana? En una ubicación privilegiada en lo que se refiere también a su paisaje, a la fertilidad de sus tierras. Pero, ¡ay!, las políticas que se vinieron haciendo a lo largo del tiempo se juramentaron para que sus accesos desde el centro de Asturias no estuviesen nunca a la altura de las circunstancias. Y, por si ello fuera poco, la brutal reconversión que se hizo en el campo convirtió en estas vegas en paisajes del abandono tomados por las bardas. </p>
<p>Si hablamos de su comunicación con la costa, desde una perspectiva histórica, muchos son los que podrán recordar aquella infame carretera carbonera entre Cornellana y Pravia, que, según parece, la trazó Sagasta, que, además de jefe de uno de los partidos «turnantes» (con «r») fue también ingeniero de caminos. Así pues, la carretera carbonera y el proyecto ferroviario que se quedó por el camino.</p>
<p>Y si hablamos del centro de Asturias, hasta los inicios del siglo XXI, el acceso a Oviedo por Trubia era, sin duda, el más tercermundista de aquella nacional 634 llamada en su momento a vertebrar Asturias.</p>
<p>El monasterio, la legendaria joya arquitectónica, que, como recordaba Pepe el Ferreiro en su artículo, pudo haber sido sede del Archivo General de Asturias, cuenta con todos los requisitos también para llegar a ser algún día un Parador con un atractivo turístico incuestionable, que, puestos a seguir soñando, tendría, asimismo, el valor añadido de un río Narcea limpio, lleno de truchas, anguilas y salmones con un extraordinario potencial de convocatoria para el visitante. En este caso, el arte, la historia y la naturaleza, parodiando al personaje de Tirso, clamaron al cielo y no los oyó.</p>
<p>Pero no perdamos la esperanza, no nos instalemos en la queja, tenemos que seguir soñando que llegará el momento en que las comunicaciones mejoren de una vez, en que prevalezca el convencimiento de que el futuro pasa, entre otras cosas, por preservar los tesoros artísticos, paisajísticos y naturales. Y en que, en el lugar de doña Belén Fernández, haya una autoridad política que decida hacer los saneamientos en los pueblos ribereños del Narcea.</p>
<p>¿Dónde está Cornellana, amigo José Luis? En un enclave de privilegio en el que la historia se da cita y en el que, algún día, el mapa encargado de recoger lo valioso y genuino dé cuenta de este lugar con el que queremos seguir soñando. </p>
<p>Y viviendo.</p>
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		<title>A vueltas con el pacto educativo</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Mar 2010 14:23:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>luisarias</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Enseñanza]]></category>

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		<description><![CDATA[«La democracia que sólo instituye los órganos políticos elementales, como son los comicios, el Parlamento, el jurado, no es más que aparente democracia. Si a quien se le da el voto no se le da la escuela, padece una estafa. La democracia es fundamentalmente un avivador de la cultura. En los países donde el sufragio [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>«La democracia que sólo instituye los órganos políticos elementales, como son los comicios, el Parlamento, el jurado, no es más que aparente democracia. Si a quien se le da el voto no se le da la escuela, padece una estafa. La democracia es fundamentalmente un avivador de la cultura. En los países donde el sufragio no ha ido antes a la escuela, se busca el descrédito y la falsificación de la democracia. Pero no se haga de esto un argumento para retirar los derechos políticos, so pretexto de que los ignorantes no pueden usarlos. Ésta es la argucia preparada, esperada por los enemigos de la libertad, que para algo dejan a los pueblos pudrirse en las tinieblas. Nada se aprende a hacer si no es haciéndolo. ¿Se prohíbe andar al niño mientras no sepa andar?» (Azaña).</p>
<p>«Principio de educación: la escuela, como institución normal de un país, depende mucho más del aire público en que íntegramente flota que del aire pedagógico artificialmente producido dentro de sus muros. Sólo cuando hay ecuación entre la presión de uno y otro aire la escuela es buena». (Ortega).<span id="more-362"></span></p>
<p>Alguien recordaba estos días, al cumplirse cien años desde que la mujer en España pudo acceder a los estudios universitarios, que en su momento Concepción Arenal se vio obligada a disfrazarse de hombre en el aula universitaria, así como las amargas y lúcidas reflexiones de doña Emilia Pardo Bazán sobre el particular. Cien años después de aquella conquista, lo que tenemos es un sistema de enseñanza que resulta insuficiente, sobre todo, en cuanto a su nivel de exigencia.</p>
<p>Hablemos claro: el llamado derecho a la educación no puede ni debe ser sinónimo de aparcar a niños y adolescentes en los centros de enseñanza. O partimos de la base de que la escuela y los institutos son sitios donde se va, sobre todo, a aprender, o estamos hablando de muy distinta cosa. Todo lo demás es demagogia.</p>
