La Asturias más paradójica

Por Luis Arias

Cuando los partidos representan comunidad de ideas y unión activa de los que pretenden llevarlas a la práctica, lo que debe procurarse no es la exaltación de un individuo, sino la armonía en el pensamiento y en la conducta de todos” (Clarín).

La derecha asturiana es goyesca. En poco más de diez años, protagonizó dos rupturas tremebundas. Primero, fue el marquesado. Después, hubo quien pasó de llamar a Cascos candidato “galáctico” a tildarlo de sexagenario acabado para la política. La derecha asturiana se comporta como una familia numerosa en la que muchos pasan sin despeinarse de las alianzas más fieles (y serviles) a las disputas más enconadas.
Tengo la impresión de que acaba de empezar el tercer acto de las escaramuzas goyescas peperas. ¿No es paradójico a más no poder que dos personas como Cherines y Rozada, cuyas trayectorias políticas están tan estrechamente vinculadas a Cascos, encabecen las listas del PP por Asturias al Congreso y al Senado?
En el verano de 2010, cuando Cascos pronunció su discurso en Valencia de don Juan, citando a Ortega, habló de “vieja y nueva política”. Y, si memoria no me falla, allí estaba Rozada apoyando con su presencia el regreso del admirador de Jovellanos a la política. Y, en el presente año, en uno de los primeros actos de apoyo a la candidatura de Cascos en Asturias en una sidrería en Gijón, doña Mercedes Fernández se dejó ver por allí. Y aquello le ocasionó las críticas de dirigentes socialistas, recordándole que su cargo institucional la obligaba a una discreción que en aquel momento no tuvo.
La Asturias más paradójica: cuando la derecha asturiana dio su segundo gran espectáculo de división interna, hubo quienes estuvieron al lado del actual Presidente de nuestra tierra hasta el momento en que rompió con su partido y fundó otro. Lo cierto es que ni Cherines ni Rozada tuvieron desde entonces gran protagonismo en el PP astur liderado en la práctica por Gabino de Lorenzo. Pero la ex delegada del Gobierno y el legendario dirigente conservador obtuvieron el plácet de Rajoy para encabezar las listas del PP asturianas a las generales.
¿Va a pelearse Cascos a partir de ahora con estas dos personas que le acompañaron durante tantos años? ¿Alguien le recordará a doña Mercedes que fue ella la manzana de la discordia para que don Francisco abandonase su militancia en Gijón y se diese de alta en Madrid? ¿Alguien tendrá bien recuperar las declaraciones de Rozada cuando definió como reuniones de chigre aquellas puestas en escena de dirigentes de PP astur presididos por Gabino de Lorenzo en las que se rechazó la candidatura de Cascos a la Presidencia de Asturias? ¿Alguien le dirá abiertamente a Cascos que, entre sus contrastadas cualidades para la política, no se encuentra el acierto a la hora de elegir a sus más fieles colaboradores, a los que terminó por criticar con dureza, cuando fue el propio don Francisco quien depositó toda su confianza en ellos?
Cuando Cascos arremete contra el bipartidismo, se carga de razón en la mayoría de los argumentos que esgrime. Pero no puede entenderse bien que eso lo haga uno de los principales responsables de que el PP fuese no sólo una alternativa de Gobierno en España y en Asturias, sino que también lo haya alcanzado. Cuando Cascos fulmina con sus críticas a un PP astur que no fue capaz como oposición de arrinconar a Areces por su nepotismo y grandonismo, por un lado, no hace más que poner de relieve algo obvio y certero. Pero tampoco puede entenderse que diga semejantes cosas cuando dejó aquí a esos dirigentes como personas de confianza que en su momento lo cubrieron de medallas y halagos.
Derecha asturiana goyesca. Ahora es el PP el que pretende restarle votos a Cascos poniendo frente a él a quienes hasta ayer mismo lo encumbraron lo indecible. El PP astur hace con sus dirigentes lo mismo que Groucho Marx con sus principios. Se diría que no se cansarán nunca de desdecirse.
Siempre nos quedará aquel ceremonial de despedida de Cascos en la Delegación de Gobierno de Asturias a cuyo frente estaba entonces Cherines. Siempre nos quedarán puestas en escena de veneración por un líder. Siempre nos quedarán recordatorios que nos llenan de perplejidad.
Foto de familia plagada de herederos con intereses que colisionan. Foto de familia que en cualquier momento monta una escena goyesca. Foto de familia de una derecha astur descabezada que sólo tuvo un patrón desde la transición a esta parte.
Y ese patrón se reinventa hablando de vieja y nueva política, arremetiendo contra el bipartidismo, mientras que la nave que abandonó (o le hicieron abandonar) va de naufragio en naufragio. Y está por ver si siempre habrá alguna embarcación dispuesta a recogerlos. Porque, miren ustedes, no sólo es cada vez mayor el número de políticos profesionales agarrados al sillón con desespero, sino que además, en el caso del PP astur, necesitan un mentor y se encuentran con que no hay otro Cascos a quien adular. Huérfanos de liderazgo van buscando un discurso que no tienen.
Derecha astur goyesca a la que le falta un pastor que consuele y marque el rumbo a tantas almas que penan afligidas tras tanta pelea. Dos facciones. Una de ellas sin cabeza en espera de su redentor y faro.
El espectáculo (goyesco) está servido.

Categoría: Opinión Comentarios(1) Octubre 2011

1 Respuesta a “La Asturias más paradójica”

  1. José Alba Says:

    ¡Qué diferencia entre ésto y las casi viejas historias de la transición! Me contó David Rivas, y lo confirmé con Velarde, una situación que dice mucho de la voluntad de diálogo: Ramón Tamames tuvo la osadía de invitar a cenar a su casa a dos personas relevantes que no se conocían, se trataba de Juan Velarde y Santiago Carrillo, cuando andaba con peluca. Como no les había avisado de la “trampa”, los presentó con dudas sobre lo que podría pasar. Uno de ellos dijo “yo soy de tal concejo” y el otro respondió de igual forma. Habían encontrado en único nexo. A partir de ahí, discurrió la cena como si se conocieran de toda la vida, para gran sorpresa de Ramón Tamames (quien sobrevalora la identidad que nos confiere a los asturianos ser de un concejo). A ver si alguien toma nota.

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