<p>Y es que, con la testarudez propia que arrojan una y otra vez los datos del llamado «informe Pisa», con el desprestigio que sufre la profesión docente, con la estulticia de una jerigonza que atenta contra el idioma y que insulta a la inteligencia, no se puede seguir aplazando una reforma a fondo en nuestro sistema de enseñanza.</p>
<p>Dar el voto y negar la escuela, como dice Azaña en el texto que encabeza el presente artículo, es una estafa en toda regla. Quizá no lo sea menos la existencia de una escuela que renuncia a la exigencia y al aprendizaje, que, tras aquella nociva y perniciosa LOGSE, en la que el esfuerzo se quedó proscrito y se pretendió hacer del profesorado una especie de colectivo bufonesco, la cadena de despropósitos no hizo más que incrementarse.</p>
<p>Habría que preguntarse si una sociedad que encumbra a personajes zafios que logran audiencias millonarias en programas televisivos concede al saber la importancia que en realidad tiene. Habría que preguntarse, por tanto, qué espera esa sociedad de la escuela. Habría que preguntarse también por qué hay un empeño tan grande en llamar educación a lo que en principio sería enseñanza. ¿Acaso se puede negar que son los medios, especialmente la televisión, quienes educan en lugar de la escuela? Y, siendo esto así, ¿cómo hay tantos discursos que, con un cinismo hiperbólico, se atreven a hablar de la «educación en valores» que debe dar fundamentalmente la escuela? ¿Valores en la escuela frente a una sociedad que, como hemos dicho, enaltece la chabacanería, frente a una sociedad cuya vida pública es un relato casi continuo de corruptelas, frente a una sociedad que no apuesta claramente por la excelencia?</p>
<p>A propósito de la cita de Ortega, ¿puede la escuela aislarse por completo de la sociedad en que vive, como una especie de oasis, frente a todo lo que la rodea? </p>
<p>Hubo un tiempo en que no se ponía en tela de juicio que el conocimiento no sólo era un instrumento imprescindible para la emancipación de las personas, sino que además nos hacía mejores. Pero no son ésas, por decirlo al orteguiano modo, las ideas y las creencias de nuestro presente.</p>
<p>Se hablaba, y se sigue haciendo, de la atención a una diversidad en el alumnado que no sólo existe, sino que es cada vez mayor. Se hablaba y se sigue hablando de la falta de medios, lo cual no deja de ser en gran parte cierto. Pero ¿por qué no se habla también de la falta de autoridad del profesorado en el aula? ¿Por qué se rehúye lo más obvio, es decir, que, mientras se pueda reventar el desarrollo de una clase impunemente, no es posible una enseñanza de calidad? ¿Por qué se soslaya que hablar de «resultados» en la tarea docente es tan demagógico como peligroso? ¿Cabe aberración mayor que considerar buenos resultados los aprobados generales? </p>
<p>¿Por qué no se quiere caer en la cuenta del grave problema que representan en la enseñanza los sindicatos del sector como palmeros de las humillaciones y de la falta de autoridad, como gentes que no imparten clase y se reconvirtieron en vendedores de lotería en Navidades en los centros docentes? ¿Es necesario explicar a estas alturas que, más que el dinero, lo primero que podemos reivindicar son condiciones dignas de trabajo?</p>
<p>El estado de la cuestión ha llegado a un extremo tal de deterioro que obliga a un pacto que apueste sin fisuras por una reforma educativa copernicana basada en el esfuerzo y en el respeto a unas normas de convivencia mínimas. ¿Se puede hablar de educación cuando no tiene consecuencias saltarse las normas de comportamiento que alteran el desarrollo de una clase? ¿Se puede hablar de la escuela como un ámbito ajeno al saber? Pues es éste, sin exageraciones, el actual estado de cosas.</p>
<p>Y yo me conformaría con que en estas cuestiones hubiese un acuerdo total. Todo lo demás, podría, aunque no mucho, esperar. Y juramentémonos todos para que el pacto, de alcanzarse, sea algo más que una cosmética para salir del paso. Y juramentémonos también para que las puertas estén siempre abiertas para aquellos alumnos que en un momento dado abandonan los estudios: siempre tiene que haber un camino de vuelta. Y, de otro lado, hablando de diversidad, que haya medios, no para segregar a los alumnos, pero sí para que los que tienen la suerte de fascinarse ante la aventura que supone aprender no se vean obligados a renunciar a ese itinerario de fascinación que supone ir, como también dejó escrito Ortega, «de sorpresa en sorpresa».</p>
<p>Confieso que entre todas las grandes compensaciones que tiene la docencia, acaso la mayor de todas sea ver esos ojos abiertos como platos de los alumnos que se estrenan en lo que es apasionarse y asombrarse por conocer y comprender.</p>
<p>No nos pidan ni les pidan que renunciemos y renuncien al eureka nuestro de cada día que, contra éstos y aquéllos, nunca dejó de entonarse, pero tiene que ir a más.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Cuando los políticos son el problema</title>
		<link>http://blogs.lne.es/luisarias/2010/03/06/cuando-los-politicos-son-el-problema/</link>
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		<pubDate>Sat, 06 Mar 2010 14:20:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>luisarias</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[A Celsa Díaz, por su corrosiva lucidez.
Ni el doctor Pangloss se atrevería a negar que estamos en crisis. Ni el más optimista de los seres humanos podría esgrimir argumentos sólidos ante la percepción generalizada de la desolación que provoca la decrepitud que sufre el occidente asturiano. Se diría, así las cosas, que se cumplen todos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A Celsa Díaz, por su corrosiva lucidez.<br />
Ni el doctor Pangloss se atrevería a negar que estamos en crisis. Ni el más optimista de los seres humanos podría esgrimir argumentos sólidos ante la percepción generalizada de la desolación que provoca la decrepitud que sufre el occidente asturiano. Se diría, así las cosas, que se cumplen todos los requisitos para que en este momento irrumpiesen en la vida pública discursos y propuestas que aportasen la frescura necesaria. <span id="more-360"></span></p>
<p>Aquí, donde la ruptura del aislamiento sigue siendo una asignatura pendiente con obras de infraestructuras que van de retraso en retraso; aquí, donde la brutal reconversión del campo hizo de estos contornos una geografía de la tercera edad; aquí, donde el valor añadido del paisaje y la naturaleza está sufriendo agresiones continuas, lo único que no se renovó, ni parece llevar camino de ello, es la mal llamada clase política. </p>
<p>¿Acaso no sería necesaria una reconversión política, empezando por un cambio generacional que en la mayor parte del país empezó a producirse hace años? ¿Alguien se paró a pensar que, tras las reconversiones de la industria, la minería y el campo, la única que no se hizo, ni lleva camino de ello, es la política? </p>
<p>Son ellos, los políticos, la reconversión pendiente. ¿No es cierto que la mayor parte de las personas que están en la vida política perciben unos honorarios muy superiores a los que obtendrían en el desarrollo de su profesión? Y, siendo ello así, ¿es de extrañar que no estén dispuestos a dejar el paso libre a otras personas, y que tal estado de cosas conduce -velis nolis- al estancamiento y a la crispación? </p>
<p>Por si todo lo expuesto fuese poco, hasta el mismísimo doctor Pangloss advertiría también que aquí, para lo que es el occidente de Asturias, no hay proyectos que vayan más allá de vagas generalidades, expuestas, por lo común, con una retórica insufrible que no pasa de ser una retahíla de lugares comunes expresada con una jerigonza que atenta gravemente contra el idioma. </p>
<p>Y, si nos planteamos un juego de muñecas rusas, es decir, si la cosa la descomponemos por ayuntamientos, nos encontramos con una realidad que es cualquier cosa menos alentadora. De lo que se trata es de recaudar. Hasta ahora, mientras duró la llamada burbuja inmobiliaria, los estropicios resultantes de muchas recalificaciones fueron antológicos y mayúsculos. Añadamos a ello que, aquí en el Occidente, una de las maneras de obtener ingresos pasa por los parques eólicos y las canteras, que se instalan en la mayoría de las ocasiones no se sabe bien con qué criterios. De ahí que el mayor enemigo de los tesoros medioambientales sean, con más frecuencia de lo razonable, los propios consistorios. </p>
<p>Fíjense ustedes: en los últimos años se llevaron a cabo una serie de reconversiones en el campo que tuvieron como consecuencia la actual despoblación. Por si ello no fuese suficiente, resulta que hay quien se esfuerza por deteriorar el paisaje hasta el extremo de espantar también a los visitantes. Desde luego, no sólo se están haciendo acreedores a una estatua ecuestre sin jinete, como decía un pintoresco personaje del que habló don Valentín Andrés Álvarez en sus memorias, sino que además hemos llegado a una situación tal en la que no sólo no aportan soluciones, sino que ellos son para mayor baldón uno de nuestros grandes problemas. </p>
<p>Así pues, políticos para una crisis, que sean, primero, mínimamente resolutivos. Eso lo reivindicamos todos, sin duda, pero ¿dónde están? Siendo justos, por supuesto que hay honorabilísimas excepciones, que, como la propia expresión indica, son a todas luces insuficientes. </p>
<p>Insisto, políticos para una crisis. Y la realidad, sórdida y canalla como ella sola, lo que nos muestra no es sólo que son caros e ineficaces; es que además, sin salirnos de los ámbitos más pequeños, de los municipios en donde son, si no la principal empresa, sí de las primeras, se da la circunstancia de que, cuanto más cercanos están, mayor es su caciquismo, inversamente proporcional a su aguante con las críticas, máxime si proceden de independencias insobornables. </p>
<p>¿Puede haber mayor desafío y afrenta, desde una óptica caciquil, que una persona que ejerza la crítica con independencia y que no tenga tendida la mano esperando que ese dedo señale la decisión arbitraria tan anhelada en busca de favoritismos y enchufes? ¿Puede hablarse de una sociedad democrática cuando lo que se estila es el clientelismo? ¿Puede hablarse de un debate mínimamente democrático cuando la oposición municipal, salvo excepciones, no sale a la palestra ante el despilfarro de dinero público con fines propagandísticos, incurriendo de paso en ridículos espantosos por mor de una pedantería digna de producir el llamado mal de Flaubert? </p>
<p>Políticos para una crisis que sean la regeneración y no el problema. Políticos para una crisis que no tendremos en tanto no se haga esa reconversión pendiente, que no se está por la labor de poner en practica. Mientras tanto, privilegios inmerecidos, caciquismo y matonismo ante la crítica. </p>
<p>Aquí la rojez no sólo desapareció en las políticas, sino que además, lo que es mucho más grave, desapareció de los rostros, porque la capacidad de sonrojarse se perdió por el camino. </p>
<p>¿A qué esperamos para ir en su busca? </p>
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		<title>¿El cirujano de hierro, en horas bajas?</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Mar 2010 19:42:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>luisarias</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[Cirujano de hierro costista cuyo protagonismo en la vida pública y publicada es inconmensurable, sobre todo, a partir del momento en que decidió reabrir el sumario de los GAL. Cirujano de hierro costista que puso al felipismo contra las cuerdas, tras haber abandonado su escaño en el Congreso de los Diputados que había obtenido como [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cirujano de hierro costista cuyo protagonismo en la vida pública y publicada es inconmensurable, sobre todo, a partir del momento en que decidió reabrir el sumario de los GAL. Cirujano de hierro costista que puso al felipismo contra las cuerdas, tras haber abandonado su escaño en el Congreso de los Diputados que había obtenido como «número dos» en la lista encabezada por Felipe González. En aquel entonces, los ámbitos más conservadores lo elogiaban de continuo y, a día de hoy, son los que con mayor virulencia arremeten contra él. En aquel entonces, fue un conocido articulista y tertuliano muy próximo al felipismo quien lo empezó a llamar «el juez campeador».<span id="more-357"></span><img src="http://fotos.lne.es/fotos/noticias/318x200/2010-03-09_IMG_2010-03-02_01.43.50__3818137.jpg" alt="" /></p>
<p>Mucho han cambiado los tiempos, vive el cielo que sí. Quienes tanto lo ensalzaron lo tienen ahora en el punto de mira. Y los ámbitos que más lo denostaron son los que ahora se erigen en los principales valedores suyos.</p>
<p>Y esto podría llevarnos a pensar en primera instancia que el magistrado de la Audiencia Nacional siempre estuvo en su sitio, toda vez que su trayectoria parece avalar que sus actuaciones no siguieron siempre la misma dirección política o que, en todo caso, cosechó persecuciones mediáticas de uno y otro lado, lo que podría interpretarse como prueba de inequívoca imparcialidad.</p>
<p>Sin embargo, las cosas parecen ser más complicadas y caleidoscópicas. Por ejemplo, nunca se pudo entender del todo que en su momento hubiera aceptado sumarse al felipismo cuando el caso GAL había pasado por sus manos, y que lo reabriese después de haber salido más o menos chasqueado de su experiencia política, por mucho, como se demostró después, que motivos legales había sobrados para reabrir aquello poniendo en su sitio a responsables del terrorismo de Estado. Nunca podrá olvidarse que aceptó ir en la misma lista al Congreso de los Diputados en la que figuraba también José Barrionuevo.</p>
<p>Y, si acudimos al presente, lo que más llama la atención del momento que está viviendo este juez estrella es que se le juzgue por haber intentado llevar a cabo una investigación judicial sobre el franquismo. Paradójico parece que la misma España que le dio amparo legal a este magistrado para retener en Londres al dictador Pinochet lo procese ahora por una actuación judicial contra la dictadura que sufrimos en España durante cuatro décadas.</p>
<p>No seré yo quien me pronuncie sobre la legalidad o no del asunto, puesto que carezco de conocimientos jurídicos para manifestarme al respecto. Dicho esto, resulta en apariencia extraño que una democracia teóricamente consolidada como la española ponga reparos a que se pueda juzgar una dictadura, reparos que llevan a este juez a un proceso que, según dicen, puede llegar a inhabilitarlo. Y, en ese sentido, no me sorprende lo más mínimo que allende nuestras fronteras se considere esto una anomalía.</p>
<p>Es decir, se antoja contradictorio que el país que retuvo a Pinochet en Londres y que se ocupó de asuntos relacionados con los crímenes de la última dictadura que sufrió Argentina no pueda juzgar al franquismo, por mucho que a estas alturas fuese imposible pasar de lo testimonial, lo que no deja de tener su importancia.</p>
<p>Pero el juicio al franquismo no es el único problema al que se enfrenta el juez Garzón en la actualidad. Ahí están las actuaciones contra las escuchas del llamado «caso Gürtel», así como los honorarios que durante su estancia en Estados Unidos cobró don Baltasar.</p>
<p>En cuanto a la primera de estas cuestiones, a nadie le sorprende que los encausados y sus defensas utilicen todos los recursos legales a su alcance. Tan claro como eso es que parece fuera de toda duda que en el llamado «caso Gürtel» hubo corrupción política y que en este sentido estamos hablando también de un golpe más contra el latrocinio.</p>
<p>Sea como sea, la trayectoria de este juez estrella, más allá de las simpatías y las antipatías que concita en lo personal y en lo profesional, no sólo da cuenta de sus avatares, en más de un caso sorprendentes, sino también de lo que vino siendo la vida pública de este país desde el 93 a esta parte.</p>
<p>Y es que la Audiencia Nacional lleva más de 15 años acaparando la atención mediática, entre otras y perogrullescas razones, por los muchos delitos que se cometen por parte de personas que están en el primer plano de la vida política. Y eso no es imputable a Garzón, sino a la calamitosa vida pública de este país.</p>
<p>Quiere decirse que el problema no consiste sólo en el excesivo afán de protagonismo que pueda haber en este juez, sino en que la vida pública es la principal causante de que un día sí y otro también la corrupción política, mejor o peor instruida, sea noticia de primera plana.</p>
<p>Y es esto, precisamente, lo que propicia que personas como el juez Garzón desempeñen el papel de cirujanos de hierro que procesan a personas con la suficiente relevancia pública no sólo para abrir los telediarios, sino también para haber aumentado su duración desde la década de los noventa, aquella en la que el jefe de los guardias se marchó con el dinero y en la que el gobernador del Banco de España ingresó en prisión.</p>
<p>Con una vida pública tan ejemplar y ejemplarizante, parece inevitable que surjan cirujanos de hierro aplicando el Código Penal, aunque de paso den rienda suelta a su vedetismo, si lo tienen, como parece que es el caso.</p>
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		<title>Leyendo a José Hierro</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Feb 2010 15:13:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>luisarias</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Libros]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;Inútilmente interrogas. / Tus ojos miran al cielo. / Buscas detrás de las nubes / huellas que se llevó el viento. (José Hierro)
Nubes que eran ritmo, canto / sin final y sin comienzo, / campanas de espumas pálidas / volteando su secreto. (José Hierro)
¿De verdad hace falta un pretexto para hablar de la lectura de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;Inútilmente interrogas. / Tus ojos miran al cielo. / Buscas detrás de las nubes / huellas que se llevó el viento. (José Hierro)</p>
<p>Nubes que eran ritmo, canto / sin final y sin comienzo, / campanas de espumas pálidas / volteando su secreto. (José Hierro)</p>
<p>¿De verdad hace falta un pretexto para hablar de la lectura de un gran poeta? ¿De verdad es necesario que se cumpla una efeméride o que se produzca una noticia relacionada con el autor que aquí nos trae, para invocarlo en una tarde como ésta, con el viento azotando, con nubes que van y vienen, con resplandores que vienen y van? ¿De verdad resulta obligado relacionar al poeta y su obra con la actualidad para hacerlo comparecer aquí, a orillas del Narcea, una tarde de febrero en la que todos queremos ver anticipos primaverales?<span id="more-355"></span></p>
<p>Buscar detrás de las nubes quién sabe qué recuerdos, quién sabe qué sueños, quién sabe qué anhelos. Esperar el momento en que la ventolera empuje las nubes fuera de nuestra vista e ir tras ellas con la mirada, perdiéndolas de vista, como, si desde un andén de estación, viésemos partir el tren y, con él, a la persona que despedimos, cuyo último gesto fue, como diría Beauvoir, una ceremonia de adioses.</p>
<p>Preguntarnos de dónde vienen esas nubes que han vuelto a aparecer, y, más tarde, plantearnos la hipótesis de si alguna de ellas alcanzará a las precedentes.</p>
<p>Custodiar los naranjos y camelias que tenemos ante nosotros, observando si el viento arrancó de cuajo muchas frutas y flores, al tiempo que también nuestros ojos dan alcance a las ramas zarandeadas de mimosas cuyo colorido en el presente año tarda más de lo acostumbrado en explotar.</p>
<p>¿No es cierto que, en ocasiones, hace falta no hacerse eco de ningún episodio para que el acontecimiento sea una buena lectura que acompañe el momento de contemplación del paisaje?</p>
<p>Paisaje en tránsito. Paisaje que, como el río de Heráclito, nunca llega a repetirse del todo, pero que, al mismo tiempo, tiende a reproducirse siguiendo las pautas que marcan los ciclos.</p>
<p>Panorama que, como no podía ser de otra forma, presenta una inquietante dialéctica entre lo que se queda y lo que se ha ido. Panorama que viene a ser como una página enteramente escrita de la que de repente desaparece la tinta. Y, ante ello, parece inevitable buscar con el platónico ojo del alma esas huellas invisibles e inasibles que, sin embargo, en no pequeña parte han venido a parar a nosotros mismos.</p>
<p>Huellas que, podría decirse, se han desgajado, que parte de ellas se marchó con el viento enfurecido y que, sin embargo, la parte restante flota en ese arsenal onírico que van formando nuestros recuerdos.</p>
<p>Crecido y turbio baja el Narcea en esta turbulenta tarde. El cielo no hace más que mudarse de continuo, y las valles y montañas, con aparente sumisión, van cambiando de tono, según las idas y venidas de los resplandores y las nubes.</p>
<p>Se diría, también, que sobre sus superficies algo tuvo que quedarse a resultas de tantos y tantos movimientos. Se diría que el viento garabatea sobre todo ello párrafos ilegibles, pinceladas invisibles.</p>
<p>Versos que hablan de nubes, nubes a las que el viento no permite detenerse. Todo ello sobre estos valles y montañas en los que queremos adivinar preludios de explosiones primaverales.</p>
<p>Versos que obnubilan ese panorama, lleno de ruido y furia, al que llamamos actualidad política. Versos que se reclaman protagonistas de un momento en el que se erigen en lo más importante, en lo verdaderamente digno de mención. Páginas que reciben la luz y la oscuridad, el resplandor y la humedad de esta tarde en la que febrero se bate en retirada. Por algo se trata del mes más efímero del año.</p>
<p>Páginas de un libro que se abren bajo estos valles en los que los castaños presentan el colorido previo a la primavera, en las que los cerezos que se han colado entre ellos se preparan para florecer como elementos maravillosamente intrusos que constituyen un paso previo a floraciones más tardías.</p>
<p>Leyendo a José Hierro en tardes como ésta, en la que los recuerdos se instalan en los vaporosos altares de las nubes viajeras, recuerdos huidizos y esquivos que parecen desear irse con ellas, y no nos queda otra opción que no sea forcejear para que al menos sus huellas puedan ser atrapadas por nosotros.</p>
<p>¿Qué son las huellas de los recuerdos? ¿Acaso sus sombras? ¿Acaso las pinceladas y garabatos que plasmamos y rasgamos hacia dentro, hacia ese desván de la memoria al que visitamos en tardes como ésta guiados por unos extraordinarios versos de un poeta que en su momento creó un poemario de la fuerza y del desgarro de «Tierra sin nosotros»?</p>
<p>Y lo más estremecedor de todo es que nos negamos a que esas nubes se vayan arrastrando aquellas cosas que nuestra imaginación tuvo a bien instalar en ellas. ¿Puede haber algo más irrenunciable e imposible a un tiempo que romper una nube en pedazos con nuestros ojos?</p>
<p>Leyendo a José Hierro. No es un mal preparativo primaveral ante la tormenta de ideas y recuerdos que ubicamos en no pequeña parte en esas nubes que huyen, como la vida, como el tiempo. Como el viento. Con el viento.</p>
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		<title>Poeta del amor y de la vida (En el centenario de Miguel Hernández)</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Feb 2010 13:59:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>luisarias</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Libros]]></category>

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		<description><![CDATA[«Yo no quiero más luz que tu sombra dorada/ donde brotan anillos de una hierba sombría./ En mi sangre, fielmente por tu cuerpo abrasada, / para siempre es de noche: para siempre es de día». (Miguel Hernández)
«No me conformo, no: me desespero/ como si fuera un huracán de lava/ en el presidio de una almendra [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>«Yo no quiero más luz que tu sombra dorada/ donde brotan anillos de una hierba sombría./ En mi sangre, fielmente por tu cuerpo abrasada, / para siempre es de noche: para siempre es de día». (Miguel Hernández)</p>
<p>«No me conformo, no: me desespero/ como si fuera un huracán de lava/ en el presidio de una almendra esclava/ o en el penal colgante de un jilguero». (Miguel Hernández)</p>
<p>En este país nuestro de nunca jamás, se cumple, en el presente año, otra efeméride de primera magnitud, la de Miguel Hernández, la del poeta que terminó sus días en las cárceles franquistas. La del poeta autodidacta por excelencia que dio el siglo XX en las letras españolas, la del poeta que escribió una de las elegías más grandiosas de nuestra literatura, la del poeta cuya voz sigue viva si se trata de amor, si se trata de libertad, capaz de conmover incluso a los más insensibles.<span id="more-351"></span><img src="http://fotos.lne.es/fotos/noticias/318x200/2010-03-02_IMG_2010-02-23_02.04.05__3783507.jpg" alt="" /></p>
<p>Poeta del amor y de la vida, cuyo erotismo alcanza en determinados poemas una fuerza que, si no sobrepasa lo insuperable, sí está muy cerca de ello. Poeta del amor y de la vida, que, a fuerza de tanto amar, alcanza lo trágico sin dar posibilidad alguna a lo cursi y a lo melodramático. Poeta, ante todo, de estremecimientos.</p>
<p>Y no deja de ser desquiciante que, en un año como éste, marcado, más que por ninguna otra cosa, por una insultante mediocridad en la vida pública, se celebre el centenario de un poeta de la envergadura de Miguel Hernández. Y que hayan tenido que transcurrir más de treinta años de la supuesta democracia que gozamos para que, oficialmente, haya un compromiso de declarar nulo el juicio que en 1940 lo condenó a muerte.</p>
<p>Si precoz fue como poeta, su muerte, a los 31 años, no le impidió, sin embargo, haber escrito una obra de una calidad tan deslumbrante que le hará siempre figurar entre los grandes poetas en lengua castellana de nuestra literatura contemporánea.</p>
<p>Y, ante todo y sobre todo, más allá de los fastos que vayan a celebrarse, más allá de los reconocimientos oficiales, lo que hay que preguntarse es en qué condiciones puede recibir la España de hoy el legado de esta obra poética de primera magnitud. Miguel Hernández no es de esos poetas de los que se pueda hacer una lectura aséptica. Miguel Hernández no es de esos poetas que faciliten lecturas ñoñas.</p>
<p>Su dolor, como su amor, son de tal intensidad que, como diría Unamuno, retemblarán en las manos de sus lectores, bien sea en voz baja, bien sea en lectura pública para la ocasión como es de prever que suceda durante los muchos actos que se organizarán con ocasión de su centenario.</p>
<p>La España de 2010, que aún tiene muchos problemas pendientes con lo que es su memoria colectiva, se verá obligada a acoger y a celebrar el centenario de un poeta cuya obra no se lo pone nada fácil a todos aquellos que son decididos y entusiastas partidarios de la amnesia para con una dictadura que es responsable de la muerte de este hombre en sus cárceles, en 1942, tres años después de la victoria del bando franquista en la Guerra Civil.</p>
<p>Aquí no cabe hablar de incontrolados, aquí no cabe alegar ignorancia de lo que ocurría, aquí no es posible argumentar que aquel régimen, que decía ser la salvaguarda de la reserva espiritual de Occidente, tuviese el más mínimo resquicio de generosidad con un poeta que se había comprometido a fondo con la República, poniendo su poesía en primera línea de combate.</p>
<p>La muerte de Miguel Hernández, en las condiciones en que se produjo, es un episodio más no sólo de la historia universal de la infamia, sino también de la crueldad de un régimen totalitario que duró casi cuatro décadas, y, al que según parece, resulta muy complicado juzgar.</p>
<p>Dicho esto, no hay que perder de vista en ningún momento que es tanto el amor que hay en la poesía de Hernández, amor no sólo a la que fue su compañera, amor no sólo a su hijo en aquel inolvidable poema, sino también amor a la belleza y a la vida, que parece imposible, al evocar su vida y obra, no recordar aquel soneto de Quevedo titulado «Amor constante más allá de la muerte», que, según Dámaso Alonso, es probablemente el mejor de la poesía española.</p>
<p>En efecto, médulas que ardieron, venas que dieron fuego incandescente a tanto amor. Poemas los de Miguel Hernández que, como el amor, según Quevedo, van mucho más allá de la muerte.</p>
<p>Poeta que cantó a las explosiones primaverales, que se rebeló contra las condiciones de vida de un niño yuntero, que, ante la muerte de una persona muy querida, expresó que le dolía hasta el aliento. Poeta que volcó su amor hacia su hijo de una forma tan desgarradoramente profunda.</p>
<p>Poeta que captó la belleza del paisaje al que se asomó de niño. Poeta que transitó lo mejor de nuestra tradición lírica. Poeta al que no le fue ajena la tragedia que vivió su pueblo en la Guerra Civil. Poeta gigantesco de un tiempo y un país que asombró al mundo.</p>
<p>Poeta del amor y de la vida, cuya obra es un desquite no sólo ante las injustas y crueles circunstancias en que su muerte se produjo, sino también, y ante todo, ante la injusticia, ante la tragedia, ante todas las miserias de la vida humana.</p>
<p>Poeta del amor y de la vida cuyos clamores estarán eternamente vivos, porque toda su vida y obra cabrían bajo uno de sus títulos más conocidos, bajo un rayo que no cesa, bajo una explosión de vitalidad centelleante cuya llamarada es imposible apagar, cuya llamarada va en la antorcha que siempre estará en manos de la mejor poesía, aquella cuyo compromiso es vencer a la muerte.</p>
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		<title>De perplejidades y certezas. (Carta abierta a la Consejera de Cultura)</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Feb 2010 13:05:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>luisarias</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[«Si de algo soy rico, es de perplejidades y no de certezas». (Borges)
Doña Mercedes:
Como bien podrá suponer, en el asunto de Pepe el Ferreiro ni soy su guardián ni tampoco su abogado defensor. Pero, si nada humano me es ajeno, no puedo no sentirme interesado en un acontecimiento que afecta a Asturias en su conjunto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>«Si de algo soy rico, es de perplejidades y no de certezas». (Borges)</p>
<p>Doña Mercedes:</p>
<p>Como bien podrá suponer, en el asunto de Pepe el Ferreiro ni soy su guardián ni tampoco su abogado defensor. Pero, si nada humano me es ajeno, no puedo no sentirme interesado en un acontecimiento que afecta a Asturias en su conjunto y, en especial, al occidente de nuestra tierra. Y, a estas alturas, debo confesarle que, tras su reciente comparecencia parlamentaria, lo que me acomete, sobre todo, es una perplejidad infinita.<span id="more-349"></span></p>
<p>Usted acusa a Pepe el Ferreiro de nepotismo al haber contratado familiares para el museo. Mire, señora Álvarez, el favorecer a familiares y amigos con dinero público es uno de los mayores males de nuestra sociedad, sobre todo si hablamos de dinero público. Lo que me sorprende es que lancen esta acusación precisamente ustedes aquí y ahora. Habría que preguntarse, en primer término, cuándo se produjeron esos nombramientos. Si fueron anteriores al momento en que usted empezó a ejercer de consejera, llama la atención que ninguno de sus antecesores haya reparado en ello. Y, si a este señor se le dio potestad para contratar personal para el museo y las personas elegidas cumplían los requisitos, no estaríamos hablando de ninguna ilegalidad. No sé en verdad quién contrató a estas personas, pero me cuesta creer que tal cosa no se hubiera hecho conforme a lo legalmente estipulado. Y no puedo no preguntarme por qué cargan las tintas sobre algo así, cuando la Universidad y los llamados nombramientos de libre designación incurren de continuo en endogamias y en nepotismos. La lista al respecto es demasiado larga. Pero, claro, en esta Asturias de los chiringuitos el único Nepote es Pepe el Ferreiro. ¡No me haga reír, doña Mercedes!</p>
<p>Y, ante todo y sobre todo, señora consejera, hay algo que todos nos preguntamos. Si las supuestas irregularidades que usted denunció son ciertas, ¿las susodichas empezaron a llevarse a cabo desde que usted es consejera, o vienen de atrás? Y es que, si todo esto viene de antiguo y nadie tomó medidas, usted no sólo acusa al señor Naveiras, sino también a las personas que la precedieron en la Consejería y en ese llamado consorcio que dirigía el museo. Con lo cual, sí que tendríamos un grave problema que se venía arrastrando desde hace mucho tiempo. Porque, se da por hecho que las irregularidades de las que usted acusa no se empezaron a producir ahora, con lo cual está usted enmendando la plana a muchas personas, no sólo al señor Naveiras.</p>
<p>Se convierte usted, pues, en adalid de la legalidad y del escrupuloso respeto a las normativas que tenemos. Y, lo dicho, de todas las instituciones culturales que hay en Asturias, en el único ámbito que había que corregir y destituir lo que estaba aconteciendo era en el Museo Etnográfico de Grandas de Salime. ¿Cree usted, señora consejera, que algo así nos puede resultar creíble?</p>
<p>Y, ante las acusaciones vertidas por usted, antes de formarse un juicio al respecto, es obligado escuchar la versión del señor Naveiras, que, imagino, se defenderá. Pero, en cualquiera de los casos, se da por hecho que desde el ámbito autonómico hay recursos suficientes para que la legalidad sea cumplida sin necesidad de destituir a nadie, sobre todo, de la forma en que se ha hecho.</p>
<p>Creo que nadie se atrevería, ni siquiera usted, a negar la importancia que tiene el Museo Etnográfico de Grandas de Salime. Creo que nadie, ni siquiera usted, se atreverá a negar que el alma de ese museo fue el señor Naveiras. Creo que nadie, ni siquiera usted, se atreverá, en fin, a negar que si alguien puso en el mapa a Grandas de Salime fue Pepe el Ferreiro.</p>
<p>Y, así las cosas, doña Mercedes, se antoja desproporcionado e injusto cargar las tintas del modo que se hizo sobre este hombre. ¿Va a resultar ahora que en la vida cultural asturiana era Pepe el Ferreiro el cargo público más problemático?</p>
<p>¿Y qué me dice, en otro orden de cosas, del ensañamiento del que está siendo objeto? ¿De verdad le parece justo y proporcionado negarle la entrada al museo? ¿De qué tienen miedo ahora? ¿Acaso de que haga un expolio tras tantos años al frente de esa institución por él creada?</p>
<p>A propósito de Borges, parece ser que, refiriéndose al general Videla, dijo lo siguiente: «Es increíble que un solo hombre pueda ignorar tanto». A este respecto, señora consejera, creo que se podría extrapolar la frase diciendo que parece imposible que se pueda haber incurrido en una actuación como la que ustedes han llevado a cabo con los modos en que lo han hecho.</p>
<p>Por supuesto que Pepe el Ferreiro no se merecía ser cesado de esta forma, al tiempo que lo cubren de tanta infamia. Pero es que hay más: ni Grandas ni el occidente de Asturias se merecían tampoco un escándalo como éste.</p>
<p>¿Y qué decir, de otro lado, de ese consorcio que, por mayoría, decidió cesarlo? Lo cierto es que, con ese término, no puedo no pensar en un conocido y casi legendario grupo musical que, tras muchos años, cambió de nombre y acabó llamándose así. No sé quiénes hacen ahí el papel de Sergio y Estíbaliz, pero también se han lucido.</p>
<p>Una Asturias pluscuamperfecta en su entramado cultural, con todos sus eventos y chiringuitos. Y el único garbanzo negro en tan níveo y resplandeciente panorama era Pepe el Ferreiro.</p>
<p>¡No me haga reír!</p>
<p>¿Cómo no sentir perplejidad?</p>
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		<title>El despertar del occidente asturiano</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Feb 2010 14:14:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>luisarias</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Será posible que la destitución tan injusta como inexplicable de Pepe el Ferreiro sirva como aldabonazo para que la sociedad asturiana en su conjunto tome conciencia de lo que está sucediendo en el occidente de Asturias y sienta que esta parte de nuestro territorio es algo que a todos nos incumbe y pertenece? ¿Acaso es [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Será posible que la destitución tan injusta como inexplicable de Pepe el Ferreiro sirva como aldabonazo para que la sociedad asturiana en su conjunto tome conciencia de lo que está sucediendo en el occidente de Asturias y sienta que esta parte de nuestro territorio es algo que a todos nos incumbe y pertenece? ¿Acaso es necesario esgrimir argumentos para convencer a la ciudadanía de que el monasterio de San Salvador de Cornellana y el río Narcea, por poner dos ejemplos entre otros muchos, forman parte no irrelevante del patrimonio común? ¿Acaso se desconoce el estado en que se encuentra el río, cada vez con más vertidos y menos salmones, así como el aspecto ruinoso que presenta un monasterio cuyas partidas económicas para su rehabilitación, parece ser que aprobadas, no acaban de llegar? ¿Acaso se ignora que de unos años a esta parte las agresiones medioambientales están aquí a la orden del día? Y, lo que es más importante, ¿tan difícil es caer en la cuenta de que la defensa del patrimonio cultural y paisajístico de estas comarcas tiene que ser llevada a cabo por el conjunto de Asturias, pues de no ser así los destrozos serán tan irreversibles como irrecuperables?<span id="more-347"></span> </p>
<p>Se permiten el lujo de alarmar a todo el suroccidente de Asturias con unos planes para el Hospital de Cangas del Narcea que abren interrogantes más que serios sobre su futuro. Nadie pone freno a una invasión de parques eólicos que llevó a algún Alcalde a alzar la voz en contra. Las infraestructuras en marcha sufren retrasos continuos y, quizás, el caso más sangrante de todos es el tramo Grao-Doriga de la autovía de la Espina, cuyo enlace no sólo está sin hacer, es que ni siquiera se sabe por dónde se va a habilitar, y eso que el candidato in péctore del PSOE al Gobierno de Asturias aseguró en diciembre en Cangas del Narcea que estaría listo en abril. Se trata del tramo que evitaría la Cabruñana. Mal empieza, don Javier, con sus promesas por estos lares. </p>
<p>Me llamó mucho la atención que el actual alcalde de Grandas de Salime, uno de los principales artífices de la destitución del Ferreiro, dijese que la gente que se concentró en Grandas tras esa tremenda cacicada era en su mayor parte foránea. ¡Cráneo privilegiado el de este buen señor, que diría el personaje valleinclanesco! Pero ¿es que hace falta ser un genio para llegar a la conclusión de que el Museo Etnográfico de Grandas es patrimonio común de toda Asturias? ¡Cráneo privilegiado el de este señor, que afirmó que ningún empleado debe criticar a su empresa! Es decir, que hay alcaldes y politiquillos que piensan que son incuestionables, que no admiten la crítica y que además consideran, a lo que se ve, que los ayuntamientos no son una institución de la ciudadanía, sino su propio cortijo. ¡Toma socialismo! ¡Toma democracia! </p>
<p>Lo que acaba de hacerse contra Naveiras es atacar a alguien que plasma uno de los valores más importantes en el sentir y en el pensar de esta tierra. Se trata de ensañarse contra un ciudadano que representa lo que en estos lares se conoce como ser un Paisano con mayúscula. Y eso sí que es imperdonable, hasta para los más dóciles. </p>
<p>Tras enormes embestidas al paisaje, alguna de las cuales no culminó, como la de Salave, por la oposición ciudadana, o como las pretensiones de minas a cielo abierto en Tineo por parte de don Victorino Alonso, que fueron frenadas el año pasado por el coraje de su alcalde, culminaron sus agresiones contra el paisanaje en la persona de Pepe el Ferreiro. </p>
<p>Algo se está moviendo en el occidente de Asturias para que 128 profesores de la Universidad de Oviedo estampen su firma pidiendo la readmisión de Pepe el Ferreiro al frente del museo de Grandas. Y algo, mucho, tendrá que moverse para que el tesoro paisajístico de estas comarcas del occidente asturiano deje de estar en venta, a muy bajo precio, además, y eso que nos gobierna la izquierda plural y transformadora. </p>
<p>Esa IU que no sale del Gobierno ni con agua hirviendo, y que, sin embargo, en la persona de doña Laura González, tenga la desfachatez de fotografiarse al lado de Naveiras, aunque, eso sí, su idolatrada hija Noemí no abandone la Consejería de la que es titular. Esos Verdes, también coaligados con Areces, que no se sonrojan por lo acontecido en el valle de Carondio. Esos Verdes que apoyaron a IU en Grado, que en la pasada legislatura aprobó en la localidad Santa Marina la famosa subestación a la que sus vecinos se oponen frontalmente. </p>
<p>En el occidente de Asturias se constata que, para desgracia nuestra, no es la izquierda quien asume la defensa de sus tesoros medioambientales, ni tampoco la puesta en valor de su patrimonio artístico y cultural. En el occidente de Asturias se tiene el pleno convencimiento de que esta batalla por la dignidad que le toca librar a una población envejecida sólo podrá tener posibilidades de éxito cuando Asturias en su conjunto se vea implicada en su devenir. </p>
<p>Resulta desolador que los tesoros paisajísticos y culturales de estas comarcas tengan que defenderse no sólo sin contar con el apoyo de los políticos de la llamada izquierda de siglas, sino también en algunas ocasiones en contra de ellos. Pero, al mismo tiempo, es esperanzador ver que cada vez son más los ciudadanos e instituciones de esta tierra que están dispuestos a luchar para que estas comarcas puedan seguir sobreviviendo a muchas adversidades, entre ellas, las de no pequeña parte de sus políticos. </p>
<p>Reivindico con este artículo el clamor de que el occidente de Asturias también existe y sobrevivirá si todos lo sentimos nuestro, que lo es.</p>
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